Brotes Públicos

La Dirección Nacional de Ética y la falta de institucionalidad

Por Samuel Bonilla

La actual administración de gobierno continúa dando motivos para la movilización de la ciudadanía. Distintos sectores de la sociedad civil han respondido ante la omisión de bienes y propiedades contenida en la declaración jurada del responsable de la Dirección de Ética e Integridad Gubernamental. Tal es el descontento ante tanto descaro que la sociedad civil ahora pide al Presidente de la República la destitución del Director. ¡Y con razón!

Lamentablemente, los reclamos ciudadanos quedan huérfanos de un Estado que actúe según lo establecido por la ley. Por eso urge un cambio en el liderazgo político nacional. Sin eximir al Director de Ética de las necesarias investigaciones y de la justicia, quiero reorientar el debate hacia al tema de la institucionalidad.

¿No les parece penoso que más allá de las actuaciones del Director y la incapacidad del actual gobierno de hacer cumplir la ley, tengamos una Dirección de Ética e Integridad Gubernamental?

Nuestro afán por las comisiones pone en evidencia el alcance de las prácticas clientelares de nuestro partido de gobierno, así como la falta de institucionalidad que prevalece dentro del Estado dominicano. La ética no se promueve mediante la creación de una Dirección de Ética, sino mediante el ejemplo continuo de nuestros funcionarios.

Mientras más oficinas de “proyectos especiales” y comisiones ajenas a los Ministerios de Estado tengamos, peor estaremos en materia de institucionalidad y más se debilita nuestra “democracia”.

Las comisiones sólo sirven para desnaturalizar los propósitos de nuestros Ministerios, que son los mecanismos institucionalizados que tenemos para efectuar cambios. Debemos procurar rescatar el encanto de la política, que no es más que un espacio desde donde se pueden producir grandes cambios sociales.

No podemos abandonar lo que por momentos deja de funcionar. Hagamos cumplir lo que Jeffrey Sachs recientemente llamó el rol del verdadero hombre progresivo: demostrar que el Estado puede cumplir sus promesas.

El compromiso de cualquier alternativa de poder debe ser el de redescubrir la política. Pues esto que hoy vemos, no es política.

Twitter: @sbonillabogaert

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