La Revista The Economist del 25 de febrero del 2012 reporta que durante los mandatos de los Kirchner, la inflación en Argentina fue en el 2007 tres veces menor a la calculada por economistas y organizaciones del sector privado, de acuerdo a las cifras oficiales del Instituto de Estadísticas (INDEC). Esas discrepancias fueron tan amplias que los sindicatos fundamentaron sus negociaciones salariales en las cifras privadas de la tasa de inflación, desechando las cifras oficiales.
La universidad de Torcuato di Tella calculó la tasa de inflación entre un 25% y 30% en Argentina para el 2007, mientras que PriceStats, una firma privada especialista en materia de inflación, estimó que la misma era de 24.4% y acumulada hasta la fecha de 137%. Por su parte, el INDEC estimó una tasa de inflación en 9.7% y la acumulada para el mismo período de 44%.
Las estimaciones oficiales cambiaron sensiblemente desde el nombramiento de Guillermo Moreno al frente del INDEC justo a partir del 2007; de acuerdo a número del The Economist citado, el Sr Moreno le dijo a su personal que “…sus datos no deben mostrar que la inflación está creciendo” y la inflación se redujo desde entonces.
Algo similar a lo que ocurre en el INDEC argentino se repite en el Banco Central dominicano. Su gobernador argumentó el fin de semana pasado en Santiago que la economía dominicana goza de estabilidad macroeconómica, aunque las informaciones estadísticas que aportó no avalaron su afirmación; se refirió al crecimiento económico que, según el funcionario, ha dependido de factores externos que el BC no controla pero que registra estadísticamente, como es el caso de la inversión extranjera directa (IED) y de las remesas de los dominicanos residentes en el exterior.
Si el crecimiento del producto depende de los factores trabajo y capital, cabría preguntarse por qué la tasa de desempleo ha permanecido alrededor del 14% durante toda su gestión. La reducción de la tasa de desempleo es sólo un truco estadístico ya que comparan las cifras actuales de desempleo con las correspondientes a la crisis del 2003-2004. Es decir, comparan sus cifras de desempleo con las correspondientes a una de las peores crisis económica de la historia moderna, de ahí que argumentan que el país ha reducido el desempleo.
El funcionario olvida los graves desequilibrios que ha producido la presente gestión gubernamental, durante la llamada estabilidad macroeconómica. En primer lugar, su política cambiaria se ha orientado a favorecer a las importaciones, desequilibrando la cuenta corriente a tal grado, que la misma promedia un déficit de 7.8% anual entre 2008-2011, alrededor de unos US$4,500 millones por año o RD$175,547.7 millones. Estos desequilibrios se han financiado con la IED y las remesas, los soportes del crecimiento económico que apunta el gobernador.
Esta política cambiaria ha conducido asimismo a la reducción de la apertura comercial como resultado de los efectos de la política cambiaria sobre las exportaciones, lo que ha provocado que el coeficiente de apertura se redujera de 86.5% en el 2005 a 56.7% en el 2011.
Otro desequilibrio macroeconómico que ha caracterizado la estabilidad macroeconómica de la administración peledeísta corresponde a la profundización del déficit fiscal que, durante 2008-2011, superó los RD$50,000 millones anuales. Este desequilibrio alcanzó los RD$61,000 millones en el 2011 y constituyó uno de los elementos claves para la ruptura del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En el 2011 el gobierno central superó su propio record cuando registró un déficit de 2.9% del PIB, violando el acuerdo con el FMI, por cuanto la meta fijada era un déficit de las cuentas públicas de alrededor del 1.6% del PIB.
De la misma manera, el BC ha promovido un elevado consumo privado y público que promedia el 93% entre el 2005-2011; insuficiencia de ahorro doméstico (de 7% del PIB), la cual es consistente con los déficits de cuenta corriente y fiscal. Este desequilibrio entre ahorro e inversión indujo a la política de endeudamiento orientada a cubrir los déficits fiscal y corriente de la balanza de pagos y a pactar acuerdos consecutivos con el FMI para corregir los desequilibrios provocados por la política de expansión del gasto y una política monetaria que apoyó la política de endeudamiento mediante un sistema de cambio fijo. La inversión promedió para ese mismo período un 22% del PIB, de manera que el país se endeudó en promedio en un 15% del PIB para mantener el ritmo de las inversiones y posibilitar el crecimiento económico, que el gobernador atribuye a factores externos.
Por otra parte, el BC no ha logrado la tasa de inflación que se consignó en el acuerdo con el FMI de octubre del 2009, la cual debió terminar en el 2011 en 3% y favorecer la competitividad de las exportaciones; por el contrario la tasa de inflación cerró en 7.76%, es decir un poco más del doble de la que contempló el acuerdo con el FMI.
De manera que la estabilidad macroeconómica del BC exhibe desequilibrios en el mercado de trabajo, entre el ahorro e inversión domésticos, las cuentas fiscales y las cuentas externas. Tiene un fuerte endeudamiento público de alrededor del 57% del PIB, un desempleo de 14% que no cede frente al crecimiento económico, un mercado interno pequeño debido a la promoción del gobierno de una elevada concentración del ingreso y una pobreza que sólo se reduce en comparaciones inocuas respecto a los niveles prevalecientes durante la crisis del 2003-2004.
Llamar estabilidad macroeconómica a estos profundos desequilibrios es una cruel invención del BC que tortura y burla a la mayoría de la población dominicana. Esta leyenda es una manera de sobrevivir a sus reiterados fracasos, resultando en una permanencia prolongada que hunde a la población en un falso e insostenible crecimiento económico en el mediano y largo plazos, que sólo ensanchan nuestras enormes discrepancias sociales y económicas, sembrando la desconfianza y la desesperanza.