Que le quiten la visa y le congelen sus haberes a Rondón produce titulares en las portadas de los diarios dominicanos y le roba las primeras páginas a la resolución de la crisis institucional que enfrentaba el Congreso limeño la noche del jueves 22 de diciembre pasado. Si los brasileños encausaron a su presidenta por la comisión de una falta burocrática “nimia” (el maquillaje” de los presupuestos ejecutados del Gobierno Federal) y se le apartó para juzgarla en un periodo de seis meses; los peruanos, por su parte, dispusieron juzgar a su presidente Pedro Pablo Kuczynski (a) PPK, en una semana para juzgarlo en un día. La acusación se basaba en la confesión  de los jerarcas de Odebrecht, de que PPK era la “piedra en el zapato” cuando era primer ministro en el gobierno de Toledo, y al salir del gobierno, se contrató su consultora en una encomienda comercial, sin relación  alguna a cohecho o soborno y en cuestión de una votación de un día se le juzga por “daño moral permanente”.

Recojamos los actores: El Presidente PPK, cuya fuerza parlamentaria es de solo 18 de un total de 130 representantes en un congreso unicameral; la Fuerza Popular, del fujimorismo, liderados por Keiko Fujimori, la candidata derrotada por PPK en la segunda vuelta en las elecciones del 2016, que con la mayoría y el control parlamentario de 71 representantes (luego que renunciaran 2 de las 73 que sacó electas), lanzó la moción de vacancia. El resto de representantes eran de la izquierda que se decantaron por la ausencia y no votar por la vacancia. ¿Quién salvó a PPK?

Por la regla de los dos tercios, la moción de vacancia requería 87 votos, pero solo consiguió 79. Hubo 19 votos en contra (los del bloque de PKK más uno) y 21 abstenciones.  La clave está en 10 votos fujimoristas liderados por Kenji, el hermano menor de Keiko que antes había tuiteado su voto abstencionista en plural, que resultó en la decena y los de la izquierda de Verónika Mendoza (los reprimidos en el gobierno fujimorista).

PPK ideó un último movimiento de ajedrez. Les hizo prometer al vicepresidente Martin Vizcarra Cornejo y la otra vicepresidenta, Mercedes Araoz Fernández, que dimitirían si lo echaban a él. El poder recaería entonces en el presidente del Congreso, Luis Galarreta, un hombre de Fujimori. PPK ponía así a los antifujimoristas -las dos bancadas de izquierda, el Frente Amplio y Nuevo Perú de Verónika Mendoza, y a algunos parlamentarios de centro- ante la tesitura de que si lo echaban a él entregaban el poder al grupo del autócrata que gobernó Perú entre 1990 y 2000, dio un autogolpe en 1992 y aún está en la cárcel por corrupción.

Si una semana atrás, 93 votos presentaron la moción de censura, ¿Cómo terminó debilitándose este bloque opositor? Nadie tiene la respuesta. Lo menos que se puede especular es que PPK no ha negociado con los diez del bloque de Kenji, ni con los votos de la izquierda de Verónika Mendoza. Entonces, el berenjenal se ha complicado para la gobernanza del Perú. PPK sigue por autogol en la misma portería, pero no sabemos quién lo hizo.

Para los lectores empedernidos, la tesis de Carlos Alberto Adrianzen para conocer el gobierno de Alberto Fujimori, disponible en el siguiente enlace:

http://tesis.pucp.edu.pe/repositorio/bitstream/handle/123456789/5830/ADRIANZEN_GARCIA-BEDOYA_CARLOS_ALBERTO_IZQUIERDA.pdf?sequence=1