Los laberintos complejos de la ciberpoesía, como son la interconectividad, lo instantáneo, la incertidumbre del hecho poético y su hibridez, han de ser asumidos por el sujeto creador como posibilidades infinitas que se pueden desplazar por las abiertas y líquidas avenidas del ciberespacio, dentro del cibermundo.

Aquí, el concepto de sujeto, ha de ser entendido como lo plantea el dominicano Andrés Merejo, al citar a algunos lingüistas: desde la óptica del sujeto cibernético como categoría social, desde una ciberepistemología articulada al lenguaje, al poder digital, a la cultura, a la lengua y a la sociedad (Meschonic, 2000, 2007; Núñez, 2014; Moquete, 2016), lo que implica una historicidad radical en cuanto a la transformación de las condiciones, no sólo del ver, del sentir o comprender, sino también del leer y del escribir. El sujeto se constituye a sí mismo; desde una u otra forma se va haciendo; su obrar lo va definiendo en la cultura, en la lengua-sociedad en que vive. 

Uno de mis amigos escritores dominicanos disidentes, el intelectual Diogenes Céspedes, refiriéndose a Merejo, dice lo siguiente:

"Merejo es, pues, el introductor de una nueva disciplina y un nuevo conocimiento que no existía en la cultura dominicana hasta 1998: La cibernética, el cibermundo y el ciberespacio, su epistemología y su ética política y creador, además, de una nueva categoría social, el sujeto cibernético, el cual ha sido añadido a los 13 tipos de sujetos que Henri Meschonnic enumeró, definió y analizó en su segundo libro publicado en Santo Domingo en 2000 por la Feria del Libro, con el título de "Crisis del signo. Política del ritmo y teoría del lenguaje".

Presentación del libro: Hackers y filosofía de la ciberpolítica, en Marzo  (2012).  Por Diógenes Céspedes

Sobre es este ciberhermeneuta, sigue diciendo Céspedes:

"Merejo es, pues, el introductor de una nueva disciplina y un nuevo conocimiento que no existía en la cultura dominicana hasta 1998: la cibernética, el cibermundo y el ciberespacio, su epistemología y su ética política y creador, además, de una nueva categoría social, el sujeto cibernético, el cual ha sido añadido a los 13 tipos de sujetos que Henri Meschonnic enumeró, definió y analizó en su segundo libro publicado en Santo Domingo en 2000 por la Feria del Libro con el título de Crisis del signo. Política del ritmo y teoría del lenguaje.

El aporte de Merejo a la cultura informática y cibernética dominicana ha tenido el doble mérito de la realización de sus estudios sobre estos temas y sobre la astrofísica en los Estados Unidos y su total aclimatación a la especificidad de un país infopobre como lo es la República Dominicana. Y este trabajo de transformación de una práctica que él encontró en su sociedad no hubiese sido posible si Merejo no hubiese hecho una alianza con el discurso teórico de la poética meschonniciana, pues jamás hubiese podido reflexionar acerca de lo que es el sujeto, concepto clave para fundar un discurso crítico del mundo contemporáneo y sus prácticas sociales.

Un libro previo de Merejo titulado La vida americana en el siglo XXI (SD: De Colores, 1998) le sirvió de base y experiencia para acceder a lo empírico de la vida dominicana, tanto en el siglo XX como en lo que va del XXI. Pero nuestro autor se ha nutrido también, reconociéndoles los aportes y las fallas, de los grandes intelectuales de ambos siglos, tales como Daniel Bell; Manuel Castells; Alvin y Heidi Toffler; Nocholas Negroponte; Francis Fukuyama; Gilles Lipovetsky; Octavio Paz; Giovanni Sartori; Paul Virilio; Jean Baudrillard; Luis Joyanes; Vivianne Forrester; Peter Drucker; Bill Gates; Michel Foucault; Mark Minasi;  Alain Minc, y otros con quienes dialoga en una obra anterior titulada "La República Dominicana en el Ciberespacio de la Internet". Ensayo filosófico Cibercultural y Cibersocial (1995-2007), publicada en la Editora Búho en 2007, así como posteriormente en su tesis doctoral sobre Filosofía en un mundo global defendida en 2011 en la Universidad del País Vasco.

Y ha sabido también Merejo dialogar con los intelectuales dominicanos que han asumido, con o sin crítica epistemológica, el discurso de la cibernética,  la Internet, el cibermundo y el ciberespacio, tales como Leonel Fernández, Andrés L. Mateo, Manuel Núñez, Manuel Matos Moquete, Marcio Veloz Maggiolo, Cándido Gerón, José Rafael Lantigua y quien les dirige la palabra. Estos nativos, y los extranjeros citados en el párrafo anterior, son los interlocutores con quien Merejo dialoga, discute y sitúa las ideologías de los discursos que estos sujetos han producido acerca de los temas ciberespaciales, como se denominó la columna del autor en "La Cultura del Siglo", finaliza diciendo el teorético, disidente y cimarrón, líder del partido Diógenes Céspedes.

Pero mi compromiso no es hablarles aquí sobre Céspedes, ni sobre Merejo,  uno como lingüista y otro como ciberfilósofo y narrador dominicano, sino seguir mi abordaje teorético sobre la ciberpoesía.

Dentro del mundo de la ciberliteratura, convive el ciberdiscurso poético, el cual, en este caso, ha de estar en complicidad con lo visual, lo rítmico, lo audio-polifónico, el rejuego gráfico y la hibridez en su organización estético-enunciativa, con el marcado objetivo de que el sujeto-creador, se inserte en el gusto o la preferencia, no ya del simple lector, sino de otros sujetos que, con ojos, oídos y sentidos, acepten o rechacen su hecho de lengua, el cual está vinculado a la cultura, a la lengua misma, al Estado, a la sociedad y al poder.

Se trata, entonces, de que la ciberpoesía está circunscrita a una contextualización estética, mediada por la complejidad de sus componentes discursivos, por lo que el sujeto-creador, en este caso, el ciberpoeta, trasciende la simbología de la metáfora, para entrar en la transgresión de la imagen cinética, la sonoridad y lo gráfico, constituyéndose en un acto de ruptura con lo estático, porque es resultado de una literatura líquida, en cambios inesperados y en constante transformación sintagmática y fónica y porque se desprende de una cultura en permanente movimiento. Aquí lo ético y lo estéticamente identitario, es un constructo.

En la ciberliteratura, nos encontramos con ciberpoemas, infopoemas, antipoemas, e-poemas, entre otros, los cuales son producciones generadas desde el ámbito de lo digital o dirigidas hacia los entornos cibernéticos. Esto implica, repito, que el sujeto creador, en este aquí y ahora, no necesariamente debe ser un experto en tecnología de punta, ni un técnico programador, ni especialista en la dirección de bloggers, pero sí, necesariamente debe tener potencial creativo, imaginativo y profundo sentido de la utopía, para, desde lo real o desde las dimensiones infinitas de lo virtual, asumir su condición de sujeto que piensa con los pies puestos sobre el tiempo y la cabeza en la infinitud del cielo.