Trazos del pensar

La estética híbrida (1)

Por Odalís G. Pérez

Lo que abarca la creación artística y cultural en la República Dominicana se hace visible en diferentes géneros que trascienden sus fronteras como hechos artísticos. Esto ocurre cuando se pretende unir lo artístico con lo artesanal. Desde esa perspectiva lo que se ha llamado híbrido es aquello que une dos o más principios, pero que como técnica supone la alternativa de otros principios que adquieren valor como sustancia de la expresión y sustancia del contenido; tensión esta que desarrolla un género artístico reconocido mediante las diferentes mezclas artísticas, incluso mediante diversos lenguajes de producción y significación.

En el país existen varios casos de hibridismo artístico, advirtiéndose de esta manera que los procesos de confluencia justifican un modelo-tipo que es interferido por el problema de la destrucción de un género por otro: ejemplo la incursión de la escultura, de la pintura, la performance, el poema icónico, la novela-cine, la instalación, la esculto-arquitectura, y lo que se ha denominado el lenguaje de formas verticales y circulares.

Existe un arte llevado a cabo por los nuevos medios y los nuevos materiales de la diversidad creadora. La búsqueda al interior mismo de una artisticidad híbrida, implica un concepto de síntesis visual, pero también una ligazón de lógicas estructurales y conceptuales que robustecen y purifican principios contrarios y contradictorios dentro de la creación artística, tal y como se ha observado en las últimas dos bienales del Caribe y también en las tres últimas bienales de artes visuales de Santo Domingo.

En la modernidad y en la alto-modernidad, los artistas crean un pronunciamiento temático y formal que asegura un conocimiento dinámico sobre los modos de hacer arte en la República Dominicana, esto es, la fotografía como arte del instante, las formas del dibujo luminoso de los atractores materiales y de la unidad de los contrarios, siendo así que las cardinales de uso dependen de un marco de narración y argumentación artística en la búsqueda de las funciones y estructuras significativas que construyen y enuncian el arte y la visión que conforma el artista desde su intuición sensible.

Este contexto de trabajo y reflexión somete su trabajo a una criba, de donde los principales momentos de la obra se justifican como trayectorias que con el tiempo obligarían a reflexionar sobre la formación de una cultura basada en entidades plurales, toda vez que en el arte dominicano una de las fuerzas más importantes es la constitutiva de lo diverso, justificado en sus raíces e imágenes que ayudan a comprender los diferentes tópicos y características de un arte transformante y con vocación de permanencia. Lo que dará lugar a nuevas creaciones con formatos, temáticas, expresiones combinadas y confluencias en el orden de lo visible artístico y de lo estético integral.

Toda una suma de relaciones logra establecer un espacio de contrastes adaptados en géneros patentes con mezcla, sentido, dinamismo estético y organizador. Esta experiencia dará lugar a unificar los mundos de cada modalidad y su heterodoxia, cambios y temporalidades que anuncian una nueva pasión, necesidad por los híbridos conformadores de nuevas estructuras artísticas.

Se trata, en este caso, de crear una nueva estética dominicana desprovista de los llamados “principios” que, en otro tiempo, llegó a representar la convención de que una mezcla artística no es necesariamente artificio o mecánica en la medida que la misma se conforma como cualidades, bloques de sentidos y líneas argumentales de trabajo estético-artístico.

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