Los profesionales de la Odontología recomiendan hacer una limpieza o en un término más actual, higienizar la dentadura cada 6 meses. Es un proceso necesario, pero un poco incómodo que toma de 20 a 30 minutos, pero que deja la percepción de que fuera interminable. La sola posición resulta difícil y el proceso peor. Inicia con una maquinita que funciona con electricidad, un cavitron que tiene un sonido martirizador que va sacando de cada rendija la placa acumulada. Luego, en un trabajo más incisivo para los restos rebeldes, inicia el detalle de una pinza filosa, que llaman Punta Morse  que penetra y hala con fuerza. Como tercer paso, otra máquina que parece un aparato de limpiar pisos o sacarle brillo a la pintura de los vehículos, pero en miniatura, la nombran Profiangulo. Esta va recorriendo la dentadura, suavizada con pasta dental y tiene un sonido más incómodo todavía que el primero. Después, aparece el majestuoso hilo dental para que no quede rastro de partículas en la boca recién martirizada. Como un caramelo al final de la jornada, llega el flúor que deberá permanece por media hora antes de ingerir alimentos. Este es un proceso de higienización profunda que necesita la cavidad bucal cada 6 meses.

En estos días, a propósito de las vacaciones hice mi ruta médica en salud, es decir, el chequeo preventivo, que incluyó ginecóloga, dermatóloga, odontóloga y cardiólogo. Esto es algo que aprendí después de los 45. A esta edad comenzamos a valorar realmente la vida y la bendición de tener salud. Lo aprendí como parte de la necesidad de autocuidado por el tema que trabajo, ya que esta cultura nos enseña a las mujeres a estar pendientes de la salud de toda la familia y en último lugar la propia. Cuando entendí que es parte de una autoestima saludable lo comencé a hacer con alegría sin sentir que perdía el tiempo ya que no había enfermedad.

En la visita a la higienista dental, cuando estaba allí abandona a expensas de la dulce profesional, solo pensaba en cómo sería si las personas nos obligáramos a hacer una higienización del interior cada 6 meses.

Pensándolo se me fue muy rápido el tiempo intentando imaginar cómo sería revisar cada 6 meses todas las emociones negativas que contaminan el mundo emocional.

Cómo seria escudriñar el miedo y sacarlo desde los rincones más profundos del ser hasta que no quede rastro de él que impida el desarrollo y la motivación para llegar más lejos. O amenazar a la envidia con la pinza filosa para que no robe el tiempo que tendría que ocuparse en la propia vida, haciendo daño a la vida de los demás; sacarle brillo a la amargura y a la tristeza para transformarla en risa y alegría. Pensé también cómo huirían los complejos si se sienten perseguidos por una fastidiosa maquinita con sonido espacial. De repente imaginé al resentimiento en una ágil carrera para no dejarse ahorcar por un fastidioso hilo plástico. Y así poco a poco, pero con la agudeza de la higienista, ir sacando la vergüenza que paraliza, la culpa que autoflagela y la rabia añeja que envejece.

En este divertido juego de la imaginación inventé un interior limpio y fresco con la posibilidad de moverse en libertad y con la flexibilidad suficiente para reconocer que las dificultades son parte de la vida y que se van guardando a manera de emociones limitantes hasta ensuciarlo.

Imaginé también que ese interior ya limpio y fresco desarrolla fortaleza cada vez que  toma la decisión de hurgarse y vaciarse para poder continuar.

Con el paso de los años, dice una amiga querida, que ando siempre buscándole “la quinta pata al gato”, pero así lo prefiero pues me ayuda a vivir de manera consciente cada momento de la vida y si además lo puedo compartir con mis lectores, talvez algún día ocurra el milagro de aprender en colectivo el hábito de barrer toda la basura emocional acumulada que estorba y entumece.