Mundo de la Vida

Estudiar los imaginarios

Por Roque Santos

En clases estimulaba a un grupo de estudiantes de Historia a pensar sobre los imaginarios sociales ligados al poder, la política, la religión, la visión sobre la mujer y el hombre, etc. Les invitaba a realizarlo porque, desde una historia de las mentalidades, son los historiadores quienes se han enfrascado en el análisis de los imaginarios sociales presentes en un momento dado de las sociedades. Filósofos, antropólogos y sociólogos han realizado estudios ligados más al problema de la imaginación y su conexión con la imagen o bien a la estructura antropológica y manifestación de los imaginarios como instituyentes de la sociedad.

Recordemos los estudios de Jacques Le Goff sobre el imaginario medieval y sus expresiones tanto en la literatura como en las artes o bien recordemos los estudios de Lucian Boia sobre la propia historia del imaginario o los de Jean Jacques Wunenburguer. Desde la antropología recordemos los estudios sobre la estructuras antropológica de los imaginarios de Gilbert Durand, también francés.

En Hispanoamérica he descubierto excelentes estudios en España, Chile, Colombia y Argentina en donde se hace una magistral recepción de los textos de Castoriadis (filósofo), de E. Durheim, Max Weber, L. Berger y Luhmann (todos sociólogos) en torno a los imaginarios sociales como constitutivos de la sociedad. Cito de memoria algunos nombres que he leído recientemente: Josetxo Beriain Razquin, Juan Luis Pintos, Jorge Peña Vial, Manuel Antonio Baeza y Grace Silva, entre otros.

En particular tengo afectos desordenados por lo que ha publicado Paul Ricoeur en torno a la imaginación y los imaginarios sociales concretizados en la ideología y la utopía. El Padre Jesús Zaglul sj (a quien la obediencia religiosa y el celo pastoral le han obligado abandonar la filosofía) tiene el mejor estudio en el país sobre los imaginarios sociales. El texto del amigo y admirado maestro-filósofo Pablo Mella sj (Los espejos de Duarte) aunque es un análisis crítico de los discursos sobre el padre de la patria, da pie para un buen análisis de los imaginarios sociales políticos y religiosos de los dominicanos. Hay material ahí para continuar con el análisis, sobre todo, “robarse” algunas de las ideas que están en el esquema original de la obra, colocado en el Apéndice final, relacionadas a mitos-fundadores.

El docto amigo Fernando Ferrán, antropólogo y filósofo de alto vuelo, prefirió la metáfora del ADN en su obra “Los Herederos” al tema de los imaginarios sociales y la constitución de las representaciones colectivas y el ordenamiento social, temas que conoce muy bien. Desde otro ámbito, el amigo filósofo Leonardo Díaz publicó su tesis doctoral “Las Tensiones de Thomas Kuhn” centrada en el debate sobre los estudios sociales y culturales de la ciencia, si bien no toma en cuenta el concepto imaginario pueden extrapolarse algunas de sus ideas para el análisis del imaginario colectivo en torno a las ciencias y el objetivismo en los dominicanos.

Hay obras publicadas de temas propiamente nuestro que permiten un acercamiento a problemáticas desde el tema de los imaginarios: El retorno de las yolas de  Silvio Torres-Saillant, El sujeto dominicano de Diógenes Céspedes, La dominicanidad transida de Andrés Merejo, entre otras.

Estos alumnos saben que las tesinas de historiografía o de los estudios históricos-sociales están muy enfocadas en las relaciones sociopolíticas o las incidencias económicas de tal fenómeno sobre tal o cual crisis, o las influencias de tal grupo migratorio sobre la producción o la vida cultural de tal región; con ello estamos olvidando temas que ya llevan año en otros países latinoamericanos y que constituyen líneas de investigación asumidas por las universidades ya que obtienen fondos de investigaciones estatales. En nuestro país es prácticamente nulo que una investigación en Ciencias Sociales obtenga financiamiento estatal o fondos propios de las universidades privadas con facultades o escuelas humanísticas. Así que lo que nos queda es alentar a los nuevos maestrando y doctorandos de programas propios y parecería con programas internacionales a realizar trabajos en este tenor. He abierto las posibilidades en este artículo de opinión, compete encariñarse y profundizar en lo que he sugerido.

Lo que resta para los que individualmente y con fondos propios hemos adoptado el tema es preparar trabajos al respecto y darle a conocer cuando las oportunidades así lo faciliten.

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