En la historia de la humanidad, animales como la rata, el murciélago y el pangolín han sido el origen de virus letales que han provocado el fallecimiento de millones de individuos. La definición de zoonosis como enfermedad infecciosa propia de los animales, que se trasmite al ser humano, no es una enfermedad inventada en un laboratorio, no es un cibervirus sintético (cibermundo) es un virus propio de la naturaleza (mundo).

Muestra de ello la encontramos en la peste bubónica, proveniente de China, que se expandió hace 1500 años por la costa Hispania, a través de los puertos, que en esa época eran los puntos de llegada de los pasajeros que estaban infectados de dicha peste. Esta enfermedad se propagó por la picadura de pulgas infectadas que habitan en las ratas y en otros animales infectados. 

De acuerdo a una investigación de la Universidad de Barcelona, este acontecimiento se extendió por todo el imperio bizantino, en los tiempos del emperador Justiniano, de ahí que se le puso el nombre de: La plaga de Justiniano. Según Jordina Sales Carbonell, investigadora de dicha Universidad, la peste bubónica tiene algunos puntos comunes con el coronavirus, en cuanto a que todos los habitantes permanecían confinados en sus casas para evitar contagios y que, para el cumplimiento de esa medida, el ejército vigilaba las calles; producto de esto, la economía se paralizó y miles fallecieron. (El País, 10 de abril, 2020)

Estos animales y virus (zoonosis) no pueden ser evaluados dentro de una ética, porque son amorales, no tienen lenguaje ni conciencia. Contrario a los virus informáticos, que su función consiste en cambiar el código de arranque del disco por una versión propia del virus, que excluye la original y la envía para otra parte del disco. Los virus cibernéticos son inventados por el Jaquer cibernéticos (1), que es el sujeto cibernético que se mueve con diferentes estrategias en el cibermundo. Se puede evaluar en el plano político, social y moral al sujeto que produjo tal ataque a determinado sistema informático.

Algunos pensadores llegaron a decir que los virus informáticos supuestamente cambiarían el rumbo de la humanidad como consecuencia del bloqueo total del sistema de información digital. Hoy, tal teoría no se ha dado, aunque no se descarta que en un futuro no pueda formar parte de un escenario de ciberguerra, tanto el cibervirus informático como el sintético. Ambos, son invenciones humanas, por lo que su apuesta entra en la ciberpsicopolítica como política de control virtual de las mentes de los sujetos que viven en el cibermundo.     

Siempre que he analizado el funcionamiento del virus informático, lo he hecho sobre una analogía con el virus biológico. En el primer año del siglo XXI, llegué a decir que la capacidad de los virus cibernéticos, “es su auto reproducción, de ser capaces de alojarse a sí mismos en otros programas, distintos al que los portaban. Este proceso de copiarse en un lugar diferente de su original procedencia se le ha nombrado técnicamente como infección viral, ya que se asemejan a los virus biológicos. Estos últimos usan células para poder replicarse y los informáticos usan archivos para la misma función” (Merejo,2000;2012, pp.280-288).

Un virus cibernético, en el marco de una guerra cibernética o ciberguerra, puede llegar a destruir todo el sistema de telecomunicaciones, financieros, de control de tráfico aéreo y desactivar el funcionamiento normal del sector público y privado de un país, como son las presas de agua, trenes, sistemas energéticos y de salud.

En esa época, los efectos de los virus informáticos o cibervirus al sistema computacional del sector público y privado llegan a dejar pérdidas en 24 horas de miles de millones de dólares, como el caso del virus I love you (yo te amo) un virus gusano que, en mayo del 2000, infectó más de 50 millones de computadoras, cuando apenas el cibermundo se expandía.

De ahí, que la ciberseguridad cobró una importancia fundamental, ante la amenaza de un ciberataque que pudiera paralizar el mundo cibernético. La política de inversión en ciberseguridad en fibra óptica logró menguar la incertidumbre ante tales amenazas. Lo que nunca sucedió en este siglo XXI, con el virus de evolución natural del mundo, en la que un virus como COVID-19 ha dejado al desnudo el descalabro del sistema sanitario y una profunda recesión económica que va camino a una depresión, ya que va dejando varados y recluidos en un océano de incertidumbre a los que estamos vivos.

Al parecer, tendremos que convivir unos meses con este virus, ya, que no se sabe cuándo parará dicha catástrofe, dado que la comunidad científica dice que la vacuna se tarda un año como mínimo (China, lleva la delantera, desde finales de 2019, indaga sobre dicha vacuna), lo cual, en el esquema tecnocientífico es un triunfo ya que lo normal es que una vacuna dure 5 años, como mínimo, para su aplicación. Como van las cosas, tendremos varias vacunas, producidas por los países del Primer Mundo (Alemania, Estados Unidos, Oxford…) para el mismo virus. Hasta entonces, el gran dilema es cómo se va a vivir y resistir estos meses en el mundo.

Hoy vemos que la humanidad ha olvidado las amenazas globales de los virus informáticos y se ha dado cuenta de los virus biológicos, provenientes de animales, son los que siempre han causado la mayor amenaza. Filósofos, sociológicos, artistas, novelistas, historiadores han narrado las grandes pestes en el mundo, como el caso de Michel Foucault, en su texto “Vigilar y Castigar” (1981), quien hace una relación entre el Panoptismo de Bentham y el reglamento sobre la Peste, que se adoptaba a fines del siglo XVIII.  De acuerdo a Foucault, mientras duraba la cuarentena, el espacio se encontraba “recortado, inmóvil, petrificado” y si las personas se movían, arriesgaban sus vidas o eran objeto de castigo. Según este filosofo del poder, la peste implica la exclusión, el encierro y todo un esquema disciplinario, lo cual entra en lo biopolítico: “La ciudad apestada, toda ella atravesada de jerarquía, de vigilancia, de inspección, de escritura, la ciudad inmovilizada en el funcionamiento de un poder extensivo que se ejerce de manera distinta sobre todo los cuerpos individuales” (pp,199-202).   

Hay intelectuales que parten del esquema de poder foucaultiano, para explicar que en la pandemia del COVID-19, los gobiernos del mundo, quieren mantenernos encerrados, controlados y disciplinados ((biopoder),  en nuestro hogar, lo que es un absurdo ya que al cibermundo le interesa controlar la mente, no los cuerpos (ciberpsicopolítica) estos les salen muy costosos como ahora, con la pandemia, la cual está ocasionando a la humanidad una debacle económica y social sin precedentes;  esto es, sin contar los millares de muertos, lesionados para toda una vida, los angustiados y los que vivirán por mucho tiempo  presa del pánico, de la depresión,  el dolor  y el miedo, sin ningún motivo, exceptuando el que vivieron con la pandemia, entre otros traumas psicológicos, sin dejar a un lado el drama de la claustrofobia y de la violencia familiar.

Filósofos y pensadores  han tenido la creencia  de que el cibermundo es un conjunto de simples recursos tecnológicos digitales, pero con el COVID-19 se han dado cuenta de que el mundo virtual como sistema cibernético, ha contribuido a la movilización de la humanidad, en una interacción virtual a una velocidad de intensidad vertiginosa, mientras que el mundo real se encuentra inmovilizado, reducido a emergencia primaria como es el desplazarse para buscar alimentación o visitar el sistema sanitario. 

En “The New York Times” (2020), en un interesante trabajo explica como la biología y no la tecnología está acelerando el cibermundo ante el COVID-19, el cual no se puede pensar como un hecho, sino como acontecimiento transido, perplejo y de ruptura con el curso histórico y social de la vida:

“En La estructura de las revoluciones científicas, el filósofo de la ciencia Thomas S. Kuhn afirmó que las crisis son prerrequisitos de las revoluciones y distinguió entre el cambio acumulativo y el revolucionario. Nunca antes en la historia de la humanidad había ocurrido una pandemia de contagio tan vertiginoso. Es probable que la acumulación exponencial de conocimiento complejo durante estos meses en los campos de la biotecnología, la informática, la robótica, la estadística, la ingeniería de sistemas o de datos complete en un tiempo récord la revolución tecnológica que ya estábamos viviendo” (Jorge Carrión, 29 de marzo).

Cuando salgamos de esta pandemia, el cibermundo se reconfigurará aún más sobre el control virtual y en redes de dispositivos digitales más sofisticados (ciberpsicopolítica), tal como está sucediendo en los países asiáticos, con China a la cabeza. Estos controles virtuales se profundizarán aún más en los países europeos y en los Estados Unidos, lo que no significa necesariamente que estos países se conviertan en regímenes no democráticos como China o Corea del Norte.

1. El término hacker ha sido traducido al español por la Real Academia Española de la lengua, como Jaquer, y su derivado jaqueactivismo, en vez de hacktivismo, para referirse al mismo sujeto cibernético capaz de alterar o apropiarse de información o crear virus en el cibermundo, (En varios trabajos inéditos me refiero a dicho cambio) inéditos).