"Hoy, puedo anunciarles que ya se ha diseñado un plan para darle una solución permanente y una vivienda digna a estas familias.", señalaba el Presidente Danilo Medina al referirse, en el discurso de rendición de cuentas, a las comunidades  que viven en situación de precariedad tanto en La Barquita como en las proximidades del lago  Enriquillo.

El anuncio ha servido para alegrar las penurias de un importante grupo de la sociedad dominicana,  llevando esperanza allí donde la naturaleza a cobrado con intereses, las agresiones producidas por los seres humanos. Zonas que han sido afectadas por la debilidad histórica de las instituciones encargadas de velar por la protección del medio ambiente y la regulación del uso del suelo, los cuales han permitido la ocupación indiscriminada de emplazmientos no aptos para ser habitados.

No hay dudas, que tal y como señalo el Presidente Medina en su alocución, estas comunidades se han convertido en el símbolo de la vulnerabilidad y el sufrimiento, sin embargo estos emplazamientos no son los únicos que evidencian estas realidades a nivel nacional y los mismos son el resultado de una visión incorrecta al planificar el desarrollo a nivel nacional, el cual se revela con consecuencias negativas a nivel local.

Desde principios de la decada de los sesenta, la Republica Dominicana ha formulado numerosos planes de desarrollo indicando las metas e indicadores necesarios para conducir los destinos a nivel nacional; sin embargo luego de mas de cincuenta años de crecimiento económico sostenido, los niveles de miseria del pais continuan evidenciando las precariedades de una gran parte de la población, con un indice de pobreza de un 42.2% y un porcentaje de indigencia en un 20.3% (Cepal 2011).

Estos datos contenidos en el mas reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), contrastan con la media Latinoamericana, la cual indica que el porcentaje de pobreza en la región es de un 28.8%; de igual manera el mismo informe señala "que en promedio el 10% más rico de la población latinoamericana recibe 32% de los ingresos totales, mientras que el 40% más pobre recibe solo 15%"; una evidencia mas del aumento de la desigualdad expresada en los distintos territorios, producto de la ausencia de oportunidades.

Es necesario que la planificación del desarrollo incorpore la dimensión territorial al momento de analizar la realidad nacional, con el objetivo de formular políticas ajustadas a las necesidades y capacidades de cada territorio, distribuyendo de manera mas efectiva la inversión publica, todo esto con el fin de crear oportunidades para toda la población, por todo el territorio nacional.