Los que sobrevivimos el siglo XX, ya que éste fue el más fratricida de la historia de la humanidad, vimos con cierto recelo la etiqueta de “socialismo del siglo XXI”, una etiqueta utilizada por el alemán Heinz Dieterich Steffan que fue apropiado por el Presidente Chávez para denominar su gobierno con una filosofía de izquierda que llega al poder por voto popular y que se mantiene por ese mismo mecanismo. En un segundo momento, se aplicó a la serie de gobernantes afines a esta filosofía: Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Uruguay y Nicaragua, y la excepción notable de Cuba.
El modelo de Estado del socialismo del siglo XXI es un “socialismo revolucionario que deriva directamente de la filosofía y la economía marxista, y que se sustenta en cuatro ejes: el desarrollismo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y protagónica y las organizaciones de base. Es una paradoja que se llame del siglo XXI pero mantiene la gestión económica del siglo XIX.
En escasos doce meses el panorama ha dado la vuelta y se ha desatado la interrogante que introduce el título de ese artículo. Para ver los cambios notables, ver el artículo de Raúl Ruiz Velasco, en el siguiente enlace: http://es.panampost.com/rafael-ruiz-velasco/2016/05/18/el-socialismo-del-siglo-xxi-una-leccion-para-toda-latinoamerica/
El balance de Ruiz Velasco es el siguiente:
1) En Argentina, la desaprobación hacia el final del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner fue altamente generalizada debido a una aguda crisis económica derivada de malos manejos en política monetaria, los excesivos controles económicos y un sinfín de escándalos por corrupción de funcionarios públicos, entre ellos la misma presidente y su familia.
2) Ecuador, de la mano de Rafael Correa, parecía ser la gloria del Socialismo en Latinoamérica; un país en desarrollo y con crecimiento económico basado en ideologías socialistas. Sin embargo, este tipo de políticas suelen tener un efecto “espejismo” y este país no es la excepción. Cuando el crecimiento se hace a costa de endeudamiento y con altas tarifas tributarias estas terminan por desincentivar la única verdadera fuente de riqueza con la que los países cuestan: el emprendurismo. Hoy Correa es blanco de duras críticas, entre muchas otras razones, por la torpeza política de aumentar impuestos en respuesta al terrible terremoto sucedido en abril del presente año.
3) Similar es el caso de Brasil con Lula da Silva y Dilma Rousseff. Este país fue el centro de atención mundial por su rápido crecimiento y esto lo llevó, entre otros reconocimientos, a ser sede de los dos encuentros deportivos más importantes del planeta: el Mundial de Futbol de la FIFA de 2014 y las Olimpiadas recientemente finalizadas en Rio de Janeiro. El mundial se realizó en medio de protestas ciudadanas que expresaban inconformidad hacia el excesivo gasto en construcción de estadios mientras se recortaban presupuestos de educación y se agudizaba la pobreza. Las Olimpiadas se llevarán a cabo con una Dilma Rousseff derrotada políticamente y retirada de su investidura de presidente para enfrentar un juicio político por cargos de corrupción.
4) Bachelet en Chile parece querer solucionar todo con “bonos” gubernamentales y programas sociales. Esto ha tenido como consecuencia una desaceleración económica considerable en el que por mucho tiempo fue el país ejemplo para América Latina en materia económica y que se está reflejando en la pérdida de credibilidad financiera y capacidad para atraer inversión extranjera. Pero hay que señalar la que menos se ha identificado con la militancia con el epíteto de “socialismo del siglo XXI”.
5. José Mújica de Uruguay ha sido quizás el presidente más carismático de la historia. Es prácticamente imposible no simpatizar con su figura bonachona andando en un viejo Volkswagen y vistiendo sandalias. La legalización del consumo de la marihuana colocó a Uruguay como un país que abrazaba la libertad y abierto al desarrollo. Sin embargo algunas decisiones como la ley que permite la censura a medios de comunicación por parte del Gobierno y el constante discurso en el que privilegia la distribución de la riqueza sobre el respeto a la propiedad privada nos muestran la importancia de no dejarnos llevar por las apariencias ni palabras de nuestros gobernantes y revisar a fondo sus acciones y políticas. Igual que Chile, la solidez institucional marca un rumbo democrático a los regímenes de ambos países diferente a los demás países del “socialismo del siglo XXI”.
6) Evo Morales sigue dando discursos de igualdad y amor por el indigenismo en Bolivia mientras demuestra su soberbia pidiendo a sus colaboradores que le aten los zapatos. Recientemente condenó la libertad de expresión a través de las redes sociales si es para hablar en contra de su persona y sus decisiones, argumentando daños al país. No logró en el referéndum el triunfo para conseguir la reelección.
7) Venezuela es quizá el caso más doloroso de todos; los índices de delincuencia altísimos, Nicolás Maduro declarando sinsentidos cada vez que se le presenta la oportunidad, generando inúmeros presos políticos y combatiendo con la militarización que produce la escasez y situaciones engorrosas como largas colas para comprar bienes básicos o la venta de “untadas” de desodorante hacen que miles de venezolanos se vean forzados a llevar una vida muy lejana de la que ellos desearían.
8) La situación en Cuba no mejora y es por todos bien conocido las condiciones de pobreza en las que su población vive mientras que los Castro visten Adidas y Rolex. Defensores del socialismo argumentan amplios avances en temas de salud y alfabetización pero se les olvida que el precio nunca puede ni debe ser la libertad. Se niegan a admitir que un país en el que sus habitantes están dispuestos a jugarse la vida y dejar toda su historia atrás para embarcarse en una balsa y sin garantías de éxito no puede ser el paraíso del que tanto hablan.
Le faltó incluir a la Nicaragua sandinista, pero incluye una evaluación del México de Peña Nieto. Vale reiterar la pregunta, aunque al final, el autor se le ve el refajo al proclamar la siguiente conclusión: No compremos soluciones mágicas ni discursos de “mesías políticos”. Nuestra apuesta para el progreso y desarrollo no puede ser otra que la libertad. Por mi parte, el marxismo chino puede proyectarse como evolucionado para evitar la debacle que testificamos en el “socialismo del siglo XXI”.