Quizás es porque la mayoría tuvimos a papá y a mamá para que dirigieran nuestros pasos. O sea el hecho de que por naturaleza asumimos que el mayor, más viejo o mas fuerte tiene derecho a definir sobre situaciones que afectan nuestro entorno. O sencillamente sea porque el ser humano, al igual que muchas otras especies más agresivas (felinos, equinos, bovinos, etc), nos moldeamos a las indicaciones del individuo o grupo con superioridad, de manera sumisa y obediente.
Lo cierto es que como colectividad aceptamos tantas cosas que de manera individual no aceptaríamos y viceversa. Por ejemplo de manera colectiva aceptamos y hasta elegimos funcionarios públicos ineptos, incapaces y corruptos. Cuando de manera individual jamás los elegiríamos ni siquiera como vecinos, mucho menos entregarles parte de nuestro presupuesto para que ellos lo administren.
Del mismo modo aceptamos de forma individual cosas que de manera colectiva se nos hacen inviables. La creciente indignación con la actual gestión de Gobierno en la República Dominicana y su nueva imposición fiscal es un claro ejemplo de cómo de manera individual nos resignamos al pago de los contribuciones pero nos sentimos con el claro deber y coraje de participar de manera colectiva en todos los movimientos de protesta en contra de dichas reformas fiscales.
Algo similar ha sucedido en toda Latinoamérica con el caso del Narcotráfico y la tan aclamada guerra contra las drogas. Aceptamos de manera colectiva lo que ni siquiera el verdugo que imponía la condena aceptaba de manera individual. En Latinoamérica siempre se ha sembrado y consumido la hoja de la Coca y el Canabis (Marihuana). De hecho hasta la fórmula secreta de la Coca Cola parte de la utilización del extracto de esta hoja. Ni hablar de múltiples medicamentos que se derivaban y derivan hoy en día de la utilización de estas sustancias en dosis y presentaciones controladas o las de otras drogas como el opio.
No podemos seguir pretendiendo que lo que otros países ya han comprendido que es un mecanismo errado para abordar el problema del narcotráfico siga siendo la práctica a la que nuestros gobernantes aspiren.
Esta "guerra", que dicho sea de paso ya seria la mas extensa en tiempo y territorios afectados de todas las guerras post modernas, ha sido por igual la mas costosa en términos financieros y de vidas humanas. Para colmo la que mas "combatientes" involuntarios tiene puesto que cada consumidor (paciente enfermo de drogadicción) se convierte en un soldado que tiene que enfrentar a las instituciones persecutoras del delito para poder sobrevivir a su enfermedad y esta cifra hoy en día supera los 250 millones de adictos.
El crimen y las tendencias a delinquir, sobre todo si existe la posibilidad de grandes lucros, es algo que existe desde la antigüedad. Por tanto asumir que mediante una exhibición de poder (el comercio de armas que mueven los aparatos oficiales del mundo para enfrentar el narcotráfico supera varias veces su inversión para combatir todos los otros tipos de crímenes combinados) se iba a poder contener esta industria, mientras su poder de atracción (adicción) fuese tan grande es un discurso ilusorio. Al mismo tiempo dicha lucha es vista por los ciudadanos, de manera individual, como tan absurda en muchos casos que solo si te atrapan y condenan eres mal visto.
¿Qué asesino confeso usted conoce que haya llegado a ocupar grandes posiciones públicas o privadas luego de confesarlo? ¿O que permanezca en el puesto después de confesar un crimen de esta naturaleza? Porque para todo el mundo en todos los países, tanto de manera individual como colectiva el asesinato es un crimen muy grave que merece un enjuiciamiento y condena importante.
Sin embargo cuantos ex consumidores de estupefacientes prohibidos no conoce usted que ocupan u ocuparon cargos importantes (hasta la presidencia de la Republica) en varios países luego de confesar haber consumido? Es decir, en esta guerra contra las drogas el delito no es tanto que consumas, si no que te atrapen consumiendo o en posesión de las mismas!
Puesto que si a esos grandes Sres. (presidentes y ex-presidentes, empresarios famosos etc) los hubiesen atrapado consumiendo o en posesión de lo que luego iban a consumir nunca hubiesen llegado a ocupar dichos cargos. Es esta lógica intrínseca del fenómeno del tráfico, distribución y consumo de las drogas lo que garantiza el fracaso permanente de la "guerra" contra las drogas.
Las cifras no pueden ser más alarmantes, en EEUU el principal promotor de esta guerra y mayor consumidor del mundo la lucha contra el narcotráfico es la responsable de más del 70% de todos los recluidos del sistema penitenciario. Esta "guerra" es el mayor responsable del ciclo de reproducción de pobreza de las clases más desposeídas, puesto que si tu naces varón y de una minoría en los EEUU entonces tienes un 80% de probabilidades de terminar encarcelado antes de llegar a los 20 años.
Al mismo tiempo el sostenimiento de esta infraestructura penitenciaria se ha convertido en una lucrativa industria que mueve billones de US$ y emplea a miles de personas. El sostenimiento de esta industria es pues uno de los mayores obstáculos a la búsqueda de una solución genuina a este terrible problema social.
Esto ya se ha tornado en exceso obvio, y por ende ya hasta Estados dentro de los Estados Unidos están reclamando de manera individual lo que el gobierno federal no acepta, que es la legalización de algunas de estas sustancias prohibidas y la búsqueda de soluciones alternas a este terrible flagelo. De tal suerte que ya Colorado y Washington State le han seguido los pasos a California en la legalización de la marihuana para uso individual y medicinal como un primer paso hacia el ordenamiento institucional de dicho comercio.
Al mismo tiempo todos los países Latinoamericanos están reclamando una revisión profunda de esta estrategia a lo interno de cada nación y de manera colectiva. Desde Argentina, Uruguay (que ya legalizo también el Canabis), Colombia, Bolivia, Costa Rica, Méjico etc) todos están pidiendo un cambio en el enfoque con relación a este flagelo y se logró que se inserte el tema en la Agenda de la Asamblea General de la ONU del 2016.
Es hora de que nuestro liderazgo político haga lo propio y comencemos a exigir un cambio de visión, hacia un enfoque más integral, humano y genuino. De tal suerte que podamos garantizar un país menos violento, con menos personas adictas a estas sustancias y con un comercio regulado, certificado y medible; que propicie una mejoría en los estándares de vida de aquellos que hoy en día se ven tentados a delinquir y un tratamiento médico apropiado a los que caen en la adicción. Para dignificarlos, protegerlos y poder re-insertarlos luego al aparato productivo nacional.
No podemos seguir pretendiendo que lo que otros países ya han comprendido que es un mecanismo errado para abordar el problema del narcotráfico siga siendo la práctica a la que nuestros gobernantes aspiren. Hay que aceptar que este es un problema serio, actual e impostergable, que todos heredamos pero que hay que resolverlo. Aplicando iniciativas innovadoras, holísticas y abiertas en las que reine la concertación y no la imposición.