Con la colaboración del Ing. René Mateo, MSc.
La investigación realizada en la Cuenca del Río Nizao constituye un claro ejemplo de errores cometidos por técnicos asesores mal entrenados y débilmente documentados. Errores como éstos, a la postre, pueden llevar a los tomadores de decisiones a aplicar medidas equivocadas, victimizando a los pequeños agricultores de montañas, quienes deberían ser siempre los primeros destinatarios a ser beneficiados como resultado de las intervenciones tecnológicas en el campo de la conservación de cuencas
Posteriormente, el Dr. Greg Neagle de la Universidad de Cornell (año 1989) realizó un estudio de erosión de suelos en esa cuenca aplicando una tecnología nuclear basada en Cesium 137. Esta técnica permite evaluar los cambios, en el tiempo, ocurridos en los suelos después de las primeras experimentaciones nucleares ocurridas el 16 de julio del 1945. Como consecuencia de estas pruebas, el globo terráqueo recibió radiaciones nucleares. Esta radiación acumulada ha permitido a los científicos en el día de hoy, usar tales datos para estudiar cambios en los paisajes. Con este procedimiento, el Dr. Neagle midió la presencia y concentración de elementos radiactivos en la superficie del suelo, lo que le permitió comparar lugares de alta radiación [baja erosión] con lugares de baja radiación [alta erosión], posteriormente correlacionó sus resultados con los usos de la tierra, concluyendo que la tasa de erosión de los suelos en la cuenca del río Nizao, promedia valores de en un rango de 20-30 ton/ha/año.
Dicho valores coinciden con los registrados en otras partes del mundo, con idénticas condiciones naturales y de uso del suelo. Le recordamos, amigo lector, que la formación natural de un centímetro de suelo toma de 400 a 500 años.
Lo más importante de este estudio es que no sólo exculpó a los agricultores de la zona, sino que también estableció que los valores más altos de erosión encontrados en la cuenca, correspondían a las áreas de construcción del INDRHI, es decir que el mayor degradador de la cuenca, fue el propio gobierno -y no los agricultores- a través de la construcción de las cinco obras hidráulicas que se han levantado en la cuenca.
El desconocimiento y la desinformación han conducido a nuestras autoridades, a adoptar medidas desacertadas en perjuicio de los hombres del campo. Por esa razón, deberemos observar con ojo crítico, para que las decisiones que tomemos en estos aspectos sean racionales y bien justificadas científicamente, sustentando nuestras acciones en el entendimiento de la interacción armónica que debe existir entre el hombre y la naturaleza.
Finalmente, queremos acotar que los defensores de la agricultura de tumba y quema, representados por figuras de la talla de Pedro Sánchez autor del libro “Suelos del Trópico”; J. J. Parsons, autor del libro “ Forest and Pasture”; F.D. Steiner, autor del libro “Soil conservation in the USA, Politics and Planification”; Armand Van Wambeke autor del libro “Soil of the Tropics, Properties and Appraisal” y Eric Fernández, profesor emérito de la Universidad de Cornell, quienes consideran que a esta modalidad de agricultura se le debe dar una “ayudadita” y en consecuencia recomiendan lo siguiente, para optimizar sus resultados:
Combinación de árboles forestales y leguminosas con los cultivos comerciales.
Aplicación de dosis mínima de fósforo, para estimular el desarrollo radicular inicial.
Uso de los residuos de cosechas, para mejorar la disponibilidad de agua y nitrógeno y reducir la erosión del suelo.
La siembra, en suelos muy degradados, de cultivos que se adapten a tales condiciones como la yuca, batata y pastos, que a la larga mejoran la calidad del suelo.
Rotación de los cultivos.
Prácticas de conservación de suelos como: barreras vivas, cortinas rompe vientos y cultivar en curva de nivel.
En próximas entregas seguiremos abordando temas relacionados con la conservación.