Europa no logra levantar cabeza. Los resultados de este segundo trimestre anuncian una ralentización de la economía. El Producto Interno Bruto del conjunto de euro países se contrajo en un 0.2% en relación al primer trimestre del año, la cruda realidad da como saldo que la mitad de las euro economías se encuentran en franca recesión, esto significa una caída del producto por varios periodos consecutivos; en términos llanos: caída de la inversión, caída del consumo y aumento del desempleo.

También a julio de este año tras un incremento del 11.4%, el sector financiero español tiene una deuda acumulada de 375.600 millones de euros con el Banco Central Europeo, producto de la dificultad de la banca al no conseguir financiamiento en el interbancario, gracias a la desconfianza generalizada en el sector.

Los países que mejor han podido sortear la crisis y que les ha tocado la dura tarea de cargar al resto de las euro economías son Alemania y Francia, pero ¿Hasta cuándo?, la economía gala se ha mantenido estancada durante tres meses con un crecimiento del 0%; mientras Alemania, el Big Brother europeo, en medio de una disminución de la confianza empresarial durante el primer trimestre tuvo un crecimiento anémico de apenas un 0.3%, gracias al aumento del consumo interno y un leve repunte de las exportaciones.

Este lastre en la economía del viejo mundo no solo afecta al continente europeo, sino que también afecta al resto de naciones industrializadas que siguen batallando para salir del estancamiento económico.

Las políticas de austeridad que se han implementado hasta el momento, no han hecho más que entorpecer el camino hacia la recuperación. Y el salvador de todas las guerras, Alemania, esta quedándose sin municiones para enfrentar los continuos embates.