Jungla de Cemento

La crisis de un país hermano y qué enseñanza nos deja

Por Miosotis Ledesma Macon

Otra vez las redes sociales forman parte de un momento histórico al hacer virales las imágenes que le han dado la vuelta al mundo sobre las recientes protestas del pueblo cubano en contra del sistema comunista. Se ha puesto en evidencia la disfunción económica de la caribeña isla y el desgaste de un modelo político.

Protestas de esa naturaleza no se habían visto en Cuba desde los años noventa, debido a la represión que impone el régimen. Estas protestas ha tenido como punto de partida el cansancio del pueblo por la crisis de la pandemia, así como también la fallida línea política del presidente Miguel Díaz-Canel al introducir una serie de medidas económicas desde su ascenso al poder. Se ha dificultado aún más la obtención de productos de primera necesidad.

Al igual que la crisis que experimentan las demás naciones de la región, la pandemia ha acentuado el debilitamiento de la democracia latinoamericana, pero Cuba, excepción latinoamericana, mantiene los principios de su modelo económico-social y el discurso estancados en el siglo XX.

El comunismo de la isla es un remanente de finales de los 50 dentro del marco de la Guerra Fría, cuando muchas sociedades latinoamericanas buscaban hacer resistencia a la hegemonía del imperio estadounidense. El problema surgió, cuando estas naciones se convirtieron en dictaduras, unas de izquierda y otras de derecha. Las de izquierda fueron enfrentadas por EE.UU, potencia que financió a las dictaduras de la derecha.

El problema de Cuba es que no ha podido evolucionar en su modelo de socialismo, como sí lo hizo China. El gobierno de China desarrolló la capacidad de adaptarse a los cambios hasta convertirse el gigante asiático que es hoy, pasando de una economía agrícola a la industrial de fuerte impacto en las áreas tecnológica, automotriz, armamentista, militar  con el PIB de mayor crecimiento del mundo.

En Cuba, bajo la consigna ¡Libertad! las protestas evidenciaron que la clase gobernante cubana no puede seguir tomando como excusa el bloqueo económico impuesto por los EE.UU desde el 1960. Tampoco ha convencido a la población que las protestas son financiadas por los disidentes desde Miami.

Si bien es cierto que Cuba fue el ejemplo a seguir como la nación que se impuso sobre los Estados Unidos haciendo resistencia a la imposición del imperio, al mismo tiempo la tierra de José Martí se estancó en el tiempo, sustituyendo la prosperidad por el retroceso.

Es tiempo de una transición en Cuba. Podría hacerse con la participación de la comunidad internacional, mediante un plan conjunto donde se articule la reconstrucción de las instituciones, el establecimiento de un modelo democrático con elecciones libres, la apertura de su industria y que sobre todo, se abogue por el mejoramiento de la calidad de vida de su gente.

El hartazgo que experimenta el pueblo, se manifiesta solicitando un relevo del obsoleto liderazgo que ha mantenido a Cuba en crisis por más de 60 años.

Apostamos a que Cuba se abra al mundo, y el que el mundo se abra a Cuba. Que la Perla de las Antillas desarrolle la capacidad de poder manejar su propia política, que pueda intercambiar más que médicos, arte, cultura, deporte, literatura, agricultura e industria

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