En la medida en que gran parte de la militancia política se ha transformado en un mero escalón para encontrar a través del arribismo lo que no se puede lograr por la escasa calidad profesional, técnica y hasta humana, también ha quedado reducido a lo fácil la labor de dirigir un partido tras sus objetivos de poder.
Me sorprende cómo la mayoría de los dirigentes y los propios partidos toman decisiones importantes solo y parece que casi exclusivamente guiados por el resultado de encuestas de opinión.
Atrás ha quedado el "análisis concreto de la realidad concreta" y ahora una, dos o tres firmas encuestadoras dan el resultado que encuentran y el cliente, que en este caso es un "dirigente político", lo asume como la realidad.
No digo que una encuesta no sea un instrumento válido de trabajo, digo que es uno de ellos, muy probablemente de mucho menos valor que un análisis a fondo, con buen conocimiento de la cultura política del país y del sentido que toma la lucha de intereses en cada período histórico.
Diez encuestas simultáneas pueden tener resultados diferentes dependiendo del diseño, la profesionalidad del personal de campo, la metodología adoptada para localizar la información y el interés de quien la va a dirigir.
No cambio yo un buen análisis, si es colectivo en un grupo de gente de experiencia y capacidad política mucho más, por diez encuestas que retratan un momento que cambia tan fácilmente, no solo en pocos días, sino en solo horas dependiendo de la dinámica de los acontecimientos.
Las encuestas para algunos políticos de estos tiempos son un equivalente de una vacuna para los seres humanos.
Parecen creer que si tienen una encuesta favorable y una cuadra de asalariados que las cacareen en los medios de divulgación, ya tienen garantía de que no se infectarán con una derrota.
Estoy convencido de que el resultado de las elecciones, pese a cualquier esfuerzo "técnico" en las mesas electorales y el tribunal de comicios, será muy diferente a los porcentajes que publican hasta hoy las encuestas.
La realidad es mucho más "real" que la película que retrata una encuesta tomada en dos o tres días sobre un marco preparado por una empresa que no pertenece a las Hermanas Carmelitas.
Quienes guiados por encuestas sueñen con resultados ajustados a sus números, es muy probable que despierten mojados de pipí ante la sorpresa del viraje brutal de la intención del voto.
Solo cuando la política está guiada por análisis ponderados, acciones buscando crear situaciones con la efectiva valoración de riesgos, los resultados se pueden prever con mayor grado de certeza.