La cruzada de Ratzinger no la provoca el cambio climático, ni el aumento de la pobreza y la desigualdad provocadas con la globalización del neoliberalismo. Tampoco es el crecimiento exponencial de la población mundial, la deforestación, la disminución de las fuentes de agua potable, ni la mortalidad materna o infantil. Nada de eso. Lo que le quita el sueño es la secularización en Europa.
Datos de la Encuesta Europea + Mundial de valores del año 2000 indican que el número de los Europeos que contestaron afirmativamente a la pregunta "¿Cree usted en Dios?" fue afirmativa solamente para el 46% de los suecos, el 50% de los alemanes, el 56% de los franceses, el 58% de los holandeses, el 61% de los ingleses, y el 62% de los daneses, el 67% de los belgas, el 80% de los españoles, y el 83% de los austríacos. En los restantes países los porcentajes de creyentes son más elevados.[i]
Reacción del Vaticano
El Vaticano está particularmente perturbado con los cambios culturales que de manera acelerada experimenta España, y que en la encuesta citada constituye el país católico que en pocas décadas ha pasado de ser uno de los más religioso a uno de los menos religiosos, con indicadores de increencia y arreligiosidad similares a Bélgica y Austria. Por eso Karol Józef Wojtyła, en su mensaje del 24 de enero del 2005 dirigido a un a un grupo de obispos españoles durante su visita a Roma, condenó el laicismo en su discurso con estas palabras:
"La ideología laicista es incompatible con la libertad religiosa". Y advirtió que el laicismo español, "lleva gradualmente, de forma más o menos consciente, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso, relegando la fe a la esfera de lo privado y oponiéndose a su expresión pública".
Este papa que Ratzinger se ha apresurado a beatificar, cae en terreno movedizo. La separación de iglesia y estado en vez de quitar la libertad religiosa la garantiza; lo que sí quita es la hegemonía de una sola iglesia sobre las demás, el uso de los dineros del pueblo para financiarse, y el uso de las instituciones del estado para imponer sus dogmas a toda la población; como son la criminalización del aborto terapéutico o por violación, la enseñanza de religión en las escuelas, la negación de los derechos legales a las uniones gay, etc.
Ratzinger continúa la línea del polaco Wojtyła, pero como no puede hablar honestamente de que es lo que en verdad defiende, sus alegatos se hacen incomprensibles. Para enmascarar viejos argumentos ha creado un nuevo vocablo: laicidad. Ratzinger afirma que "no es expresión de laicidad, sino su degeneración en laicismo….la hostilidad contra cualquier forma de relevancia política y cultural de la religión; en particular, contra la presencia de todo símbolo religioso en las instituciones públicas".[ii]
En mi búsqueda del vocablo laicidad encontré que no está registrada en el Diccionario de la lengua española (DRAE) y El Pequeño Larousse Ilustrado presenta ambas palabras, laicidad y laicismo, como sinónimas; definiéndolas como la "doctrina que defiende la independencia de la sociedad y el Estado de toda influencia eclesiástica".
Para comprender la nueva cruzada del vaticano es necesario conocer las características del proceso de secularización en países Europeos que la provoca.
La última Encuesta Europea + Mundial de valores (2000)
Millán Arroyo, profesor de sociología de la Universidad Complutense, analiza los datos de la Encuesta Europea + Mundial de valores del año 2000 utilizando el método comparativo para llegar a conclusiones que explican la secularización Europea.[iii] Estas son sus principales conclusiones:
1) Generaciones de europeos educados en la tradición cristiana pero con valores modernos producto de cambios culturales y desarrollo económico, tienen niveles de increencia y arreligiosidad comparables a países excomunistas de Europa Oriental que no han experimentado los mismos niveles de desarrollo económico pero están formadas por varias generaciones que han recibido una religión oficial laica y una visión no-religiosa del mundo.
2) Los Estados Unidos mantienen una religiosidad alta acompañada de valores modernos y nivel de desarrollo elevado. Representa una excepción del proceso de secularización europeo que Millán Arroyo explica por la existencia de un estado laico en los Estados Unidos y una pluralidad de confesiones religiosas.
El estado laico permitió desde la fundación de la nación dar un trato igualitario a las religiones y sacarlas del espacio público, incluyendo de la enseñanza en las escuelas públicas. Por otra parte, la pluralidad de Iglesias hizo posible que ninguna se constituyera en hegemónica y que la lucha por el poder se librara a través de los fieles individuales, no de las iglesias.
Otra determinante de la religiosidad en los Estados Unidos es que ni sus políticos ni su sociedad desarrollaron una visión de izquierda. Por siglos, las fuerzas progresistas europeas enfrentaron los grupos de poder, los cuales estaban identificados con la religión. Esta polarización no se dio en los Estados Unidos, pero continua presente aún en Europa. El autor la explica como "el producto de la vinculación de identidades religiosas y nacionales y el resultado de siglos de guerras de religiones en Europa y de influencias recíprocas entre iglesias y poderes políticos".
Mientras en la Europa Occidental la izquierda política incidió en la formación de sociedades social demócratas y en Europa Oriental en países que fueron comunistas, en los Estados Unidos ni los políticos ni la sociedad se han identificado con una visión de izquierda.
3) La distinción entre países europeos católicos y protestantes pone de manifiesto que es en la Europa protestante donde la secularización ha incidido más profundamente. Los países protestantes tienden a ser menos religiosos que los católicos en muchos indicadores citados por el autor: asisten menos a misa, rezan mucho menos, tienen niveles de creencias mucho más bajas, se consideran menos religiosos y confían menos en las iglesias. Además, sus iglesias inciden menos socialmente y están menos presentes en la población
La Europa católica no sólo es más religiosa, pero se comporta y piensa de manera diferente. En palabras de Arroyo "[Las sociedades católicas] se caracterizan por ser más tradicionales (por ejemplo, en sus orientaciones familiares, ética y moral, permisividad, etc.) menos individualizadas y han asimilado menos los valores asociados a la postmodernización". Otro factor diferenciador es que han alcanzado, con excepciones como Francia, menos desarrollo económico y expansión del bienestar, por lo que se preocupan más por satisfacer necesidades básicas.
El autor encontró en la injerencia de la Iglesia Católica el factor que explica por qué los países católicos son más religiosos, más tradicionales, y se comportan con valores menos individualizados y asociados a la modernidad. Los datos muestran que el porcentaje que considera que la Iglesia y las organizaciones religiosas tienen mucho poder en sus respectivos países es mucho mayor en países de tradición católica que en los de tradición protestante. Esto lo afirma el 60% de los polacos, 48% de italianos, 45% de irlandeses, 43% de españoles, 30% de franceses, y 27% de portugueses. Frente a 15% de daneses, 23% de suecos y holandeses, 31% de británicos, y 32% de noruegos.
4) Entre países católicos existen diferencias. Arroyo sitúa a Francia como país católico excepcional, por comportarse en los planos religioso, cultural, y económico como un país protestante. En el extremo opuesto se sitúan Polonia e Irlanda, las más religiosas de Europa, "en las que las identidades religiosas se siguen fundiendo con las identidades políticas". Bélgica y Austria, están "fuertemente" secularizadas, aunque no tanto como Francia o los países escandinavos. Entre los países del sur, Italia, España y Portugal, Arroyo destaca a España como "el país más diferente", por haber pasado de ser uno de los más religiosos a uno de los menos entre los católicos, y por ser menos conservador y tradicional.
Conclusión sobre secularización en países católicos
Los resultados del estudio muestran que una parte de los países católicos presentan indicadores de secularización relativamente avanzados y comparables a los países con culturas protestantes, mientras otros permanecen cercanos a la Jerarquía Católica, como son los casos de Italia, Portugal, Polonia, e Irlanda. La próxima encuesta puede determinar mayores alejamientos en países donde la Jerarquía Católica por años protegiera a sacerdotes pederastas.
El análisis de datos con técnicas estadísticas más avanzadas de regresión y factores de componente principal (Arroyo 2008) permiten demostrar, que entre los países católicos las diferencias están íntimamente ligadas con los grados de "modernización cultural". La cultura moderna o postmoderna implica la interiorización de valores y de sensibilidades que se manifiestan en el juicio y la determinación estrictamente personal sobre las reglas de comportamiento en cada situación.
Estas reglas siguen siendo compartidas, como se manifiesta en la aceptación de los derechos humanos como referentes universales. Pero estas manifestaciones de la individualidad social son en muchos casos inaceptables para la Iglesia Católica, particularmente cuando se expresan en comportamientos familiares no-patriarcales, en la aceptación del aborto y el divorcio, aceptación de comportamientos de comunidades LGBT, etc. El resultado es que a mayor nivel de individualización social mayor es el proceso de secularización en la sociedad y la cruzada del Vaticano aumenta en su empeño por mantener sus dogmas e influencia en la sociedad.
[i] ISSP. Encuesta Europea + Mundial de Valores, 2000.
[ii] La Laicidad Benedicto XVI. Extracto del discurso a los juristas católicos, 9 de diciembre, 2006. http://www.corazones.org/iglesia/mundo_iglesia/laicidad_laicismo.htm
[iii] Ver Millán Arroyo. La fuerza de la religión y la secularización de Europa. En Iglesia Viva, No.224, octubre-diciembre 2005, pp. 99-106; y del mismo autor, Individualización y religión en la Europa católica. Revista 9, Universidad Complutense de Madrid. Junio, 26, 2008, pp. 61-85.