Desde la creación del Ministerio de Cultura algunos conmemoran el caudal de acciones que ha realizado a lo largo de una década. La pregunta que pocos se hacen y que aún no obtiene respuesta es la siguiente: ¿crear un ministerio sin estudio del impacto económico de la cultura fue bueno para quién?

No abundaremos sobre lo obvio. Pero lo que sí vale preguntar es ¿por qué ha sido mantenido durante años una camarilla de aves de rapiña? Tal vez vale soslayar lo obvio, porque en este país no sale un solo ministerio parado sobre una gestión decente y de servicio transparente, y si alguien entiende que existen buenas gestiones uno se tiene que hacer otra pregunta ¿por qué la gente decente y honesta se hace la desentendida y solo hablan y denuncian ente bambalinas?

Lo único claro es que todo el mundo reconoce cómo se maneja la mafia de la corrupción y en especial cómo se ha manejado la robadera en el Ministerio de Cultura, donde entre otras cosas hacen bellaquerías para dejar sin presupuesto de la república a entidades patrióticas.

El Ministerio de Cultura pudo haber creado en diez años de existencia las condiciones para el crecimiento de las industrias creativas, generación de renta y disminución del gasto público.

¿Y por qué no ha ocurrido? Ah, pues porque los criterios de organización y administración son nominales, sin convergencia real entre los actores e incluso sin concordancia en relación al ciclo económico de la cultura.  El resultado es aumento de déficit presupuestario (sin contar que le debe a las veinte mil vírgenes) e inanición de los mercados de productos culturales gracias a la ausencia de cualquier racionalidad administrativa.

Las burlas de la cuadrilla tramposa del ministerio de cultura se harán más evidentes sobre todo cuando dejen los cargos y ningún ser de la republica les haga caer el peso de la ley sus actos dolosos y la negligencia administrativa. Si gana Hipólito de seguro un cachanchán del PRD excusará toda acusación o sospecha de malversación del presupuesto, y si se queda el PLD con Danilo las cosas igual seguirán y llegaran hasta un punto donde la única solución será achicar presupuestaria y organizativamente ese ministerio y dejarlo como un cascaron, pues para otra cosa no sirve que no sea para que los comecheques artistas sigan en su mediocridad.

Eliminar el Ministerio de Cultura dejaría mayor beneficio para el Estado y para la sociedad, por razones obvias: ausencia de estudio de impacto económico (confiable), ausencia de política cultural transparente, déficit excesivo en sus obligaciones de pagos, fiesta de pensiones no consultadas con la clase artística y mediante un estudio honesto, etcétera.

La holgazanería de quienes dirigen (José Rafael Lantigua y Cía.) o han dirigido (Tony Raful y Cía.) el Ministerio de Cultura desde su creación no puede ser más evidente.

Cabe aquí otra pregunta: ¿será muestra evidente de que los autollamados poetas muestran también su incompetencia cuando se les asignan cargos ministeriales?