Opinión

Intrusismo y Psicología

Poner límites a las prácticas pseudo-científicas que confunden a los jóvenes estudiantes, de manera que desde el inicio se acostumbren a diferenciar lo que es la verdadera ciencia psicológica de las ofertas esotéricas y distantes de la ciencia.

Por Angela Caba

Los temas de los que se ocupa la ciencia psicológica son temas humanos, por tanto, es normal que generen interés en la mayoría de las personas. Por qué actuamos como lo hacemos? Por qué sentimos o pensamos de determinada manera sobre la realidad? Cada persona desarrolla su propia teoría alrededor de esto, su conjunto de creencias y de “saberes”. No obstante, la psicología es una ciencia que tiene sus propias premisas teóricas, sus métodos y sus técnicas. Por esta razón, las personas que ejercen esa profesión deben contar con la debida formación universitaria y las credenciales que la avalen. En el caso de la psicología clínica, la Ley 22-01 que creó el Colegio Dominicano de Psicólogos, CODOPSI, exige un nivel mínimo de maestría en psicología clínica para prestar atención psicológica a los usuarios de sus servicios. El CODOPSI es el organismo regulador de la profesión, que entre otras responsabilidades debe ocuparse de evitar el intrusismo profesional tanto interno como externo.

El intrusismo profesional interno ocurre cuando psicólogos entrenados para una de las áreas de ejercicio, cruzan a prestar servicio en otra para la cual no tienen entrenamiento. Verbigracia, un psicólogo industrial que consigue empleo en un centro de privación de libertad y se declara psicólogo forense, pero luego en una presentación pública se refiere a un interno como “paciente”. Los especialistas de la psicología que son útiles en el contexto carcelario se forman como psicólogos penitenciarios, actualmente son muy pocos los titulados en el país para esta labor. En ese sentido, son más útiles los psicólogos educativos y escolares, puesto que la principal estrategia para recuperar infractores es la re-educación, y los psicólogos sociales por su capacidad para manejar la interacción de distintos grupos sociales.

Cuando se trata de evaluar un imputado (como se denomina a la persona que está sometida a un proceso judicial) debe hacerlo un psicólogo forense y es para apoyar la decisión judicial buscando evidencias a través de instrumentos psicológicos.  Esos instrumentos también pueden utilizarse en el contexto clínico, para evaluar pacientes, pero el abordaje a un imputado difiere del abordaje a un paciente.  Para evaluar un imputado no se necesita empatía o rapport, ni promesa de cambio, solo se debe tener claro que el psicólogo forense va a realizar un peritaje para recoger información valiosa y colaborar con el proceso judicial. No busca favorecer o perjudicar al subjúdice, y trabajará apegado a la ciencia y al respeto a sus derechos humanos. Ante la carencia de profesionales especializados en el área forense, utilizar un clínico con un entrenamiento mínimo del abordaje y misión del forense, puede momentáneamente resolver la escasez.  La Universidad Autónoma de Santo Domingo pronto ofrecerá la Maestría en Psicología Jurídica y Forense para subsanar este déficit.

El sistema de salud se beneficia de profesionales de la psicología de distintas especialidades, en la atención primaria son muy útiles los psicólogos generales, sociales, clínicos, de la salud y educativos. Siempre que se apeguen a los principios y métodos que contempla esa estrategia, especialmente en las comunidades y grupos poblacionales que deben atender. Es decir que un psicólogo clínico no va a la comunidad a sentarse en un consultorio a esperar que lleguen pacientes, debe partir de un conocimiento previo de lo que la comunidad necesita y desarrollar programas de educación y promoción para la salud psicológica y prevención de problemas psicológicos, para así facilitar el desarrollo de la comunidad en cuestión. En el contexto hospitalario los psicólogos clínicos y los de la salud pueden rendir una gran labor a lo largo y ancho de esos centros: en la emergencia, la consulta interna, la consulta externa, salas de parto, pre y post quirúrgico, en el tratamiento de enfermedades crónicas y terminales, acompañando pacientes para mantener su calidad de vida, la adherencia al tratamiento, los cuidados paliativos o sencillamente acompañarles a morir.

El CODOPSI, debe mantener la publicación en línea del Directorio Nacional de Psicólogos, por áreas de ejercicio, para que cualquier persona pueda acceder y verificar las credenciales del profesional elegido, independientemente de si se es miembro activo o pasivo; esto contribuiría a que la población pueda discriminar con mayor eficacia, quiénes tienen la acreditación para prestar los servicios que ofrecen y fortalecer la responsabilidad civil profesional.

Por otro lado, utilizar a quienes estudian psicología y aún no completan su formación, permitiéndoles que asuman un rol profesional sin completar sus estudios, es una conducta reñida con la ética y desprestigia la disciplina, pero sobre todo, pone en riesgo a los usuarios de los servicios, en cualquiera de los ámbitos de aplicación. Esto fomenta la mala práctica y la irresponsabilidad profesional, para ahorrar gastos de salario en quienes les contratan.

El intrusismo profesional externo tiene que ver con personas, profesionales de otras carreras, arribistas sin estudios pero con habilidades para sugestionar, o aquellos formados a vapor en unos cuantos días como “coach”, pero sin ninguna base epistemológica para abordar los temas de la psicología.

A lo largo de varias décadas hemos padecido en el país la injerencia de “expertos” auto-declarados en técnicas pseudo-científicas, como las terapias de vidas pasadas, los seminarios camino, las constelaciones familiares, la bio-neuro-emoción o el impacto vital. La bio-neuro-emoción llevó a su autor, Eric Corbera, a ser expulsado del Colegio de Psicólogos en España, y el impacto vital fue prohibido expresamente en Estados Unidos, pero en nuestro país, cambian el nombre y continuan estafando insulsos con el modelo piramidal. La mayoría de esas prácticas han estado en manos de personas ajenas a la psicología que ofrecen sus servicios en reuniones y seminarios locales, y por la vía de la internet a nacionales y extranjeros, sin ninguna fiscalización sobre el quehacer ni su rentabilidad económica.

También hemos tenido profesionales de otras áreas que han destacado usurpando las funciones de los psicólogos en la consulta clínica: abogado con estudios de derecho en Francia, trabajadores sociales, psicopedagogos, orientadores, médicos generales, que con escuchar algunas conferencias y leer un par de libros ya se sienten aptos para la tarea.

El coaching es una herramienta útil de la psicología en manos debidamente entrenadas. El problema es que muchas personas sin ninguna formación acreditada, toman un curso de fin de semana y por parecer de simple aplicación el “arte de preguntar”, se roban ejercicios del modelo cognitivo o del cuestionado PNL y salen a sugestionar ejecutivos en el sector empresarial o lo que es peor, se venden como “coaches de vida” sin tener conocimientos suficientes cuando el problema se complica, y terminan generando más daño a los usuarios de sus servicios. De esto nos enteramos cuando dichos usuarios llegan a la consulta privada en estado crítico o a un internamiento psiquiátrico por el mal manejo de su “coach”.

Algo penoso que hemos vivido desde la institución universitaria, ha sido la oferta de programas de maestría especializadas en psicoterapia que dan acceso a personas que ostentan cualquier título profesional, cuando debería ser exclusivamente el de psicología o el de medicina. En una de esas formaciones, quien esto escribe tuvo como compañeros maestrantes a profesionales de la biología, la química, la ingeniería agronómica, y a pastores evangélicos, entre otros. Esta distorsión ha facilitado que con solo dos años de estudios, haya quienes se atrevan a ofrecer servicios de psicoterapia sin conocer la disciplina, puesto que la base epistemológica se aprende en el grado y las maestrías brindan principalmente destrezas y habilidades para mejorar el hacer.

Es necesario que, a falta de un CODOPSI dispuesto a cumplir su misión, las Universidades se esfuercen más en poner límites a las prácticas pseudo-científicas que confunden a los jóvenes estudiantes, de manera que desde el inicio se acostumbren a diferenciar lo que es la verdadera ciencia psicológica de las ofertas esotéricas y distantes de la ciencia. Además, hace falta una verdadera Ley de Ejercicio Profesional que impida el intrusismo y sancione a quienes lo hagan, especialmente en áreas que involucran directamente la salud, el bienestar y la calidad de vida de las personas, como son la medicina, la psicología, y la ingeniería civil

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