Soy de los que manejo escuchando los gobiernos de la Zeta y, en medio de un tapón, escuché la defensa de Álvaro Arvelo, a quien no tengo el gusto de conocer, del ex Contralor General de la República, Ivanhoe Ng Cortiñas, a quien conozco.
En primer lugar, corroboro con Álvaro en aquello de “porqué al chinito y olvidarnos de las pensiones del Banco Central”. Si queremos imponer un criterio moral debe ser para todos los casos conocidos: desde los congresistas hasta los jueces de las altas cortes.
También estoy de acuerdo con que el problema no está en las sábanas: el daño se hizo cuando con el cambio de un sistema de reparto se pasó a uno de capitalización, se olvido entonces incluir en el universo de la Ley a las instituciones autónomas que podrían auto-reglamentarse y la tentación es muy grande como para establecer un sistema de reparto en base a los fondos públicos. ¿Está en agenda reparar este “olvido” criminal?
En segundo lugar, ¿Por qué se ha sido tan selectivo en señalar como un pecador a Ivanhoe y hasta desmeritarlo como aristócrata, cuando es un hijo de personas humildes que parece ser la ofrenda de sacrificio en el altar de la opinión publica para dejar impunes a casos más sorprendentes y no corregir lo que esta mal?
En tercer lugar, la inequidad flagrante del sistema que permite que las altas pensiones irregulares se generen y los casos de los humildes que el sistema quebrado de reparto no-pensionados que podrían satisfacerse mensualmente en conjunto con uno solo de los pensionados irregulares, se desprecian, como es el caso de los cañeros.
Evidentemente, don Álvaro me sorprendió con su defensa y con su reiteración de que seamos consecuentes y que se acabe el reino del “medalaganarismo” imperante en el país.