En este articulo continuamos con la presentación que realizamos en artículos anteriores de algunos de los hallazgos del estudio sobre la Adolescencia que realizamos para la Fundación Abriendo Camino y que fue publicado por esta institución hace algunas semanas con el titulo : “ Retrato Cualitativo de la Adolescencia en Villas Agrícolas”.En el citado estudio se analizan las expectativas futuras de la población adolescente de ambos sexos del barrio.
En este capitulo se muestra la “formación de familia” como una meta de la población adolescente de sexo femenino, la cual no aparece en la población masculina.
“Cuando tenga mis hijos, educarlos correctamente y siempre estar ayudando a mis padres”.
“Quiero tener una profesión: derecho. Para ayudar a mi mamá, darle lo que ella no ha podido tener, formar una familiar y ser exitosa profesionalmente”.
El establecimiento de la familia como una aspiración en la población adolescente femenina está sostenido en la construcción cultural de la feminidad, el modelo de mujer que tiene mucho arraigo en la cultura popular. Un modelo que se sostiene en el rol reproductivo, “la madre” y que es una aspiración futura para las adolescentes, no solo en este estudio sino en varios estudios anteriores que hemos realizado en otros barrios y otras provincias.
Este hecho entra en consonancia con el análisis de las causas de la maternidad adolescente en estudios anteriores como el que realizamos para Profamilia-CENISMI junto a Eddy Pérez y Marija Miric (2011). En él se demuestra que una tendencia causal en el embarazo adolescente es que este embarazo fue “deseado” y “buscado” por un grupo significativo de madres adolescentes.
Esta tendencia de embarazo deseado en madres adolescentes también aparece en el estudio que realizamos en Villas Agrícolas, el embarazo accidental y el deseado son dos tendencias que priman en el estudio y que no significan una ruptura con los procesos educativos y aspiraciones de movilidad social desde la formación profesional.
Las adolescentes perciben su futuro en la combinación de maternidad y ser profesionales, aún cuando han tenido una interrupción en ese proceso por ser madres adolescentes, sin embargo están reinsertándose para finalizar sus estudios secundarios, estudiar en la universidad y ser profesionales.
Este recorrido en el que familia y estudios se articulan y combinan como aspiraciones no aparece en la población masculina.
La población masculina no tiene como objetivo ser padre y mucho menos formar una familia. Esta situación está vinculada a la construcción cultural de la masculinidad. Una niñez y adolescencia de sexo masculino que se socializa y se educa con una visión de que el hombre “no tiene hijos la que tiene hijos es la mujer”.
La población masculina identifica su futuro desde algunas tendencias hacia los estudios universitarios, técnicos o simplemente en la búsqueda de empleo-negocios.
La búsqueda del progreso desde la inserción en fuentes de ingresos es la meta principal para la población masculina. En esta meta no entra la familia, lo que tiene que ver con que no se forma a niños, adolescentes y hombres para que sean padres.
Esta ausencia de la paternidad como un rol masculino está sustentado en la cultura patriarcal donde los roles reproductivos no tienen cabida, sino que por el contrario entran en tensión con la virilidad.
Nuestra sociedad promueve la figura masculina desvinculada de la paternidad. No existen encuestas, ni censos que registren la cantidad y porcentaje de hombres que son padres.
El hecho de que la familia solo sea una unidad construida por mujeres está también vinculado a que una gran parte de las familias sean monoparentales-matriarcales o extensas-matriarcales. La principal responsabilidad de la familia recae sobre la mujer y ella se socializa en su niñez “aprendiendo” a ser madre y eje de la familia. El hombre por ende se excluye de estos roles y por eso termina formando muchas familias, muchas veces paralelas o consecutivas, con muchos hijos e hijas por hombre pero con pocas responsabilidades.
Este estudio nos interpela a revisar los paradigmas culturales sobre los cuales estamos construyendo feminidad y masculinidad, relaciones de género y valores. Los cambios educativos que se están fomentando desde políticas públicas, transformaciones curriculares y educación no-formal deben apuntar a ello.
Este artículo fue publicado originalmente en el periódico HOY