“Me hubiese gustado ser maestra”, respondió Jessica a la pregunta de cómo te ves dentro de cinco años. El cerco de la pobreza cambia la conjugación de los tiempos, con apenas 17 años, este ser humano en ciernes se concibe en el ocaso, antes de ser mujer su vida ha sido abortada. Posterior a muchas llamadas telefónicas decide visitar el consultorio. Con una angustia existencial insiste en su fracaso. “Doctora tengo dos años teniendo relaciones sexuales y no quedo embarazada”.
Su pareja la había dejado porque ella no puede darle hijos. Del otro lado del escritorio quedé petrificada, sin respuestas ante sus demandas, nada de esto dicen los libros de medicina. Después de permitirle desahogarse, se me ocurre ganar tiempo para asimilar el motivo de su consulta y preguntarle qué haces, su respuesta me sumergió en el abismo. Jessica es empleada doméstica, gana 5,000 pesos mensuales, con los que mantiene a sus abuela y a sus hermanitos, de 10 y 12 años. Su madre falleció, su padre los abandonó hace tiempo.
Con la intención de abrir las ventanas de la esperanza pregunté por los estudios, “deje la escuela para mantener mi familia”, con determinación retoma su tema: “¿verdad que usted me va ayudar a salir embarazada?”. Mi garganta se tranca, con el peso de más de una década de sueños truncados, insisto en regalarle un proyecto de vida, en la frescura de sus ojos y su piel recordaba mi hijo de la misma edad, cuyo límite es el infinito, su sueño es el imposible. Ante la propuesta de cómo te ves dentro de cinco años, la mirada de Jessica deambula por el techo, como si no fuera capaz de verse, de imaginarse, su lucha es comer, un instinto básico. Más allá de ser madres en la adolescencia, no hemos sido capaces de darles un proyecto de vida a las niñas y adolescentes.
Jessica y muchas Jessica son el rostro del fracaso del modelo de país. La demanda por una educación digna, no sexista, con respeto a los derechos humanos, a la educación sexual sin culpabilidad y con responsabilidad, es una deuda del Estado. Invito desde nuestras aceras a trabajar por garantizar una educación de calidad para todos y todas. El silencio de la gente buena es el enemigo. Hoy más que nunca, demandar el 4 por ciento es un asunto de vida para que Jessica además de ser madre, pueda cumplir su sueño de ser maestra. ¿Es mucho pedir?