Casi todos los dominicanos se acuerdan del libro tan impactante bajo el título de “La isla al revés”, que publicó hace ya varias décadas el presidente de entonces, Joaquín Balaguer. Muchos años después, ese título sigue más vigente que nunca para tratar de explicar lo que no se puede comprender de tantas cosas que suceden y que resultan difíciles de asimilar, puesto que retan y vencen a cualquier razonamiento medianamente inteligente. Veamos por qué.

Se supone que lo correcto cuando se hace una operación policial u oficial contra quienes delinquen o no observan las leyes o las normas reguladoras, es contar con el factor sorpresa para así poder coger a los infractores con las manos en la masa y aplicarles las sanciones correspondientes.

Pues bien, aquí en nuestro pedazo de isla ocurre al revés, primero se anuncia con bombos y platillos, se dan toda clase de explicaciones de lo que se va a hacer, y luego se inician los operativos para cumplir con aquello de guerra avisada no mata soldado, y si lo mata, le está bien empleado, por tonto y atontado.

En todos los países civilizados se evitan las posibles distracciones para que los conductores no pierdan el control de sus vehículos y puedan disminuir en parte los accidentes de tránsito, y en muchos de ellos hasta se han suprimido las vallas publicitarias de todo tipo en las carreteras, ya sean principales o secundarias.

Pues miren ustedes por dónde, aquí también lo hacemos al revés, cuando usted va a pasar por debajo de un puente, o entrar en un túnel de los elevados, por ejemplo, se topa de frente con unos grandes anuncios que los cruzan de lado a lado enviando mensajes comerciales u oficiales, y ahora, gracias a la tecnología, hasta en vistosos colores y con movimientos bien animados para que distraigan aún más su atención. Después, nos asombramos de ser el segundo país en fallecidos por accidentes. No podemos negar que nuestras autoridades se esfuerzan al máximo por ocupar el primer lugar.

En los países donde la política ya está más desgastada y obsoleta que los zapatos de un peregrino pobre, como aquí sucede desde hace mucho, se buscan talentos nuevos, jóvenes, que aporten ideas frescas y energía para hacer más eficiente las labores de los Gobiernos.

Pues aquí sucede al revés, se postulan los políticos de siempre, viejos y más explotados que un cohete de Año Nuevo, y uno de ellos, a cuatro años de ser octogenario, hasta afirma con énfasis que será el próximo presidente de la República. Así estamos, con un Estado lleno de barrilitos y prebendas, todavía anclado en tantos aspectos en la pura edad media.

Hay una tendencia mundial que aboga por la conservación del medio ambiente y la disminución de la contaminación de la atmósfera. Los máximos expertos mundiales en la materia recomiendan abandonar el carbón para combustible por su alta contaminación y utilizar otros más limpios, baratos y eficientes, el gas, por ejemplo.

Pues de nuevo, aquí lo hacemos al revés, se escoge el carbón para la planta de Punta Catalina y tan campantes. Que intoxiquemos más el aire es la mejor opción para nosotros y nuestros hijos, total, igual hay que morirse.

Se supone que la promoción de emprendedores, muy necesaria para el progreso, lo hagan los organismos públicos que tienen que ver más directamente con el asunto, los ministerios o direcciones de Fomento, de Economía, de Comercio, de las Exportaciones e inversiones, los encargados de la Competitividad, los bancos del Estado, y otros organismos oficiales por el estilo.

De nuevo, aquí se hace al revés, es un Ayuntamiento que destina un buen puñadito de millones para esos fines, en lugar de utilizarlos para mejorar muchos aspectos de la ciudad que aún no se han solucionado debidamente, como la limpieza de las calles, el mantenimiento de  parques y áreas recreativas, desratización de solares y zonas baldías, iluminación, y tantas otras.

Parece que estamos en las antípodas de la lógica, de lo normal, de lo correcto, y debido a ello el poco cerebro que nos queda se traslada y se asienta en los pies, y claro, pensamos desde las extremidades inferiores. Por eso tenemos razonamientos extremos y muy inferiores.