Divagaciones

«La banalidad del mal»: sobre mediaciones y mediadores de la crisis

Por Miguel Sang Ben

La crisis generada por la suspensión de las elecciones municipales del pasado 16 de febrero, ha provocado la recurrencia a la mediación del pasado,… al Presidente del Consejo Económico y Social (CES), el presbítero Mons. Agripino Núñez Collado, por demanda del expresidente Hipólito Mejía y motorizado por la “aristocracia empresarial” del CONEP y adláteres.

Soy de la opinión de que estamos sesgado por la interpretación ética del mito “babilónico” de la lucha eterna “del bien vs. el mal”, infiltrada en la cosmovisión ética a través de las religiones «abrámicas» monoteístas. En ocasión del Juicio de Adolf Eichmann en 1960, la filósofa Hannah Arendt reportó el hecho para «The New Yorker» y, de sus reflexiones, salió la consideración de que el mal absoluto no existe, ante la imagen de un señor profesional que “aparca” su responsabilidad moral dejándosela a “otros” y se dedica a resolver la encomienda lo más eficiente y eficazmente posible.    

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Sé que estoy hablando una jeringonza “difícil” para la mayoría de los mortales. Pero, los dominicanos tenemos una experiencia en resolver nuestras “crisis políticas” por la intervención de “notables”. Si mal no recuerdo, la transición de la dictadura fue “mediada”; nuestra Guerra Civil del 1965 también fue mediada por el Nuncio de Su Santidad Mons. Emmanuel Clarizio; evidentemente, todas las circunstancias de los períodos de 12 y luego de 10 años, del Dr. Balaguer, fueron mediados por los directores de la prensa escrita, destacándose Don Rafael Herrera, pero de una manera Ad hoc, con el protagonismo de Mons. Agripino Núñez Collado y del obispo coadjutor de Santo Domingo, Mons. Francisco José Arnaiz; y en la etapa del Dr. Leonel Fernandez se constitucionalizó en la Reforma del 2010 con el Consejo Económico y Social, para la supervisión del gasto público, idoneidad de la gerencia del Estado y “mínima” participación ciudadana por representantes cooptados del empresario corporativo y el empresariado sindical con algunos representantes académicos y sociales.

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Mi extrañeza viene al evaluar la coyuntura producida por la suspensión, posposición o sabotaje (escoja usted la versión que prefiera) de las Elecciones Municipales del pasado 16 de Febrero, y se quiera trastocar la legalidad vigente para poner toda la decisión en una “negociación” que tiende a caotizar la situación al equipararla con las crisis pasadas, mientras que en la Junta Central Electoral (ese edificio frente a la ahora representativa «Plaza de la Bandera» –originalmente inaugurada como «Plaza de la Independencia»– se decide entre los actores electorales las medidas necesarias para garantizar que el 16 de Agosto se realizará el cambio presidencial según la normativa constitucional. Entonces, sólo podemos señalar a las reuniones del CES y a su mediador principal y compartes como «sediciosos» contra el orden institucional (lo que hacen es entorpecerlo) para imponer un reparto de privilegios garantizados por un supuesto pacto en que garanticen ciertas operaciones que representan enajenaciones del patrimonio nacional.

Aquí entra el “maniqueísmo” que denuncia Hannah Arendt, porque entonces entra en consideración “el mal menor” para aceptar un curso de acción para evitar un “mal mayor” que han creado por las campañas mediáticas de noticias falsas para desviar la atención de los dominicanos demostrada por el hartazgo de un liderazgo traidor a su fundador, el Profesor Juan Bosch, en su ejercicio del Poder. En consecuencia, si el diálogo no es de iguales, ¿para qué crear reuniones con representantes ilegítimos de la voluntad nacional?

Como cuando se hablan de escenarios probables, en nuestro país se reclaman pruebas, siento decirles que las tienen ellos, porque este escribidor no tiene ni secuaces ni calieses para conocer las pruebas que «ellos» producen y poseen. Por lo tanto, mi fe esta en los jóvenes que siguiendo la lucha de protestas, primero contra Bachelet y luego contra Piñera, han cuestionado las bases discriminatorias, concentradora de la riqueza y sin esperanza para las grandes mayorías. ¡Aquí, como allá, la historia sigue su curso!

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