Arquitectos, escultores, diseñadores y reproductores de objetos, crearon también un modo de producción imaginario en un tiempo de formas creadas por la mano, el ojo y la intuición fundadora y comunicadora de artistas y arquitectos tal y como lo informó Vasario en su ya conocida obra titulada Vida de los más ilustres artistas. Este tipo de trabajo historiográfico sobre artistas y obras se estimaba en un contexto de ideas y archivos a partir de una escritura donde cobraban valor los materiales, instrumentos, técnicas y modelos a reproducir por el artista en un medio cultural e histórico determinado por sus valores, ejecutorias y gestos intelectuales.

Las ciudades antiguas y clásicas se construyeron en espacios de producción y elaboración de imágenes realistas, simbólicas, representativas, icónico-visionarias y otras que podemos reconocer y destacar en el marco de la antigüedad, la cristiandad oriental y occidental, la latinidad y con ella la romanidad, donde se hace visible el surgimiento de una iconografía pagana, cristiana, una iconografía oriental y occidental, donde las imágenes eran mayormente religiosas, en Babilonia, Asiria, el Egipto faraónico, la India y otros espacios urbanos y rurales que habían creado un intercambio económico y artístico donde se concentraban poblaciones marginales y dominantes. La representación de valores alegóricos, simbólicos, visuales y culturales propios de una cultura de las imágenes reales y artísticas, inciden en la productividad de artistas comprometidos con una determinada concepción de la obra y el pensamiento de la misma.

Como ya hemos visto, la reproducción de las imágenes fue un proceso de creación que involucró materiales, formas y técnicas especiales para llevar a cabo toda una visión de las relaciones sociales de valoración y producción.

De ahí que la figura, el espacio y el tiempo histórico, así como la razón existente para el intercambio entre los sujetos de las imágenes, crearon un vínculo, entre los objetos artísticos y culturales de un proceso mimético y poiético, ambos basados en la visión del modelo y el tipo en cuyo orden figural podemos encontrar huellas, temas, motivos, formas simbólicas, visiones estéticas, campos temáticos de trabajo y direcciones artístico-culturales.

De ahí la importancia de los diferentes talleres especiales donde los artistas, artesanos o simplemente reproductores, crearon modos de aplicación de técnicas manuales, lenguajes de producción, lenguajes de comunicación y lenguaje de significación, orientados a un proceso y un tiempo donde las fuerzas productivas de la cultura y la sociedad se han ido desarrollando paulatinamente.

Es la historia del trabajo humano la que permite la producción artística significativa y significante, como parte de un modo de imaginar y crear en condiciones específicas de productividad y valor, donde el hombre-artista reproduce o crea formas mediante los lenguajes del arte y la cultura.

A todo lo largo de los estudios culturales y artísticos, los elementos que condicionan las relaciones visuales obedecen a criterios de invención de imágenes y trazados de producción y reproductividad, llevados a cabo por sujetos artísticos creadores y receptores.

Esto obedece a un impulso “hacedor” o imaginante de formas sociales y culturales que, sobre todo, concentra y “visualiza” un determinado tiempo, espacio y lenguaje de creación.

El criterio que argumenta, representa o resignifica la visión de un artista o un inventor de formas modélicas que conforma un determinado mundo de imágenes reales o sociales. Todo argumento o producto artístico, revela detalles o elementos de un fragmento histórico a través de una realidad de la creación artística emblemática.

La periodización y la reproducción de formas, objetos y especies creacionales son reconocidas en un determinado tiempo real o imaginario que está sujeto a cambios periódicos y miradas gestacionales, pero que también obedecen a una cultura de la imagen determinada mediante su valor, visión y cosmovisión histórico-artística, tanto en el arte helénico, así como en el arte cristiano de Oriente y Occidente, el arte en la era del Humanismo o el arte del Renacimiento y las diferentes modernidades. Estas tendencias constituyen formas simbólicas, expresiones propias de diversas concepciones que obedecen a una cultura de las imágenes y sus conformaciones de sentido en el orden visible de la creación y la interpretación.

Todo lo que necesita producir y conocer el sujeto de la creación individual a partir de un tipo de productividad humanizada en una historia cultural, produce las razones y argumentos que justifican diversos modos de intuir, comunicar, significar o construir universos estéticos e inteligibles. Esto, indudablemente, ocurre en un determinando espacio sociocultural, donde pueden surgir variantes que forman parte de la percepción del oficio de dibujante, pintor, escultor, arquitecto a la luz del oficio cultural y técnico, definido y explicado en una determinada travesía cultural (africana, griega, balcánica, esclava, cristiana, bizantina, y otras).

Explicar las imágenes en base a la materia histórica o cultural, implica que tanto el artista, historiador así como el espectador, apelan a un referente y a un marco artístico y cultural, de tal manera que los elementos que sobresalen en dichas imágenes visuales se relacionan entre sí y se visualizan como conjunto estético- visual y creacional. Todo lo cual dará lugar a una explicación analítica, sintética, conceptual, comunicativa, perceptiva y artística. El posicionamiento que explica las imágenes visuales, recurre a los diferentes modos de ver que han surgido de la historia misma del arte y la cultura, cuando el producto y la productividad dialogan entre sí en el lugar mismo de la representación visual.