El centro Bonó es una especie de oráculo de reflexión a favor de las grandes y olvidadas mayorías nacionales.

Tal que lo que debería estar haciendo el club de intelectuales perredeístas o peledeístas sin oficio, o lo que queda de cierta izquierda democrática trasnochada y atrapada en la guerra fría ya descongelada, pues mire usted que viene y se lo monta el área social y humana de la iglesia católica, lo que habla muy bien de una institución que cuando le da por la ser la voz anquilosada, arrogante y clasista de la derechona, es la del carajo, ¡cuánta prepotencia! Pero eso sí, cuando su alma verdaderamente cristiana, la comprometida realmente con las necesidades materiales y espirituales de los más pobres se dedica a la tarea, pues mire que se convierte en todo un oráculo, aunque no el de  Delfos, -que allí había muchas piedras y siempre andaba Apolo en batas raídas mostrando sus vergüenzas-, sino en oráculo de los barrios populares nuestros y sus necesidades, donde todavía habita Dios con su gran amor, la María Magdalena, según mis fuentes.

Estos curas jesuitas y sus amigos son la mejor expresión de una iglesia que juega todas las bases, y las juega bien.

En la Iglesia Católica hay para todos los gustos e incluso para todos los disgustos. Pero uno prefiere, respeta y admira a esta, la iglesia del centro Bonó y sus curas del carajo, que agarran y realizan su análisis de coyuntura cada mes y encuentran la verdad de las cosas, aunque hay que decir que para los instalados en su confort y en sus olvidos, la verdad de los pueblos casi siempre les resulta anacrónica, añeja, fuera de tiempo.

Tal que ahí están los resultados. Todavía, en esta sociedad de mentiras y  decoraos, el 70 por ciento de las manifestaciones sociales se realizan para exigir servicios fundamentales que contempla la Constitución.

Y otra conclusión importante: Todos los avances  en el reconocimiento de derechos de los mas pobres han  sido arrancados en duras luchas sociales donde a veces hasta los muertos los pone el pueblo. Aquí con el acuerdo viene el olvido y siempre hay que ir a la lucha social.

Y también se supo allí,  que hay que dar continuidad y también base técnica e intelectual a los reclamos. Prepararse para el debate mediático de los temas. No temer al enfrentamiento retórico con el jefe del Estado y su ministro sobre tal o cual tema.

Hablo de documentarse y documentar a la gente. Utilizarnos a nosotros, los que dirigimos medios de comunicación, para divulgar ideas y argumentos. El Bulevar y De la Semana siempre han sido su casa. Entre usted y sírvase un trago, padre, uno solo.

El 4% para la Educación ha sido el mejor ejemplo pero queda mucho por hacer.

Hay que crear ciudadanos, parir solidaridad. Empoderar a la gente en sus derechos, y también en sus responsabilidades. Ser ciudadanos. Hacerse cargo de sus vidas, sin ogro filantrópico, sin narco patrocinador ni chulos de despacho.

Hay que organizar e ir a las calles como quien va a una fiesta (entre las chicas alternativas siempre veo trigueñas hermosas, con perdón) no a dañar propiedad privada, sino a decirle al poder: oiga usted que lo está haciendo mal. A gritarle con Serrat a quien quiera escucharnos: “…usted nos tiene a nosotros, padre, y nosotros no tenemos miedo. Pero asómese porque son ellos los que están matando la tierra, padre, deje usted de llorar que nos han declarado la guerra”. Por todo esto, como a Sabines, “A mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios”.