Recientemente, el ministro de economía afirmó que el gobierno hará todo lo que sea necesario para mantener la estabilidad macroeconómica; declaración que se produce a raíz de la suspensión oficial del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo cual había sido negado reiteradamente por el gobierno en varias ocasiones.

Algunos sectores de la sociedad civil así como organizaciones empresariales tenían expectativas de que el gobierno mantendría ese acuerdo para darle credibilidad a las políticas económicas, especialmente la política fiscal que ha sido dominada por la irracionalidad y la corrupción.

Esta posición del Ministerio de Economía atribuye exclusivamente al gobierno la supuesta estabilización económica durante los últimos siete años de la administración Fernández. Durante este mandato presidencial el FMI acordó con el gobierno dominicano varias cartas de intención, que contenían medidas para reducir el déficit público, controlar la inflación, reducir el desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos, reducir el desempleo y la pobreza. El gobierno no cumplió con las recomendaciones planteadas en las cartas de intención y los desequilibrios se han profundizado, el desempleo no cae y la pobreza ha cedido marginalmente.

La promoción del crecimiento económico se hizo a costa del aumento del déficit fiscal, que ascendió a RD$61,000 millones en el 2011, aproximadamente 2.9% del PIB, incumpliendo con la meta del 1.6% del PIB contenida en el acuerdo con el FMI de octubre del 2009. Este resultado rompe con el patrón inusual exhibido por el déficit fiscal a partir del 2008, que acumula al 2011 más de US$5,126.0 millones durante el 2008-2011.

Las políticas económicas de la presente administración exacerbaron los tres desequilibrios básicos para calificar a una economía de  estable. Estos son la insuficiencia de ahorro doméstico para financiar la inversión, elevado déficit fiscal y creciente déficit de la cuenta corriente. Este último ha sido inducido por el propio Banco Central (BC) que destina cuantiosos recursos de sus reservas internacionales para fijar el tipo de cambio (estabilidad), repercutiendo negativamente en las exportaciones dominicanas que han caído como porcentaje del PIB entre 2005-2011, según se puede apreciar en el siguiente gráfico.

Figura 1. Exportaciones como % del PIB

Fuente: Banco Central, cálculos del autor

Este comportamiento empeoró el déficit de la balanza comercial; pero además la política de pérdidas de reservas internacionales del BC contribuyó asimismo a incrementar las importaciones,  empeorando el déficit externo. Entre 2008-2011, el déficit de la cuenta corriente promedió 7.8% del PIB; mientras que entre 1993-2004 se mantuvo alrededor del 1.2% del PIB.

Figura 2. Déficit de la Balanza Comercial y Corriente

Fuente: Banco Central, cálculos del autor

Como puede notarse las políticas económicas ejecutadas entre 2005-2011 han alejado a la economía dominicana de la estabilidad macroeconómica, ahora colocada al borde del colapso por la escalada de préstamos gubernamentales que ha llegado a ser alrededor del 52% del PIB en el 2011 y por la pérdida de competitividad. Durante la industrialización de finales de los años sesentas y principios de los setentas, el crecimiento económico promedió 11% y su financiamiento provino fundamentalmente de recursos internos.

Estos resultados no son compatibles con políticas gubernamentales estabilizadoras; por el contrario han conducido a la economía dominicana a un peligroso escenario económico que promete una crisis significativa en los próximos años.

Los desequilibrios provocados por la política de la estabilidad macroeconómica obligan a ajustar la economía. Se requieren profundas reformas a la política económica para reparar los daños que la misma le ha ocasionado al bienestar de los dominicanos. La propaganda no es suficiente para remediar los males creados por la administración Fernández y su equipo económico, hacen falta acciones concretas para liberar a la economía dominicana de las distorsiones creadas por siete años de estabilidad.