Opinión

Hueco

Por Enmanuel Peña

A uno le da por pensar que la moda no es algo frívolo y vacío, que es por la lejanía que nos parece así. Los que han tenido la valentía de acercarse, desde el arte o desde el saber, habrá notado que pesar de los pésames sí es hueco, incluso hasta analfabeto. Es humillante para la humanidad ver a una mujer hecha y derecha preocuparse por el tipo de calzado al pasar por el crucigrama que adoquinan ciertas aceras.

Hay un local recién recordado, modelado y remodelado, situado en la plaza de la cultura que guarda el estilo de lo que hoy aquí se llama fashonista. La decoración agotando todas las posibilidades de lo chik terminó siendo un barroquismo meloso que amedrenta a todo el que no conoce la diferencia entre libros y tvguia (sí acaso llega a conocer esta última); creando así transeúntes habituales que viven exactamente de eso.

Entre ellos, y por sobre todo, presentadores, supuestas modelos y diseñadores. Lo que es seguro es que nadie que gané el pan de manera legalmente correcta frecuenta ese sitio, por algo la cantidad de choferes militares esperando en el parqueo.

Lo gracioso, lo verdaderamente gracioso es el menú: es mejor evitarse en este medio esa la lectura por lo que solo diremos que es difícil hacer sudar a las puletcroquettes. Además la confusión de idiomas alcanza a ciertas torres que le dan nombre a esta columna. Los platos simplemente comunes, en la dieta rural como también en clase media y media baja urbana, son disfrazados en el precio y en el nombre y el disfraz supera a veces hasta la física básica.

Los camareros, por tradición o por presentimiento, actúan como en las discotecas donde los tiroteos y los caballeros armados al estilo Gurabo son lo más común. Atosigan fingiendo forzosamente unos modales de campesinos entre la gente o lo que para estos viene a ser la gente. Pero no es ni por asomo culpa suya, victimas del entorno cuando mucho.

Por otro lado y para desmentir lo anterior hubo un elemento en el decorado que evoca un pasado feliz y oscuro sin duda. Un mini maniquí con un vestido de una gala extravagante. Nada de extraordinario tenía, es más uno se lo encuentra usualmente en los estantes de las viudas del siglo pasado que aspiraban a ricas. Ahora bien con la información adecuada y las horas vividas en la net, se pueden hacer asociaciones temibles como esta.

Aquel maniquí me recordó a otros maniquíes un poco más reales, más amados. Había, o hay, un fotógrafo semiporno que se dedica a trasmutar maniquíes en juguetes sensuales (nótese) deliciosamente ataviados y coqueteando con la necrofilia.

El harem de modelos, de ese peculiar fotógrafo, estaban agradablemente más vivas que las del restaurante en cuestión, ya sea por el maquillaje, por la mirada tranquila casi tierna, por el pelo enmarañado por el viento o por la sensación de morbo hogareño que trasmitían. En todo caso bajo el ojo inquietante de un artista hasta la naturaleza hueca de ciertas cosas se doblega.

 

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