Gregorio Luperón, de cuna humilde, nació en la ciudad de Puerto Plata el 8 de septiembre de 1839. (1) Hijo de la pareja de Nicolasa Duperrón, (2) mujer de origen de una de las islas caribeñas colonizadas por Francia y de Pedro Castellanos. (3) Gregorio Luperón, conocido por el apodo de Goyito.

El apellido Duperrón era francés se convirtió posteriormente en Luperón. (4)

La pareja, además, procreó los hijos: José Gabriel (1836—1873), (5) Bernardo (1840—1884), (6) Manuela, Dolores y Ramona Luperón. 

Hizo sus estudios primarios en una modesta escuela inglesa de su ciudad natal de Puerto Plata, dirigida por el Reverendo William Tawler, (7) donde dio demostración  de inteligencia y don de mando. Su educación fue autodidacta.

Siendo aún un niño tuvo la necesidad y obligación de salir a vender piñonates en  una bandeja por la ciudad, para ayudar a su madre y demás hermanos en la manutención del hogar. Mientras que su madre Nicolosa Duperón atendía en su casa un pequeño ventorrillo.

En el año 1851, cuando apenas tenía 12 años de edad dejó el hogar materno para irse a vivir a Jamao, donde se radicó para dirigir los cortes de caoba de don Pedro Eduardo Dubocq  (8) quien se convirtió en su protector. En su casa leyó a Plutarco y  otros libros de la biblioteca del Señor Dubocq, antiguo oficial del Ejército Francés y tenía abundante libros militares, donde aprendió la guerra de posiciones; luego se presentó a esos lugares el general Ramón Mella, con quien trabó amistad, siendo su profesor en la guerra de guerrilla.

En Jamao fue asaltado por un grupo de facinerosos con fines de robarle dinero del negocio de Dubocq. Enfrentó a los mismos al machete, dejando sin vida a dos de sus atacantes y heridos dos más. Dicho hecho se conoce como: El pleito de Goyito. Los lugareños de allí propagaron su fama de hombre valiente.

Ocupó en 1857 su primer cargo público como Comandante Auxiliar del Puerto Cantonal de Rincón de Yásica, siendo nombrado por el Gobierno del general José Desiderio Valverde, en donde se destacó y demostró habilidades en las armas.

Se retiró al año de dicho cargo y se dedicó al comercio en Sabaneta de Yásica, en 1858.

El Dr. Carlos Manuel Finke ha acotado que: “En los años 1860 y 1861 llegaron a Puerto Plata rumores de toda índole, presagiando que se produciría la anexión a España; en momentos en que la ciudad dormía entre la montaña y el mar, con unos seis mil habitantes, escasas edificaciones de mampostería, algunas de ladrillo y la mayoría de madera, tabla de palma, etc., con un incipiente comercio en manos de europeos principalmente. Se tenía conocimiento de la misión de Mariano Torrente, de las gestiones de Mella, López Villanueva y otros; tales rumores se hicieron realidad cuando sorpresivamente llegó la noticia de que su gobernador, general Gregorio de Lora, había sido sustituido por el también general Juan Suero…” (9)

Los primeros dominicanos en denunciar y protestar contra la maniobra que llevaba a cabo Santana, fueron: José María Cabral y Luna y Francisco Sánchez del Rosario.

El general Pedro Santana, a la sazón presidente de la República, anexó el país a España, el 18 de marzo de 1861. Dicho hecho bochornoso no fue recibido con el agrado y la simpatía en algunas localidades y ciudades de la República. Se desató en el ámbito nacional una persecución contra los ciudadanos opuestos a ésta.

Notas

1. Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de Puerto Plata por el Pbro. Dr. Manuel González Regalado y Muñoz, el 30 de septiembre de 1839.

2. Rufino Martínez la describe así: “Mujer vigorosa, dueña de sí, que imponía a los hijos la virtud del trabajo”. Rufino Martínez. Diccionario biográfico—histórico dominicano. 1821—1930. Santo Domingo, Editora Universitaria, 1971, página 283 (Universidad Autónoma de Santo Domingo, Vol. CLII, Colección Historia y Sociedad No. 5).

3/ Dicha pareja se separó y la madre tuvo que enfrentar la manutención y educación de sus hijos.

4. El connotado historiador y escritor Lic. Emilio Rodríguez Demorizi dice lo siguiente: “Entre sus antecedentes familiares constan las siguientes noticias: Luís Duperón, criador en Jainamoca, concedió indulto a varios de sus esclavos, por acto redactado en Puerto Plata a 27 de febrero de 1777; Francisco Duperón, vecino de Puerto Plata, hijo de Luís Duperón, vendió una porción de terreno en Guainamoca el 14 de marzo de 1821 a Esteban Sánchez; Juan Duperón, Francisco Duperón y Luís Duperón, aparecen en un acto de venta de terrenos, en Puerto Plata, el 3 de enero de 1846”. Ver Emilio Rodríguez Demorizi. Próceres de la Restauración. Noticias biográficas. Santo Domingo, Editora del Caribe, C. Por A., 1963, páginas 178 y 179. (Academia Dominicana de la Historia, Vol. XII).

5. Era el mayor de los hermanos Luperón. Estuvo en ambas guerras. Luperón lo describió en Notas Autobiográficas así: “la revolución que estalló en Haití contra el arbitrario Presidente Salnave, le abrió un camino por Jacmel, que él supo explotar y aprovechar favorablemente. Despachó a muchos dominicanos a Jacmel, envió una goleta a Río Hacha y a Santa Marta, donde había más de 150 expulsos dominicanos, y la goleta los condujo a Jacmel. Encaminó hacia allá al General Cabral con sus amigos, y más tarde se dirigió él mismo con el General Pedro Valverde, el General Enrique Favard, el Coronel don Antonio Madrigal, su secretario, y un hermano de Luperón, antiguo oficial de la República, José Gabriel Luperón, que se había distinguido en el sitio de Samaná en 1857, y en la batalla de Sabana Larga, dirigida por el nunca bien ponderado y distinguido General don J. Luís Franco Bidó, hombre éste digno de los mayores elogios. Ese valiente oficial, hermano mayor de Luperón, protestó contra la anexión española, y después de consumada este gran crimen salió del país y se fue a los Estados Unidos a tomar parte en la guerra de la emancipación  de los esclavos. En esta gigantesca guerra, el Gobierno del Presidente Lincoln lo elevó al grado de Capitán Ayudante Mayor. El fue el valeroso oficial que cortó la cadena que impedía el paso a los buques de guerra del Norte en la entrada del Missisipi. Ignorando la parte que su hermano había tenido en los sucesos del país, regresó a él en 1868, y Báez lo prendió y expatrió en seguida, por el crimen del apellido que tenía, y quizás porque no había querido ser español. Este hombre era un atleta por la fuerza y el valor; era marino y hombre de batalla que no rehusaba jamás un duelo”. (Notas autobiográficas y apuntes históricos. Volumen I, Puerto Rico, 1896, página 108.

6. Participó de manera activa en la Guerra de la Restauración, al lado de su hermano Gregorio Luperón. En los últimos años de su vida cayó bajo los efectos de la bebida alcohólica

7. Llegó a Puerto Plata a comienzos del año 1838, el Reverendo William Tawler como ministro wesleyano de la Iglesia Evangélica Dominicana, con sede en Puerto Plata. De acuerdo con George Lockward, el Reverendo William Tawler “…tuvo el singular privilegio de ser el único maestro que tuvo Luperón, según lo atestigua el mismo héroe nacional dominicano en sus memorias”. Se ha afirmado que: “de seguro la relación entre Dubocq y Luperón se produjo a través de los misioneros wesleyanos establecidos en Puerto Plata”. Ver George Lockwardt. Correspondencias de Tindall, primer misionero protestante en dominicana. Santo Domingo, Editora Educativa Dominicana, 1981, página 148. El protestantismo en dominicana, segunda edición. Santo Domingo, Editora Cultural Dominicana, 1982, página 192—197.

8. En el año 1830 se estableció en Puerto Plata don Pedro Eduardo Dubocq, dedicándose al comercio y corte de maderas. Tanto González Regalado como Dubocq fueron grandes amigos de Duarte y  lucharon al lado de los trinitarios y formaron parte de una célula que apoyó a los mismos en Puerto Plata, en la causa por la Independencia. González Regalado y el general Antonio López Villanueva formaron parte de la comisión conciliadora creada en 1844 en los delicados días de la insubordinación  del general Pedro Santana y de la proclamación de Juan Pablo Duarte en el Cibao, para la presidencia de la República.  En casa de Dubocq se hospedó Duarte cuando visitó a Puerto Plata y estando allí fue hecho preso y encerrado en el Fuerte de San Felipe, en 1844. El tiempo que permaneció preso Duarte en Puerto Plata fue visitado constantemente por su amigo y compañero de La Trinitaria, Pedro Eduardo Dubocq. Ver Juan Ventura. Figuras puertoplateñas, tomo II. Santo Domingo, Editora Cántera Gráfica, 1997, páginas 19 y 20.

9. Carlos Manuel Finke González. “Puerto Plata en la Gesta Restauradora”. Clío, Año 74, No. 170, páginas 117 y 118, Santo Domingo, julio—diciembre de 2005 (Academia Dominicana de la Historia, Secretaría de Estado de Cultura).