En su libro ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro, el periodista Andrés Oppenheimer comenta que el célebre cofundador de Microsoft, Bill Gates, le señaló que Latinoamérica requiere de una "dosis de humildad" para reconocer cuáles son sus debilidades y comprender cuál es la posición de las universidades latinoamericanas en el contexto internacional.
Fue la misma impresión que tuve el pasado viernes 10 de agosto al asistir al seminario titulado: "Las universidades dominicanas ante los rankings universitarios", organizado por el Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCYT), la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), la Universidad Acción pro Educación y Cultura (UNAPEC) y el sistema de Información sobre las revistas de investigación científica LATINDEX.
Entré al lugar del evento interesado en lo que pensaba podía ser el inicio de una reacción ante la falta de posicionamiento de las instituciones dominicanas de educación superior en los rankings internacionales y la falta de carácter a la hora de enfrentar el problema. Salí reafirmando por qué estamos donde estamos. Después de concluir un panel dedicado a "debatir" sobre el problema tuve la sensación de que el mismo fue diseñado más con el propósito de criticar los rankings por la falta de visibilidad de las universidades dominicanas en los mismos, que de analizar las razones por lo que esto ocurre.
Básicamente, estas fueron las tesis principales escuchadas en aquel panel y les advierto que son para sonrojarse de vergüenza ajena:
a) Los rankings internacionales de universidades responden a los intereses de las grandes corporaciones económicas.
Es una rancia tradición latinoamericana incurrir en lo que el filósofo Karl Popper llamó "la teoría conspirativa de la sociedad". Los defensores de la misma buscan siempre intereses espurios o criminales subyacentes a las explicaciones o modelos que no comparten, tratando de invalidarlos.
El problema es que la teoría de la conspiración no explica nada sobre la validez interna del modelo cuestionado. Quienes la defienden incurren en la falacia genética, el razonamiento incorrecto de que podemos invalidar un modelo, un esquema o una explicación por los orígenes cuestionables vinculados a los mismos. Pueden existir intereses reprobables relacionados con el comienzo de una teoría o una explicación, pero esto no invalida las mismas. Rechazar los rankings internacionales porque surgieron como producto de intereses corporativos es tan absurdo como rechazar el uso de INTERNET, porque sus orígenes estuvieron vinculados a estrategias militares y de espionaje.
b) Es erróneo considerar que todas las instituciones de educación superior deben competir en el mercado global para tener calidad.
Esta es una conclusión que no se infiere de los rankings. Lo que sí podemos decir es que universidades sin calidad no pueden competir en el mercado global, porque la competitividad se relaciona con la calidad de las universidades y ésta es una consecuencia de la producción del conocimiento de las mismas expresada en los indicadores que dichos rankings tratan de medir (publicaciones, patentes de descubrimientos, etc.) El mercado global de nuestra época requiere de una economía del conocimiento más que de una economía de materias primas. Por esto, las naciones más desarrolladas son aquellas que han podido hacer la transición de un modelo económico a otro y esto es imposible sin universidades que hagan la transición de instituciones de docencia a centros de investigación.
¿Tienen necesariamente que competir las universidades? Por supuesto, no solo porque todas aspiran a atraer estudiantes, sino porque la competencia es uno de los mecanismos mediante los cuales funciona la ciencia. Existe una perspectiva romántica que imagina a las comunidades científicas laborando solidariamente. Lo cierto es que la ciencia funciona gracias a la tensión existente entre cooperación y competencia. La ciencia es una empresa comunitaria que requiere de los esfuerzos mancomunados de múltiples investigadores trabajando con un fin común. Pero al mismo tiempo, la competencia entre instituciones para lograr los mejores resultados, publicaciones, obtención de premios y fondos para proyectos estimula el trabajo creador sin el cual la aventura del conocimiento científico no sería hoy lo que es. Por tanto, la universidad debe ser una promotora de ambas facetas.
c) Las instituciones de educación superior son distintas y cada una tiene sus especificidades en función del funcionamiento, la cultura, etc. Hay muchos tipos de universidades.
Se recurre a este argumento para justificar el pobre desempeño de las universidades latinoamericanas. Es como decir que no existen parámetros comunes para evaluar la calidad de las tiendas de zapatos, porque éstas pueden variar en función del diseño de los mismos o por el segmento poblacional al que va dirigido. Sin embargo, no importa cuáles son las especificidades de las distintas tiendas de zapatos, esperamos de todas que vendan productos de calidad. No es justificable que una tienda venda zapatos cuya suela se despega después de caminar cincuenta metros bajo el argumento de que esa es su especificidad.
De igual modo, pueden existir muchos tipos de instituciones de educación superior, pero hay algo que debe ser intrínseco a todas ellas: la producción del conocimiento. Una institución puede llamarse universidad, pero si no produce conocimiento no es más que una escuela grande.
d) Se le da mucha importancia a la investigación.
Es realmente inverosímil que un funcionario académico sea capaz de quejarse sobre el hecho de que los rankings internacionales den una gran importancia a la investigación. Es como si los participantes de un concurso literario se quejaran de que en el mismo se le da mucha importancia a la originalidad. Preguntaríamos, ¿qué es lo que se espera de ellos?
De una universidad se espera producción del conocimiento, pero esta es imposible sin la investigación. La ciencia es un sistema de prácticas generadoras de conocimiento. Esta es la razón por la que a la investigación se la da tal relevancia, igual que a las publicaciones, pues una investigación cuyos resultados no se publican es como si no se hubiera realizado. Al mismo tiempo, no basta que la publicación se haga en cualquier revista, sino en una que cumpla con unos mínimos criterios de calidad, como el de someterse a una evaluación por pares, lo que presupone tener la disposición de someterse al proceso de contrastación característico de la ciencia.
El argumento de que existen universidades que priorizan la docencia es insostenible, porque en las universidades modernas la docencia de calidad es el producto de la investigación de calidad. La diferencia entre un docente universitario competente y un maestro de escuela competente es que el primero trasmite conocimientos que él y sus colegas han producido, mientras el segundo es solo un transmisor del conocimiento que producen los investigadores.
e) Los criterios deben partir de que las universidades sean comparables.
Este planteamiento significa que las universidades dominicanas deben ser comparadas con instituciones similares, pertenecientes a realidades socioculturales y de desarrollo similares a las de la República Dominicana. El argumento ha sido empleado para justificar por qué las universidades dominicanas no aparecen en las clasificaciones internacionales donde aparecen universidades con prestigio internacional como instituciones de educación superior punteras (Harvard, Cambridge, Oxford, MIT, etc.). En primer lugar, el argumento se derrumba porque las universidades dominicanas no aparecen en clasificaciones donde sí aparecen universidades de la región con niveles de desarrollo similares a los de la República Dominicana, como son los rankings que sólo evalúan a las instituciones latinoamericanas.
En segundo lugar, el hecho de que la diversidad sea una característica de las entidades que conforman el mundo, no impide la existencia de criterios homogéneos de comparación en función de unos ideales necesarios para avanzar. Si las autoridades universitarias de Latinoamérica desean agruparse en función de lo que entienden son sus pares, en vez de intentar trascender su situación, fomentarán la creación de "guetos universitarios" en un mundo cada vez más interconectado.
f) Las universidades deben evaluarse en función de su capacidad para producir los recursos que requiere el país y para promover el cambio.
La pregunta inmediata que surge al escuchar un planteamiento semejante es: ¿Cómo se van a producir los recursos que requiere un país y cómo se va promover el cambio si la investigación no es el primer punto de la agenda? ¿Se puede realmente creer que la universidad puede hoy proporcionarle a una sociedad lo que necesita siendo meramente una universidad "docentista"? La investigación es la que permite capacitar al personal para la resolución de problemas, tecnificar y eficientizar los procesos de producción y propiciar transformaciones tan profundas como nunca antes fue posible antes del nacimiento de la ciencia moderna.
El panel terminó con la "brillante conclusión" de que debía realizarse un seminario con la prensa para "orientarla" sobre cómo deben leerse los rankings internacionales. De este modo, se impediría perjudicar la imagen de las universidades dominicanas en la ciudadanía dominicana como consecuencia de las clasificaciones. De este planteamiento podemos inferir dos conclusiones: 1) Lo importante para muchas de las autoridades universitarias dominicanas no es nuestra falta de posicionamiento en los rankings sino la mala imagen que las mismas pueden adquirir por esa falta de posicionamiento. 2) En vez de dirigir los esfuerzos al reconocimiento de nuestras deficiencias, a cómo nos quedamos marginados por nuestra corrupción, incompetencia y carencia de disposición para cambiar, los esfuerzos deben dirigirse para luchar contra quienes nos quieran enrostrar en la cara nuestra falta de visibilidad en las clasificaciones internacionales de universidades.
Quiero concluir con una anécdota atribuida al filósofo alemán G.W.F. Hegel. Se cuenta que después de terminada una clase de filosofía de la historia, un alumno se le acercó para decirle que lo explicado en las clases no se correspondía con lo que había ocurrido realmente en la historia. Se dice que Hegel respondió: "Peor para la historia".
Como Hegel, muchas autoridades relacionadas con la educación superior dominicana han decidido que ante una incompatibilidad entre el modelo explicativo y los hechos, peor para los hechos. Si no estamos posicionados en ninguna clasificación universitaria relevante, peor para ellas, crearemos nuestros propios rankings. Bill Gates tiene razón, nos hace falta una dosis de humildad.