Dios nunca deja de sorprenderme. …y esta vez, se la lució en grande! Hace como nueve años que yo no tenía noticias de ese hombre. Cuando lo dejé de ver apenas era un muchacho, que de vez en cuando acompañaba a un amigo a la iglesia. Cuando vi la solicitud de amistad en el Facebook, tardé en reconocerlo. Y jamás, bajo ninguna circunstancia pensé que aceptándolo, me convertiría en instrumento de restauración para su vida.
Esa noche todo lo que yo anhelaba era paz y total silencio. El día había sido duro, y para las diez de la noche, el peso del cansancio me aplastaba. Con la firme idea de aprovechar unos minutos de tiempo libre, tras haber acostado a los niños, me propuse hacer varios asuntos pendientes en el computador. Era tal el desgano, que me causaba pereza el simple hecho de revisar los mensajes pendientes. Sin embargo, algo me llamó la atención. Un mensaje que acompañado de una palabrota, preguntaba: “Qué tengo que hacer para tener paz?” Mi inmediata reacción ante los mensajes negativos es el de bloquear al emisor, pero pensé que aquello era un grito desesperado, así que le escribí Salmo 37. Había sido parte de mi lectura Bíblica de ese día, y ofrecía un aliciente con el cual yo había llegado hasta esa hora. Sin ninguna expectativa, y decidida a revisar el resto de los mensajes el día siguiente, dirigí el cursor hacia el ícono de la X y justo cuando iba a presionarlo, un sonido anunciaba un saludo de parte de un “amigo” por el “chat”. Era él, el que buscaba paz.
Tras unas líneas de saludos empezó a decirme cosas básicas de su vida. Se había casado, tiene una niña y está en proceso de divorcio. Vive en otro país, y de ahí su necesidad de desahogo lo llevó a contarle a una perfecta extraña, todas las difíciles circunstancias que lo retienen en una ansiedad constante y una certeza de que sus problemas no tienen salida. ¿Dónde ha estado Dios cuando todo en mi vida me está saliendo mal? Me preguntó cuando tocamos el tema fe.
¿Dónde pusiste a Dios cuando tomaste cada una de esas decisiones? Pregunté simplemente. Entonces me contó cómo se mantuvo firme en la fe por un tiempo, hasta que las tentaciones de amigos y mujeres fueron demasiado atractivas para resistirlas. Habló de drogas, bares, discotecas, peleas, acciones inescrupulosas, cárcel, soledad, falta de familia, país extraño, etc., etc. Hasta llegar a un punto en que se confesó indigno de recibir el favor Divino, por ser un pecador de tan alta categoría.
Estás equivocado, le hice ver. Ante los ojos de Dios eres el candidato perfecto para El bajar de su Trono, hacerse hombre y morir en la cruz para darte salvación. Porque la Biblia dice que el vino a salvar lo que se había perdido. Que sólo aquellos que se saben enfermos van al médico, los que no, no buscan ayuda. De ahí se manifestó su ansiedad por saberse aceptado, y yo simplemente le expuse el carácter de Dios al punto en que le conozco. En fin, su necesidad espiritual me convenció de que valía la pena aguantar el cansancio un rato más, e invitar a aquella alma sedienta a recibir de las aguas vivas del Espíritu Santo. Déjame orar por ti, le invité. Y enseguida, todo lo que desde mi escritorio yo decía con mi boca, mis dedos transcribían, para que allá, en Europa, él pudiera leerla y repetirla.
La oración emitía una plegaria a que Dios protegiera sus pensamientos, sus emociones y acciones, de manera que pudiera encontrar la salida del mundo bajo en el que se había metido, y pudiera Dios ser esa luz que todos necesitamos encontrar al final del túnel. Cuando escribí el Amén, nada pasó por un par de minutos. ¿Habrá hecho la oración? Pregunté en mi cabeza.
Al no ver respuesta, pensé que estaría ocupado o simplemente necesitaba tiempo. Y tiempo de dormir era lo que yo anhelaba en ese momento. Así que de nuevo, justo cuando iba a cerrar, el chat se activa otra vez. Disculpa, decía. Tuve que ir al baño. Cuando seguía la oración, algo pasó en mí, y tuve la imperante necesidad de llorar y vomitar, y fue tanto lo que expulsé y tosí, que no sé cómo no boté hasta los pulmones. Pero ahora me siento bien. Liviano, tranquilo como liberado. Todo el que conoce de guerra espiritual puede entender lo que sucedió. Yo me quedé fría. Entonces era yo la que no podía escribir, admirada de que una oración mediante un teclado manifestara tal acción. ¡WauJesús! Dije reaccionando! A la verdad que tu poder no se puede medir. Tu misericordia es infinita. ¿Acaso acabas de liberar a este hombre por el internet?
Lo próximo que escribí fue un auténtico ¡Gloria a Dios! De ahí hablamos otro rato de lo mucho que Dios le amaba, como para que se haya manifestado ante su necesidad de paz, de manera tan impresionante. Eso justamente siento ahora. Mucha paz. Gracias mi hermana, me dijo. De ahí en lo adelante, casi a diario recibo más razones para responderle ¡Gloria a Dios! Pues poco a poco, todo lo que lo encadenaba se ha ido disipando.
Falta aun mucho por hacer, y restaurar en esta vida, pero el anzuelo de amor de Jesús ya fue mordido. Oro para que esa ovejita que se había perdido esta vez se afirme de tal manera, que su testimonio, adquiera tal poder, como para sacar a otros que se hayan tan hundidos como lo estaba él. Mientras tanto, yo humildemente le doy gracias a Dios, por el privilegio de ver en primera fila, el espectáculo de su grandeza.
Lucas 19:1-10Y entrando Jesús pasó por Jericó. Y he aquí un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y era rico; y procuraba ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. Y corriendo delante, se subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
¡Bendiciones!