CINCUENTA DÍAS después, la guerra ha terminado. Aleluya.

En el lado israelí: 71 muertos, entre ellos 66 soldados y un niño.

Del lado palestino: 2,143 muertos, 577 de ellos niños, 263 mujeres, 102 ancianos. 11,230 heridos. 10,800 edificios destruidos. 8,000 parcialmente destruidos. Alrededor de 40.000 viviendas dañadas. Entre los edificios dañados: 277 escuelas, 10 hospitales, 70 mezquitas, iglesias 2. Además, 12 manifestantes en Cisjordania, la mayoría niños, que fueron fusilados.

Entonces, ¿para qué fue todo esto?

La respuesta honesta es: para nada.

Ninguna de las partes la quería. Ninguna de las partes lo empezó. Sencillamente, pasó.

RECAPITULEMOS LOS hechos, antes de que se olviden.

Dos jóvenes árabes secuestraron a tres estudiantes religiosos israelíes jóvenes cerca de la ciudad cisjordana de Hebrón. Los secuestradores pertenecían al movimiento Hamás, pero actuaron por su cuenta. Su propósito era intercambiar sus cautivos por prisioneros palestinos. Liberar prisioneros es ahora la más alta ambición de todo militante palestino.

Los secuestradores eran aficionados, y su plan se retorció desde el principio. Entraron en pánico cuando un estudiante utilizó su teléfono móvil y entonces les dispararon a los rehenes. Todo Israel se enardeció. Aún no se ha encontrado a los secuestradores.

Las fuerzas de seguridad israelíes aprovecharon la oportunidad para implementar un plan ya preparado. Todos los activistas de Hamás conocidos en Cisjordania fueron arrestados, así como todos los expresos que fueron puestos en libertad como parte del acuerdo para liberar al rehén israelí Gilad Shalit. Para Hamás esto fue violar un acuerdo.

El liderazgo de Hamás en la Franja de Gaza no podía guardar silencio mientras sus camaradas en Cisjordania estaban siendo encarcelados. Y reaccionó con el lanzamiento de cohetes contra ciudades y pueblos israelíes.

El gobierno israelí tampoco podía guardar silencio mientras sus pueblos y aldeas fueran bombardeados. Respondió con un fuerte bombardeo de la Franja de Gaza desde el aire.

A partir de ahí, sólo fue un festival interminable de muerte y destrucción. La guerra estaba clamando por un propósito.

Luego, Hamás hizo algo que fue, en mi opinión, un error cardinal. Utilizó algunos de los túneles clandestinos que había construido por debajo de la valla fronteriza para atacar objetivos israelíes. Los israelíes pronto se dieron cuenta de este peligro que el ejército había subestimado. La guerra sin sentido adquirió un propósito: Se convirtió en la guerra contra el “terrorismo en los túneles".

La infantería fue enviada a la Franja de Gaza para buscar y destruir.

Ochenta mil soldados entraron en Gaza. Después de destruir todos los túneles conocidos, no tenían nada que hacer excepto merodear y actuar como blancos.

El paso lógico siguiente hubiera sido avanzar y conquistar toda la Franja de Gaza, unos 45 kilómetros de largo y un promedio de 6 km de ancho, con 1.8 millones de habitantes. Cuatro veces más grande que la isla de Manhattan con aproximadamente la misma población.

Pero el ejército israelí detestaba la idea de conquistar la Franja por tercera vez (después de 1956 y 1967). La última vez que se marcharon, los soldados cantaban “Adiós Gaza, ¡no volveré a verte!” Los pronósticos de bajas militares fueron altos, muchas más de lo que la sociedad israelí está dispuesto a sufrir, a pesar de toda la hipérbole patriótica.

La guerra se deterioró en una orgía de muerte y destrucción, con ambas partes “bailando en la sangre”, bendiciendo cada bomba y misil, completamente ajeno a los sufrimientos causados ​​a los seres humanos por el otro lado. Y aún sin ningún objetivo realizable.

SI CLAUSEWITZ tenía razón en que la guerra no es sino una continuación de la política por otros medios, entonces toda guerra debe tener un objetivo político claro.

Para Hamás, el objetivo era claro y simple: levantar el bloqueo de Gaza.

Para Israel no había ninguno. Benjamín Netanyahu definió su objetivo como “"calma a cambio de calma”. Pero tuvimos eso antes de que todo empezara.

Algunos de sus colegas de gabinete exigieron “ir hasta el final” y ocupar toda la franja. El mando del ejército se opuso, y uno no puede llevar una guerra en contra de los deseos del mando del ejército. Así que todo el mundo se puso a “esperar a Godot”.

¿Qué produjo el acuerdo de alto al fuego definitivo?

Ambos bandos estaban agotados. En el lado israelí, la gota que colmó el vaso fue la difícil situación de los asentamientos alrededor de la Franja de Gaza, llamado el “envoltorio de Gaza”*. Bajo el bombardeo incesante de cohetes de corto alcance y ‒aun peor‒ los proyectiles de mortero que no cuestan casi nada, los habitantes, en su mayoría miembros del kibutz, empezaron a moverse tranquilamente hacia regiones más seguras.

Eso era casi un sacrilegio. Uno de los mitos fundadores de Israel era que en la guerra de 1948, en la que nació el Estado, los habitantes árabes y la gente del pueblo huyeron cuando les dispararon, mientras nuestros asentamientos permanecieron firmes incluso en medio del infierno.

Eso no fue del todo así. Varios kibutz fueron evacuados por orden del ejército cuando su defensa se hizo imposible. En varios otros, las mujeres y los niños fueron enviados lejos, mientras que los hombres recibieron la orden de quedarse y luchar con los soldados. Pero, en general, los asentamientos israelíes se mantuvieron firmes y lucharon.

Pero 1948 fue una guerra étnica por el territorio. La tierra evacuada se perdió para siempre (o al menos hasta la guerra siguiente). Esta vez, todo el razonamiento era diferente.

LA VIDA en el “envoltorio” se hizo imposible. Las sirenas sonaban varias veces en una hora, y todo el mundo tenía 15 segundos para encontrar refugio. El llamado a la evacuación se hacía abiertamente y en voz alta. Cientos de familias se marcharon. El mito fue abandonado y el gobierno se vio obligado a organizar un movimiento de masas. Eso no parecía una victoria.

La parte palestina se sometió a una prueba terrible. Alrededor de 400 mil personas tuvieron que abandonar sus hogares. Familias enteras se refugiaron en los edificios de la ONU, varias familias en una habitación o en un rincón del patio, sin electricidad y con muy poca agua, las madres con 6, 7 u 8 hijos.

 

(Imagínese lo que eso significa: Una familia, pobre o rica, tiene que salir de su casa en cuestión de minutos, sin poder tomar nada, ni ropa, ni dinero, sin álbumes de familia; es sólo reunir a los niños y correr, mientras que detrás de ellos la casa se viene abajo. El trabajo de toda una vida y los recuerdos destruidos en cuestión de segundos. Los jóvenes se habían marchado hacía tiempo, vivían en túneles subterráneos secretos, preparándose para la batalla decisiva.

Es casi un milagro que en estas condiciones, el gobierno y la estructura de mando de Hamás funcionara. Las órdenes pasaron de los líderes ocultos a las células ocultas, mantuvieron contactos con los líderes en el extranjero y entre diferentes organizaciones, mientras aviones espía sobrevolaban la zona y mataban a cualquier líder civil o comandante que diera la cara.

Después de la acción de matar al comandante en jefe militar de Hamás, Mohammad Deif (que si tuvo éxito o no, no lo sabemos), Hamás comenzó a matar a los informantes, sin los cuales este tipo de acciones son imposibles. (En mis días como un terrorista menor, hicimos lo mismo.)

Pero con todo y su notable ingenio, Hamás no podría durar por siempre. Sus grandes reservas de cohetes y proyectiles de mortero se estaban agotando. Y también necesitaba un fin.

¿El resultado? Es evidente que hay un empate. Pero, como he dicho antes, si una organización de resistencia pequeña logra un empate frente a una de las maquinarias militares más poderosas del mundo, tiene motivos para celebrar ‒como, efectivamente, lo hizo el pasado lunes, el día 50 de la Guerra para Nada.

¿QUÉ PERDIERON los contendientes?

Los palestinos sufrieron grandes pérdidas materiales. Miles de casas fueron destruidas con el fin de quebrar su espíritu, algunas de ellas con algún pretexto débil, otros con ninguno. En los últimos días, la Fuerza Aérea derribó sistemáticamente los lujosos edificios de gran altura en el centro de Gaza.

Las pérdidas humanas palestinas también fueron enormes. Los israelíes no derramaron ni una lágrima.

En el lado israelí, las pérdidas humanas y materiales fueron comparativamente ligeras. Las pérdidas económicas fueron significativas, pero soportables. Son las pérdidas invisibles las que cuentan.

La deslegitimación de Israel en todo el mundo se está acelerando. Millones de personas han visto las fotos diarias que salen de Gaza, y, consciente o inconscientemente, su imagen de Israel ha cambiado. Para muchos, el pequeño y valiente país se ha convertido en un monstruo brutal.

El antisemitismo, se nos dice, está aumentando peligrosamente. Israel afirma ser el Estado-nación del pueblo judío, y la mayoría de los judíos defienden a Israel y se identifican con él. La nueva rabia contra Israel a veces se parece a los viejos tiempos del antisemitismo, y a veces lo es.

No sabemos cuántos judíos serán impulsados por el antisemitismo hacia Israel. Tampoco sabemos cuántos israelíes serán movidos por la guerra eterna de Israel hacia Alemania, Estados Unidos o Canadá.

Uno tiende a pasar por alto el aspecto más peligroso. Se ha creado una enorme masa de odio en Gaza. ¿Cuántos de los niños que vimos corriendo con sus madres de sus hogares se convertirán en los “terroristas” de mañana?

 

Millones de niños en todo el mundo árabe han visto las fotos divulgadas a diario en sus hogares por Aljazeera, y se convierten en enemigos acérrimos de Israel. Aljazeera es una potencia mundial. Mientras que su edición en idioma Inglés trató de ser moderada, la edición árabe no tenía frenos: hora tras hora sus informes mostraron las imágenes desgarradoras de Gaza, los niños muertos, las casas destruidas.

Por otro lado, la enemistad de generaciones de antigüedad de los gobiernos árabes hacia Israel se ha roto. Egipto, Arabia Saudita y todos los Estados del Golfo (excepto Qatar) están colaborando abiertamente ahora con Israel.

¿Puede esto dar fruto político en el futuro? Podría, si nuestro gobierno estuviera realmente interesado ​​en la paz.

En el propio Israel, el fascismo, vil e inconfundible, ha sacado su horrible cabeza. “Muerte a los árabes” y “Muerte a los izquierdistas” se han convertido en legítimos gritos de guerra. Parte de esta onda sucia es de esperar que retroceda, pero algo podría quedarse y convertirse en un elemento habitual.

El destino personal de Netanyahu está nublado. Durante la guerra, sus índices de popularidad subieron fuertemente. Ahora están en una caída libre. No es suficiente hacer discursos sobre una victoria. La victoria tiene que verse. Si es posible, sin un microscopio.

LA GUERRA es una cuestión de poder. La realidad creada en el campo de batalla se refleja generalmente en los resultados políticos. Si la batalla termina en empate, el resultado político también será un empate.

En la celebración de un triunfo similar, hace tiempo, Pirro, el rey de Epiro, comentó: “¡Otra victoria como ésta y estaremos perdidos!”

* Se refiere a la región Israel que rodea la Franja de Gaza, de una profundidad de unos pocos kilómetros e incluye el pueblo de Sderot así como muchos kibutz y asentamientos.