El rancho helénico sigue ardiendo en llamas. La falta de confianza de los agentes económicos, la comunidad internacional y las principales calificadoras de riesgos, no han hecho otra cosa que minar cualquier intentona de recuperación de parte de la alicaída economía griega. La falta de confianza, junto a la continua caída del producto y el aumento del desempleo se han convertido en situaciones endémicas en la sociedad helena.
Para echarle más leña al fuego, el Banco Central Europeo (BCE) determinó no aceptar de forma provisional deuda griega como colateral para la otorgación de créditos a las entidades financieras, luego de la reducción de la calificación crediticia a “default selectivo” de parte de Standard & Poor´s.
Esta reducción se produce luego que el gobierno cambiara las reglas que regulan la deuda soberana. Esta rebaja se suma a la de la agencia Fitch realizada la pasada semana, cuando redujo la calificación a la nota más baja por encima del impago.
La situación de la banca griega es muy difícil, los bancos han tenido que aceptar una pérdida del 53% sobre los bonos griegos de su cartera, que en términos reales supone una pérdida del 70% sobre el valor inicial de estos títulos
Esta decisión del organismo emisor afecta a las entidades bancarias helenas, principalmente aquellas que poseen la mayor cantidad de deuda pública, ya que no podrán utilizar éstas como aval para conseguir créditos.
Esta medida estará vigente hasta que empiece a funcionar el programa aprobado por los jefes de estado y de gobierno de la Unión Europea el verano del pasado año, donde se cambiaran los bonos griegos a través del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) por nuevos títulos.
A mediados de esta semana el BCE celebró una subasta de liquidez a la banca con plazo de tres años. Debido a la medida tomada por el organismo emisor, los bonos locales ya no podrán ser utilizados como adyacentes, lo que le dificultaría el acceso al preciado oxigeno económico que tanto necesita en estos momentos de crisis económicos para solventar sus operaciones habituales.
La situación de la banca griega es muy difícil, los bancos han tenido que aceptar una pérdida del 53% sobre los bonos griegos de su cartera, que en términos reales supone una pérdida del 70% sobre el valor inicial de estos títulos.
Y ahora tienen que soportar la inutilización de sus depreciados bonos para solventar sus operaciones a expensas de quedarse sin liquidez, poniendo nuevamente a Grecia borde del colapso y con ello el resto de las economías euro.