Junto con el concepto de ventilación natural – con todo lo que supone para el ahorro energético/económico y confort del usuario- está el tema de la iluminación natural. Estos dos aspectos, son fundamentales dentro de los planteamientos de la arquitectura sostenible.

Las ventajas y beneficios de este tipo de iluminación, pueden ser muy significativos no sólo en cuanto al ahorro energético y la reducción de la factura eléctrica, sino también en cuanto al confort del ambiente luminoso interior. Es decir, que la iluminación natural se debe considerar favorablemente desde dos puntos de vista.  El primero punto de vista es el energético, ya que supone un ahorro económico y cierta independencia – diurna- de la iluminación artificial, con el consiguiente beneficio para el medio ambiente. El segundo punto de vista, tiene que ver con la comodidad derivada de la buena iluminación, vinculada directamente al diseño y a la concepción arquitectónica de los espacios.

Debemos valorar el tema de la luz natural en términos cuantitativos, por lo del ahorro y   la reducción de emisiones de GEI (Gases de efecto invernadero), derivadas de este ahorro;  y en términos cualitativos por la mejor calidad lumínica que se puede obtener para los ambientes donde desarrollamos nuestras vidas.

Le Corbusier, el gran maestro de la arquitectura moderna, nos decía que La arquitectura es el juego de los volúmenes bajo la luz, y es por la luz, que se puede apreciar en su justa dimensión la arquitectura. La luz natural que entra al interior de los espacios, nos llega desde fuera a través de las ventanas, puertas, huecos y acristalamientos dispuestos en la piel del edificio, bañando de matices distintos y de registros luminosos, las superficies, los volúmenes y sus texturas, modelando los espacios al aportar dinamismo en cuanto a intensidad y cromatismo.

Un espacio bien iluminado siempre es agradable al ojo humano, pero bien iluminado implica proporcionar la luz correcta según las características propias de dicho espacio. El tipo y/o nivel de iluminación depende de si es un ambiente interior o exterior, un lugar de descanso o de estudio, de actividad laboral o de ocio. Por ejemplo en el caso de una biblioteca o una sala de lectura, una iluminación natural es determinante para la salud psíquica y visual del usuario. En este caso concreto, una orientación oeste, no es para nada recomendable, dado que por la mañana el nivel de iluminación es mínimo y en la tarde el deslumbramiento por los rayos del poniente -paralelos a la horizontal- dificulta la cómoda lectura; por no mencionar el sobrecalentamiento en este lado del edificio. Para esta clase de espacio, una orientación norte es la más adecuada, por el tipo de la luz difusa y tranquila que durante todo el día se puede disfrutar. En el caso de una sala-estar o un espacio de actividad,  la orientación sur suele ser mejor por el nivel de claridad y potencia que ofrece. Por otro lado, las orientaciones este y sureste ofrecen unos niveles de iluminación adecuados para dormitorios y áreas de descanso. Los Baños, cocinas y cuartos húmedos estarán mejor ubicados hacia el oeste.

Naturalmente, cualquiera que sea la orientación (excepto al norte), o cualquiera que sea el espacio a iluminar, los huecos deben ser convenientemente ubicados, dimensionados y protegidos, para evitar una entrada excesiva de luz o un sobrecalentamiento interior por la incidencia del sol en los planos horizontales y verticales.

Existen tres criterios a tomar en cuenta en el momento de diseñar un espacio contando con la luz natural, que son: a) alcanzar un nivel de iluminación adecuado a la actividad, combinado con el ahorro energético; b) evitar reflejos y deslumbramientos; y

c) plantear una relación entre los ambientes interiores y exteriores.

En sentido general, tomar también como premisa de diseño el aprovechamiento de las horas  de luz natural, debe ser la constante en la práctica profesional. Desde luego, la iluminación natural no suplirá por completo la demanda en todos los espacios interiores, ya sea por la hora del día o por lo retirado que esté el espacio de los accesos de luz. Para solucionar en parte esta última dificultad, existen técnicas y métodos de captación, como son la implementación de superficies reflectantes  y los conductos de luz que la llevan a las zonas menos iluminadas. En edificios ya construidos y ocupados, el usuario tendrá la opción de colocar, este tipo de superficies para conseguir el efecto deseado con mayor o menor dificultad. Lo que está claro, es que siempre será mejor contar con la iluminación natural como primera solución, y  sólo cuando haga falta encender las bombillas.

En lugares donde el servicio energético es caro y precario, como es el caso de nuestro país, el ahorro eléctrico se hace imprescindible; independientemente de que sean las compañías generadoras, distribuidoras, y el estado, quienes tengan que garantizar el  suministro adecuadamente.

De momento como proyectistas y como usuarios, procurar una buena iluminación natural, acorde con la naturaleza de cada espacio, y poder apagar la luz durante el día como medida infalible de ahorro, sería de beneficio para nuestra economía particular, y  sobre todo, contribuiría – además- a preservar el medio ambiente, que es la garantía para preservar la raza humana.