En la Biblia también encontramos los precedentes del debido proceso y la oportunidad de un individuo de tener un juicio justo con oportunidad de revisión y apelación, principios que se encuentran desde los primeros estadios de la humanidad.
El debido proceso para tener un juicio justo es un principio universal consistente en las legislaciones constitucionales de occidente. Se han escrito miles de obras sobre estos principios y forman parte de la historia de la filosofía del derecho.
En el antiguo testamento, vemos a Moisés que fue el juez de Israel (Éxo. 18:13, 16). Con el tiempo, este rol, llegó a ser una responsabilidad insoportable para él porque ya el pueblo era muy numeroso, por lo que sabiamente se tuvo que instaurar un sistema que garantizara un proceso justo y con todas las garantías posibles.
Sin embargo, vemos en los relatos bíblicos que en primer lugar, la gente debía aprender las leyes que regulaban esta nueva sociedad para actuar con responsabilidad, principio básico para los ciudadanos de las sociedades actuales: saber sus derechos.
En segundo lugar, para garantizar el proceso y las oportunidades había cortes de primera instancia en todo el campamento israelita. La jurisdicción de estas cortes se limitaba a cuestiones legales menores, no obstante los jueces designados para esta función eran seleccionados con cuidado, estaban comprometidos a ejercer su oficio con dignidad y decoro porque lo hacían para Jehová y eran confiables desde el punto de vista moral.
En tercer lugar, había una instancia superior en la que Moisés era el juez. Allí se traían los casos más complicados. No podemos decir que era un tribunal de apelaciones, sino una jurisdicción que se ocupaba de los casos más importantes.
Posteriormente este sistema constituyó la base de toda la estructura judicial del antiguo testamento. Naturalmente como todas las cosas que evolucionan en una sociedad el fue modificado ligeramente antes de que los israelitas entraran a Canaán, porque ya los requerimientos legales del sistema de justicia no iban a ser los mismos. La sociedad israelita paso de ser nómada a ser ocupantes de ciudades.
Por ese motivo las cortes de primera instancia fueron ubicadas en los pueblos o en las puertas de las ciudades, uno de los lugares más importantes y centro de la vida de la ciudad. En cambio, la corte superior fue ubicada donde estaba el santuario, y se ocupaba de casos de homicidio, pleitos o violencias graves. Generalmente un juez, junto con un sacerdote, siempre se encargaban de tomar la decisión legal final.
Posteriormente en la época de la monarquía. El Rey se convirtió en el “juez de la tierra” (2 Sam. 15:4), pero aún así no podía actuar solo, el sistema de justicia estaba desconcentrado siendo un digno ejemplo de garantías del debido proceso, incluso mucho mejor de las que fueron las monarquías europeas del siglo XVI Por ejemplo, David designó jueces (1 Crón. 26:29), para dirigir las cortes menores.
Es probable que la corte del rey se ocupaba de los casos más difíciles, y de las apelaciones. Las reformas legales instituidas por Josafat podrían ayudarnos a entender. El puso jueces en todas las ciudades fortificadas de Judá y una corte superior de Jerusalén estaba compuesta por sacerdotes, levitas y algunos de «los padres de las familias de Israel o ancianos.
Estos se encargaban bien de los casos más complicados, derivados de las cortes inferiores que pueden haber incluido casos religiosos, civiles y penales. El rey designaba a su representante para esta corte superior.
Con estos ejemplos podemos tener idea de cómo operaba el sistema judicial bíblico, un tema que apenas tocamos, ya que ocuparía varios tomos. Sin embargo, al final, Dios es el juez supremo al cual compareceremos en el tiempo final.