He pensado mucho en los valores o lo que es lo mismo, en las convicciones profundas. En lo importante que es encontrar en la vida de una, a una persona que tenga arraigados los conceptos del honor, de la lealtad, la amistad, la solidaridad, el compromiso, de la valoración del ser, el amor a la patria y a la familia; el sentido del deber, la honra de la palabra comprometida, consistencia en lo que cree; que tenga espiritualidad, identidad cultural, honestidad y honradez, sentido del respeto, tolerancia, responsabilidad, dignidad y concepto de justicia.

Si piensan en cada uno de estos valores y en todos en conjunto que he mencionado podrán llegar a la conclusión que no es imposible que un ser humano los tenga todos. Veremos que todo lo contrario, es muy posible. Porque de hecho, conocemos personas que tienen todas esas cualidades. Y qué maravilloso es encontrarse con esos seres humanos, que son tangibles, que están ahí, pero que no surgen de la nada. Vienen de una familia de principios, que les dio mucho amor, disciplina, que les modeló un ejemplo de vida; vienen de  padres coherentes y éticos en sus actuaciones, con espiritualidad, incapaces de traicionar a sus amigos y que supieron llevar una vida plena dentro de la austeridad, encontrando el bienestar en cada logro y en cada éxito perseguido y trabajado.

Contrario a esos seres humanos nos encontramos con la gente que tiene mucho resentimiento y que todo lo maquina, que no le importan los valores, ni se los plantea tan siquiera, que no siente remordimiento, ni dolor cuando ofende o cuando daña, que busca el éxito a cómo de lugar y sin importar porqué medios y muchas cosas más. A ese ser lo conocemos y lo padecemos a diario, porque es incapaz de reconocer sus errores, porque ni se plantea hacer una reflexión y se la pasa estropeando a todo el que representa un obstáculo para sus metas.

También tenemos una categoría especial de ser humano hijo de este siglo XX1, que los psiquiatras han llamado la persona Light. Se nos habla de que hay una epidemia de hombres y mujeres Light que se caracterizan por ser hedonistas (buscan el placer por encima de todo); que son consumistas compulsivos; que son permisivos (todo se puede hacer. No hay límites) y lo relativizan todo (para ellos nada es bueno y nada es malo).

Esta clase de gente se mueve junto al dinero (el centro de su vida), el placer, el sexo y  el manejo del otro. Sus relaciones son ligeras y superficiales, es decir, no están fundamentadas en el amor o en la amistad sino en lo que puede sacar del otro.

Y como muy bien analizan los psicólogos y los psiquiatras este personaje que ya es una epidemia, es la secuela de una sociedad egoísta, narcisista e individualista. De una sociedad insolidaria que centra la existencia en la publicidad y el consumismo voraz; que es frívola y que fomenta la envidia y adora la novedad.

Todo esto lo sabemos. No he dicho nada que sea nuevo para Uds. Pero lo he traído a colación para que hagamos conciencia de este fenómeno social que nos lastima y que intenta y prácticamente logra derrotarnos.

Es importante que hagamos conciencia para que no nos dejemos arrastrar por ese modelo que como hemos dicho, que ya es una epidemia.

Hay que resistirse a todos estos modelos sociales hijos de una sociedad despersonalizada y donde la gente busca el bienestar a como de lugar.

Hay que sacar los valores, hay que ponerlos en práctica aunque sea en una lucha permanente de conciencia. Vale la pena. No importa que no seamos los que tengamos el mejor carro ni el más lujoso; no importa que no tengamos la casa más suntuosa, no importa que nuestras ropas no sean las de las mejores marcas y de las tiendas más caras, no importa que nuestras prendas sean de costo modesto. Importa que seamos mejores personas, personas dignas de fiar, que tengamos vergüenza de lo mal hecho, que no se nos compre con un plato de lentejas, porque hay que dejar de pensar con el estómago.

No nos dejemos conducir como sumisos. Tomemos el control de nuestras vidas. Decidamos por nosotros mismos y asumamos con responsabilidad nuestras actuaciones. Vale la pena. Así seremos más libres y felices y sin duda, estaremos contribuyendo con la mejoría sustancial de nuestra sociedad y nuestra humanidad.