Gracias a la voz de alarma dada por Miguel Mena en las redes sociales se ha llegado a conocer la situación del posible desalojo del reconido artista dominicano Tony Capellán de la casa que habita frente al Parque Independencia.

Tony Capellán tiene más de cuarenta años viviendo en los altos de la Barra Dumbo sin causar problemas a nadie. Allí es donde este laureado artista tiene su taller. Capellán no se mete con nadie, no le pide dádivas a ningún gobierno ni a ningún mecenas. Lo único que ha hecho en su brillante carrera es crear una obra que le da brillo a República Dominicana en los más importantes foros del circuito del arte internacional.

Resulta hasta cierto punto bochornoso que un artista del calibre de Capellán tenga que pasar por la ignominiosa situación de tener que rogar a los dueños del inmueble en donde reside que se comprometan a llegar a un acuerdo que le permita mantener el espacio que le ha permitido crecer como artista y en el cual guarda recuerdos de la mayor parte de su vida.

La avaricia de los propietarios del negocio contiguo a la casa de los Capellán, desde hace poco dueños de todo el inmueble, no conoce el sosiego y mucho menos entiende de razones cuando se trata de abultar sus arcas. Al fin y al cabo, como propietarios tienen el derecho de decidir qué hacer con su inversión.

Ahora bien, cuando el derecho de uno se ceba contra un sujeto de manera injusta, como sucede con Tony Capellán, hay potestad para obviar ese derecho hasta tanto se alcance algún acuerdo que evite un atropello.

Tony Capellán es uno de los artistas dominicanos de mayor nombradía en el campo de las artes plásticas de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. Ese nivel lo ha alcanzado sin aspavientos y por mérito propio, puesto que no es alguien que ande pendiente a pasearse por los museos y las galerías de moda de las grandes ciudades del mundo buscando acomodo.

El fruto de su trabajo de tantas décadas, forjado en la azotea de esa vieja estructura frente al Parque Independencia con la pasión propia del maestro que sin duda es, no le ha dado más que renombre a República Dominicana en el competitivo mundo del arte. Es hora de devolverle el favor con un gesto de desprendimiento similar. Hay que evitar que lo desahucien.