Esto creo, esto pienso

La cuestión es: Perder nuestra fuerza votando, para continuar en lo mismo

Por Rafael R. Ramírez Ferreira

Os lo aseguro, buenas y pobres gentes,

Gilipollas, infelices, baqueteados por la vida.

…Cuando a los grandes de este mundo les da por

Amaros, es que van a convertirlos en carne de

Cañón…

F. Céline.-

Si lo expreso es malo, pero si permanezco callado es peor, me voy por primero. Por demás está decirlo, pero frente a tantos energúmenos que juzgan a su proceder y semejanza, aclaro que no pertenezco ni he pertenecido a ningún partido político, aunque reconociendo que de todas maneras el ser humano es un animal político, pero es bueno también aclarar, que nunca he sido pertenencia o fanático de ningún “líder” y que tampoco me encuentro en un hostiario en espera de alguna consagración.

Por eso me vale tanto el uno como el otro o todos los demás. En la campaña más que demostrado está, que todos necesitan una buena pócima de huévil, en busca de controlarles la disentería oral que ataca a todos por igual.

Sería una falta de respeto considerar al candidato del gobierno y su equipo como si fueran un grupo de gilipollas, el pedirle que asista a un enfrentamiento en el ring, sería lo mismo que pedirle que se suicidara políticamente o que por una mala jugada del destino, vaya y le salga un Rocky. Y para qué, si lo tiene todo, si está corriendo por dentro sin que por asomo se vean sus contrarios y por el contrario, la meta está a muy poca distancia, mientras el molote se entorpece y obstaculiza el avance, porque todos quieren ser cabeza en vez de aupar aquel que pueda alcanzar a quien corre solo en la delantera.

Por eso mi voto es nada, quizás un solo voto o quizás no. Asquea siquiera pensar en votar por alguien, cual que sea, donde a los pedigüeños e infelices se les “done” una papeleta de quinientos pesos para que se “solidaricen” utilizando una franela con la propaganda de quien puede donarla, aunque sin saber de dónde ha salido tanto dinero para derrochar en una vulgar y humillante manifestación de “apoyo”, que una vez pasó el líder, la misma va al zafacón para ponerse la del otro que se aparecerá al siguiente día. De ahí que reitere aquello de que los políticos en esta campaña son simples farsantes ofreciendo la gloria, encachando cunetas y asfaltando callejones hasta para bicicletas, pero que una vez ganan la posición entonces pierden su condición de farsantes para convertirse en un tremendo fraude.

No sé si mi voto me otorga derecho preguntar a tantos seguidores por encargo, si no consideran que “el futuro es manejable pero la vida es imparable” y ante tantas ambiciones por “gobernar”, claro, como palanca para hacer su entarimado político que les permita gozar de los negocios espurios que durante ya tanto tiempo estamos viendo, incluyendo los monopolios que subvencionamos para que permitan la ¿gobernabilidad?, como ese de los transportistas de carga y otros tantos que nos mantienen en una “riqueza” económica blindada, pero que solo beneficia a muchos de estos políticos desconocedores de que, “primero se aprende a remar en la golera y luego hacerse cargo del timón” No, eso no lo comprenden y los pendejos continúan “botando” su fuerza en una jodida urna.

Hasta cuándo tendremos que soportar a funcionarios-políticos-militares-policiales, aunque todos son los mismos que nos mal gobiernan, que ante las desgracias –como los escándalos de las estaciones de gas-solo argumentan irresponsabilidades, porque aquí todo es el Presidente que lo tiene que resolver, quizás por eso “las visitas sorpresas”, las mismas que hacia Trujillo para verificar que los funcionarios cumplían con sus obligaciones, con la diferencia de que ahora, simplemente no pasa ¡Nada!

Por eso volvemos a lo dicho por Thomas Jefferson y su idea de que “el mejor gobierno es el que menos gobierna”, esto para referirnos a nuestro “autóctono” si así se podría llamar al sistema democrático presidencialista que nos ha mantenido desde siempre sujetos a predestinados; bondadosos; magnánimos y en los últimos tiempos, más clientelistas que los mismos clientes, donde hasta para inaugurar una letrina se necesita la presencia del primer mandatario y hasta para limpiar la cañada, hay que esperar la figura celestial del ¡Señor Presidente! ¿Votamos o no? ¿O seguimos en lo mismo? ¡Si señor!

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