Habrá país después de las elecciones
Hemos visto, no sin cierta preocupación, que a medida que se van acercando las votaciones, parecería que los ánimos comienzan a destemplarse. Podrá esgrimirse diversas explicaciones, pero sean cuales sean, parece necesario llamar a la reflexión. No importa cuanta pasión pongamos, no importa quienes ganen o quienes pierdan en los resultados electorales, necesitamos que gane la Republica Dominicana y la ciudadanía.
Habrá país después de las elecciones. Las organizaciones políticas no solo festejaran o se entristecerán, también sacaran lecciones y experiencias según los resultados. Unos se prepararan para gobernar, otros para hacer oposición democrática. La historia no terminará el 20 de mayo. Seguiremos compartiendo esta media isla y continuaremos soñándola con nuestros mejores anhelos.
Habrá amigos y amigas a quienes queremos, aunque en el marco del proceso electoral parezcan distantes o confrontados. Habrá parientes con quienes compartimos proyectos familiares, aunque pujemos por candidatos diferentes. Habrá compañeros y compañeras de trabajo, con quienes compartimos responsabilidades, aunque en estos días el ambiente pueda haberse enrarecido. Habrá gente con la que compartimos ideas y sueños, y otros con quienes no, pero sobre todo, habrá un país, en el cual seguiremos viviendo y conviviendo.
Aunque muchos en esta época parecerían jugarse la vida en los resultados, la verdad es que continuarán viviendo y soñando. La vida es mucho más que las elecciones. Contribuyamos a elevar el nivel de los debates, centremos los discursos en las propuestas y enfoques sobre el presente y futuro del país, pero evitemos ofensas personales, calumnias y diatribas que ensucian el agua que después beberemos todos y todas.
Para ser buen ganador, es necesario estar preparado para ser buen perdedor. Perder unas elecciones no significa que nuestra democracia sea inconveniente o que necesariamente se haya producido fraudes que alteran la voluntad popular. En los procesos electorales se gana o se pierde.
Algunas personas parecerían confundir la campaña con un ejercicio bélico o una especie de momento apocalíptico, En los últimos días hemos visto y escuchado, en medios de comunicación escritos y audiovisuales, a calificados representantes de una candidatura emitir expresiones como las siguientes: “defenderemos los resultados a tiro limpio”, “tenemos militares que impedirán que nos roben las elecciones”, “sabemos que ganaremos y no aceptaremos otro resultado”, “se esta orquestando un fraude colosal y no lo permitiremos”, y así por el estilo.
Quienes así se expresan no parecen preparados para un resultado adverso. ¿Qué harán si esto ocurriera, o si los resultados se decidieran por un margen estrecho?.¿Acaso incidentarían, o cumplirían su palabra de promover violencia o intentarían asonadas antidemocráticas, si es que encuentran socios?. ¿Cuáles son los limites para expresiones tan irresponsables como estas?. La radicalidad está en el contenido, en las ideas y planteamientos, no en el tono de la voz o en expresiones altisonantes.
¿Sera necesario firmar algún tipo de compromiso de respeto a los resultados electorales, por parte de los candidatos, con la sociedad como testigo, como el firmado por la educación?. ¿Estarán dispuestos todos los candidatos a reafirmar públicamente su vocación democrática, rechazando el uso de la violencia o cualquier acción de desconocimiento de los resultados, les resulten favorables o no?.
Habrá un país después de las elecciones y seguiremos conviviendo, discrepando, coincidiendo, compartiendo responsabilidades. A todos nos interesa que ese país sea cada vez más democrático, más equitativo, menos violento. Tendremos que alcanzar acuerdos maduros para gobernar y para aplicar las propuestas programáticas, gane quien gane. No lo hagamos más difícil. Si, se trata de elecciones, pero ……. son solo elecciones.