Los problemas territoriales entran y salen del escenario mediático dejando al olvido las penurias de los afectados, en la misma medida que se desvanecen las soluciones definitivas a los principales problemas que les aquejan. Noticias con mayor impacto en el bolsillo de ciertos sectores de la vida nacional, relegan a un segundo plano las demandas que en algún momento fueron “urgentes”.
Mientras tanto una gran cantidad de habitantes continúan condenados a la miseria, la insalubridad, la inseguridad y la peligrosidad de residir a orillas del principal rio urbano de la República Dominicana, en zonas con altos niveles de riesgo y con la ausencia de servicios públicos efectivos. Emplazamientos próximos al centro urbano capitalino de Santo Domingo, pero alejados de los niveles mínimos de habitabilidad requeridos para una comunidad de seres humanos.
Estas diferencias tan marcadas con la ciudad formal consolidada, contribuyen a la proliferación de desigualdades a lo interno de los centros urbanos, creando dos mundos completamente separados por las características que los acompañan, pero unidos por un mismo territorio que no discrimina ante límites políticos, administrativos, sociales o económicos.
El más reciente informe publicado por ONU-Habitat, el cual se titula: “El Estado de las Ciudades de América Latina y el Caribe 2012. Rumbo a una nueva transición urbana”, señala “…en los últimos veinte años, la política pública relacionada con los asentamientos informales se ha caracterizado por un proceso de aceptación, legitimación, legalización y mejoras en diferentes grados… a pesar de esto en muchos casos, esto ha significado estancamiento, falta de desarrollo y continuidad de la segregación social y espacial”
A pesar de que un grupo de personas se encuentra afectada directamente por los sucesos que se presentan en los barrios que bordean esta importante fuente acuífera, toda el área metropolitana del Gran Santo Domingo compuesta por mas de tres millones de habitantes (3,294,385 habs./ONE 2010) se encuentra impactada por el modelo de ciudad que se ha permitido desarrollar en estos territorios.
Es por eso que el análisis de la ciudad formal permite identificar señales importantes que evidencian el aumento de las desigualdades a nivel urbano; la tendencia actual ha sido la construcción de nuevos barrios o condominios cerrados, los cuales buscan garantizar una serie de servicios básicos (electricidad, recogida de basura, seguridad, agua permanente, etc.) para el disfrute de sus residentes, sin embargo estas nuevas urbanizaciones refuerzan la segregación espacial reproduciendo las desigualdades y contribuyendo a la percepción de inseguridad. (ONU-Habitat 2012).
Por lo tanto La Barquita, sus problemas, su entorno y sus consecuencias para la gran zona metropolitana y para la nación, no deben desaparecer del ánimo de la población en general, ni de los responsables de garantizar un mejor nivel de vida para los dominicanos; es preciso que se formule un esquema de articulación inter-institucional para la conformación de un Consorcio que (entre otras tareas), pueda monitorear las propuestas, acciones y futuras ejecuciones en estas zonas tan empobrecidas, con el fin de que vuelva la esperanza para aquellos que hace mucho tiempo, ya la perdieron.