La reflexión sobre la identidad de la población dominicana de ascendencia haitiana que se plasma en este artículo se extrae del estudio sobre “Procesos de integración y construcción de identidad de la población dominicana de ascendencia haitiana de segunda y tercera generación” (2010) elaborado por: Tahira Vargas y publicado por el Servicio Jesuita de Refugiados y Migrantes.

La población dominicana de ascendencia haitiana se define dominicana, se siente dominicana y ha construido su identidad cultural desde la dominicanidad.

La identidad de la población dominicana de ascendencia haitiana está construida a partir de sus procesos de socialización y enculturación, donde las redes sociales y las relaciones primarias juegan un papel fundamental.

Esta población rompe con los “mitos” presentes en los grupos conservadores de nuestra sociedad de que la cultura se aprende en el hogar. Esta población aprendió a ser dominicana en su contacto permanente con sus grupos de pares en su niñez y en su adolescencia, estos grupos de pares tienen más peso en la socialización y enculturación que sus padres/madres haitianos/as.

Otro elemento que marca su identidad como dominicanos/as es su concepción del sentido de pertenencia al territorio. El hecho de que nacieron en el país y han crecido en él se convierte en una razón de peso para ser dominicano.

Su inserción en el tejido social sostenido en las redes sociales de apoyo y solidaridad es un eje fundamental de enculturación.

La población dominicana de ascendencia haitiana forma parte del tejido de redes sociales que existen en las comunidades donde están insertos y muchos de los acontecimientos significativos de sus vidas están marcadas por estas redes como son: obtención de trabajos, apoyo en casos de enfermedad, préstamos de dinero, intercambio de favores y servicios. A este tejido se le agregan los vínculos conyugales y de noviazgo donde prevalecen las relaciones de pareja entre dominicanos/as de ascendencia haitiana y población dominicana sin origen haitiano en ambos sexos.

Hay que reconocer que el flujo cultural de pautas y patrones sociales es posible porque la población dominicana de ascendencia haitiana no vive aislada. Sus vecinos y vecinas así como sus parejas y amistades provienen de población dominicana con o sin origen haitiano.

Estas relaciones fluidas se entremezclan con prejuicios, discriminaciones y violencia. La población dominicana de ascendencia haitiana vive continuamente situaciones de exclusión que le impide ejercer sus derechos fundamentales como el derecho a la educación, a un empleo, vivienda y una vida digna.

Es víctima del despojo de su nacionalidad con la negación de la renovación de sus actas de nacimiento que los declara como dominicano/a o simplemente se les ha negado su acta de nacimiento por ser hijos/as de haitianos/as o de dominicanos/as sin documentos, lo que afecta su acceso a oportunidades para su desarrollo humano.

La población dominicana de ascendencia haitiana vive en una difícil situación de identidad negada y despojada. Es una población con una identidad dominicana fortalecida en sus prácticas, rasgos culturales y en la convivencia cotidiana. Sin embargo, se mantiene amenazada y excluida de sus derechos cívicos y sociales y es calificada como  “extranjera” en su propia tierra.

Este artículo fue publicado originalmente en el periódico HOY