En el posmodernismo de los últimos veinte años existía la tendencia a la fragmentación dramatúrgica, esto es, a la conformación de un texto teatral constituido por textos llamados heteróclitos, collage, voces sueltas, estructuras textuales y metaestructurales, en fin, por textualidades que logran cobrar significación en el orden espectacular y propiamente escénico.

La fragmentación dramatúrgica o la conformación de una dramaturgia  sobre la base de intertextualidades y transtextualidades, hace posible un proceso de lectura teatral tendente a provocar y producir un espectáculo de voces y cuerpos, cohesionados sobre la base de una interpretación crítica del teatro actual.

La dramaturgia fragmentaria es la modalidad que hoy asumen muchos directores y actores experimentales y postexperimentales para lograr una comunicación útil a propósitos estéticos y teatrales, pero también, para establecer logros performativos o cualitativos desde la práctica teatral misma.

Los mismos dramaturgos que profesan normalmente una línea actoral productiva, acuden a la cita, al intertexto, al fragmento, al texto “prestado”, al diálogo crítico y al laboratorio para conformar el acto espectacular, así como a cierto modo de relación con el espectador. Así, autores como: Darío Fo, Richard Foreman, Richard Schechener, Robert Wilson y otros, han acudido a la práctica de la dramaturgia fragmentaria para establecer un trabajo desde el lenguaje y la práctica formularia de un nuevo texto denominado polilógico y polifónico. Estos últimos indican en la práctica dramatúrgica y espectacular un registro compuesto por variadas razones artísticas y estéticas, determinadas por su cohesión semiótica.

Los elementos y aspectos que conforman la dramaturgia fragmentaria son los siguientes:

  1. Texto elegido.
  2. Texto dividido o fragmentado.
  3. Acción extraescénica.
  4. Mediación o mediaciones vocales.
  5. Prótesis textuales.
  6. Discursos funcionales, tales como: cartas, notas de prensa, memorandos, citaciones jurídicas, anuncios publicitarios, documentos políticos, discursos gubernamentales y otros.

Lo que surge en esta línea de horizonte es un proceso de análisis de recursos estructurales, formales, oposicionales, contextuales, espaciales, temporales, constructivos, dialógicos y narrativos basados en una línea de proyecto integrada al orden dramatúrgico, actoral y accional. El acto teatral concebido bajo estas cardinales se lleva a cabo sobre la base de relaciones actanciales, psicobiológicas expresivas y motivacionales marcadas por la experiencia escénica e instruccional.

El elemento caracterizador del signo o los signos teatrales cohesiona los momentos codificables de la representación. A partir de una solución dramatúrgica consensuada, los personajes de la obra teatral posmoderna se construyen como vertientes de orientación tipológica, estética, formal y accional. El imaginario escénico modal y narrativo adquiere su valor mediante los usos culturales adquiridos evolutivamente, tal como se hace observable en las cardinales iconográficas y espectaculares de nuestros días.

A propósito del teatro tardomoderno de creación colectiva es importante consultar la antología titulada El teatro latinoamericano de creación colectiva, compilación detextos de Francisco García Céspedes, en Serie Valoración Múltiple, Casa De Las Américas, La Habana, 1978 y donde se plantea una metodología de participación integradora como proceso de rescate, acción, experimentación y síntesis artística.