En un artículo del New York Times, titulado "¿Se acabaron los momentos de reflexión?", el escritor Teddy Wayne retoma el problema del impacto de las redes sociales en la cultura contemporánea.
Wayne reflexiona en su escrito a partir de la obra del especialista en tecnologías de la información, Nicholas Carr, quien, desde hace años, viene alertando sobre los posibles daños psicológicos generados por la adicción a los dispositivos electrónicos.
Carr señala que vivimos en una época donde las tecnologías incrementan de manera constante la estimulación y la novedad generando unos hábitos mentales que fomentan el pensamiento rápido, pero no el pensamiento reflexivo. Desde su perspectiva, las nuevas tecnologías nos sumergen en una dinámica de ritmo acelerado que va configurando nuestros cerebros para demandar estimulación cada vez más fuerte, mientras nos produce ansiedad en los momentos donde no recibimos los estímulos acelerados. Por eso, Carr denomina a Internet como una "demanda de momentos estimulantes".
Se trata de una situación preocupante, donde observamos una nueva generación incentivada al intercambio acelerado de información, pero no a su discriminación; sobreestimulada y al mismo tiempo, poco sensibilizada; capacitada para las múltiples tareas, pero castrada para la profundización en una actividad; entrenada para manejar con eficacia entre un número creciente de aplicaciones, pero incapacitada para ponerlas a su servicio en el proceso de construcción de una ciudadanía consciente.
Un escenario semejante propicia no sólo la emergencia de la denominada política de la posverdad, sino el ascenso de la cultura de la posverdad en todas sus manifestaciones. Con ella, emerge una atmósfera que atenta contra la actitud crítica, la libre deliberación, la decisión sopesada, eso que Carr ha denominado el camino hacia la "pérdida de la mente contemplativa".