Del sur

Hermano Fidel

Por Guillermo Cifuentes

“poco importa que nuestros acreedores perdonen

así como nosotros

una vez

por error

perdonamos a nuestros deudores

todavía

nos deben como un siglo

de insomnios y garrote”

Mario Benedetti

Con el texto que citábamos la semana pasada aún en la cabeza -“la política se hace de acuerdo a las tres dimensiones del tiempo humano: recordando el pasado, pensando desde el presente y mirando hacia el futuro”- y con la tinta todavía fresca, hemos seguido de cerca los últimos acontecimientos en torno a la visita del presidente Barack Obama a Cuba y Argentina.

Tomando en cuenta que lo primero que se ha destacado es su dudosa habilidad como bailarín de tango y su escasa memoria, debo confesar que el “reality” me hizo recordar la excelente descripción que hace Martín Hopenhayn de estos tiempos que vivimos, reemplazados por la nueva razón sincrónica que permean“la política, la estética y hasta los vínculos con los demás. Primacía de la hoguera de las vanidades sobre los poemas humanos, de la alianza oportuna sobre la propuesta estratégica, de la galería sobre el museo. Sólo lo efímero trasciende. Para progresar, mejor borrar las pisadas previas sin nostalgia, o con una nostalgia leve y risueña”.

La reflexión de Fidel Castro luego de la visita de Obama a La Habana vuelve a ponerle algo de contenido a los sucesos.  Quiero destacar las cuestiones históricas, especialmente porque soy parte de una generación que creció escuchando acerca de las responsabilidades del “imperialismo yanqui” en la política de nuestros países. Eran tantas esas responsabilidades que uno llegaba a tener dudas. El tiempo diría que esas responsabilidades fueron siempre mayores.

No es posible entender lo que está ocurriendo hoy sin esa necesaria mirada al pasado.  Quienes lean en estas palabras un sentimiento “anti Obama” están pegados en el pasado, se quedaron como cocineros de la Brigada 2506, como aventajados alumnos de Dan Mitrione o, como lo pretende un abogado de la plaza, administrando perdones ajenos.

No es posible ignorar que el cambio en la nueva política norteamericana -por boca de los propios norteamericanos- se debe a que la anterior no dio los frutos esperados: derrocar a Fidel Castro.

Pero vale preguntarse si las nuevas generaciones que conocen el pasado viendo The History Channel saben en qué consistió la política norteamericana que por su inutilidad se ha dado por superada.

En una muestra de avance civilizatorio habríamos preferido escuchar el reconocimiento de que la política norteamericana cambió porque la anterior era criminal.  ¿Quién a estas alturas se atreve a negar que es criminal poner una bomba en un avión repleto de pasajeros y luego proteger a los autores de ese acto horrible? Criminales fueron los bombardeos aéreos que antecedieron a la invasión también criminal de Playa Girón. Y suma y sigue… Aclaro que no sólo dudo de palabras almibaradas, condeno el ocultamiento, el asesinato y el crimen.

Y luego llegó al sur.  Argentina con sus treinta mil desaparecidos no mereció tampoco una explicación.  Hermanada por la cordillera con Chile compartimos todo lo que quiere hacer desaparecer la “nueva política”. Siendo muy francos y muy claros, es bueno que después de tanto tiempo podamos vernos nuevamente. Pero como se debe eliminar la tentación de “construir sobre arena” es necesario insistir que nosotros, - y debe quedarles bien claro a quienes las “dictaduras no les tocaron ni un pelo”- no les hemos endosado el perdón.   Perdonar sigue siendo una capacidad y una posibilidad solamente nuestra como respuesta a quien lo pida.

Hay experiencias demasiado conocidas de países invadidos por Estados Unidos, de países víctimas de dictaduras instaladas por Estados Unidos que por no reclamar por dignidad y justicia lo que les corresponde terminan siendo dominados por el tigueraje local y/o internacional y preguntándose con impotencia ¿qué podremos hacer?

Esta nueva etapa que se inicia, sin duda tendrá como referencia obligada la visita presidencial de Obama a Cuba.  Pero en ella nada será muy distinto si se insiste en la defensa del “borrón y cuenta nueva”, donde unos tratan de ocultar la cuenta y los más jóvenes de ocultar a los abuelos

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