Desde las gradas

 La banca dominicana y la prueba de estrés de Dodd-Frank

Por Julio Díaz Sosa

La salubridad del sector financiero está concatenada con el desempeño no sólo de la economía local, sino global. Después de la crisis financiera del 2008, los agentes reguladores del sector financiero a nivel mundial iniciaron la implementación de medidas macroprudenciales que le han permitido supervisar con mayor rigor al sistema financiero. En los Estados Unidos, en el año 2010 el Congreso de ese país aprobó la ley Dodd-Frank. La prueba de estrés de la Ley Dodd-Frank (DFAST, por sus siglas en inglés), es una evaluación cuantitativa prospectiva del capital bancario que demuestra cómo un conjunto hipotético de condiciones económicas estresantes desarrolladas por la Reserva Federal que afectarían las proporciones de capital de los grandes bancos. Las pruebas de estrés son uno de los componentes de esa supervisión y le permiten a la Reserva Federal evaluar de manera efectiva si los bancos tienen capital suficiente para continuar operando y otorgando préstamos a hogares y empresas, incluso en momentos de estrés del mercado económico y financiero.

El pasado 5 de febrero de 2019, la Reserva Federal lanzó los tres escenarios de supervisión: línea de base, adverso y severamente adverso. Estos escenarios se desarrollaron utilizando el enfoque descrito en la Declaración de política monetaria de la Dirección de la Reserva Federal sobre el Marco de diseño de escenarios para pruebas de estrés. Los escenarios adversos y severamente adversos no son pronósticos sino escenarios hipotéticos diseñados para evaluar la fortaleza de las instituciones bancarias y su resistencia a un entorno económico desfavorable.

Los escenarios de supervisión incluyen el monitoreo de 28 variables. De esas, hay 16 variables que capturan el desempeño de la actividad económica, los precios de los activos financieros y las tasas de interés en la economía estadounidense, al igual que el desempeño de los mercados financieros. De igual manera, en esta amalgama de variables podemos encontrar tres variables macroeconómicas de suma importancia para estas pruebas de estrés: Crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) real, niveles de inflación y tipo de cambio nominal entre el dólar estadounidense y el bloque de cuatro países con las economías más grandes del mundo.

El escenario severamente adverso se caracteriza por una severa recesión global acompañada de un período de mayor estrés en los mercados de bienes raíces comercial y en los mercados de deuda corporativa. Este es un escenario hipotético diseñado para evaluar la fortaleza de las instituciones bancarias y su resistencia a condiciones económicas desfavorables y no representa un pronóstico de la Reserva Federal.

A continuación, vamos a extrapolar las condiciones de este escenario severamente adverso de la ley Dodd-Frank a la economía dominicana y su impacto en el sector financiero. Nosotros, no hemos realizado ningún modelo de simulación que vaya a arrojar un resultado favorable o desfavorable sobre las condiciones del sector financiero de la República Dominicana. El sector financiero dominicano muestra niveles de solvencia excelentes, el índice de solvencia del sector financiero es de 17.18% a septiembre de 2019. El patrimonio de técnico ajustado aumentó de RD$ 206,945.01 millones en septiembre de 2018 a RD$229,996.17 millones en septiembre de 2019, para un aumento de un 11% en términos interanuales. El capital requerido por riesgo de mercado pasó de RD$ 156,564.13 millones en septiembre de 2018 a RD$ 208, 507.21 millones en septiembre de 2019, para un aumento de un 33% en términos interanuales. Los activos y contingentes ponderados por riesgo crediticio y deducciones al patrimonio pasaron de RD$ 1,011,880.97 millones en septiembre de 2018 a RD$ 1,130,040.93 millones en septiembre de 2019, para un aumento de un 12% en términos interanuales, estos datos son ofrecidos por la Superintendencia de Bancos de la República Dominicana.

Como podemos apreciar en los principales indicadores que miden el desempeño del sistema financiero dominicano, muestran la solidez del sistema. Sin embargo, esa estabilidad podría desvanecerse debido a un escenario macroeconómico global y local lleno de incertidumbre. El alto nivel de endeudamiento por el que atraviesa el país podría ponerle un freno a la economía, por la alta presión que esto ejerce sobre las finanzas públicas. De acuerdo con datos ofrecidos por la Dirección de Crédito Público, la República Dominicana entre el 2017 y 2027, tendrá que pagar el 67.1% del servicio de su deuda externa, lo que equivale a US$24,966 millones. Por otra parte, entre 2024 y 2027 el Gobierno de turno tendrá que pagar US$10,019 millones. El déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos en el año 2018 fue de US$9,301.3 millones de acuerdo con cifras ofrecidas por el Banco Central de la República Dominicana. En el 2019, el déficit comercial continua su tendencia alcista, lo que podría desencadenar fuerte presiones en el tipo de cambio, impulsada principalmente por la caída del turismo en la segunda mitad del año.

El escenario de la economía internacional no luce nada halagüeño en los próximos dos años, y así a esto añadimos una posible recesión en los Estados Unidos, que por cada medio punto porcentual que se contrae la economía de ese país , la economía dominicana se contrae un punto porcentual, más los grandes déficits en el sector publico y externo, esto sería una camisa de fuerza para las autoridades de turno, que tendrán que enfrentar estos déficits con la sapiencia política necesaria, para no provocar una ralentización de la economía que traiga consigo un estallido social. Si la economía dominicana sufre una fuerte devaluación, y, por ende, un aumento del desempleo, esto traería como consecuencia un aumento de la morosidad en la cartera de préstamos de la banca nacional, y de ocurrir una cesación de pagos por el alto nivel de endeudamiento, esto provocaría una fuga de capitales sin precedentes en el país, que pondrían en riesgo la estabilidad del sistema financiero nacional.

El panorama macroeconómico del país luce sombrío de cara al próximo decenio, y de no actuar a tiempo para corregir los problemas de fondo que tenemos, la estabilidad del sistema financiero que gozamos desde hace casi dos décadas podría diluirse en cuestión de tiempo

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