Las personas somos un vehículo de comportamientos, cada cual lleva indefectiblemente una carga de acciones en vida que marcan su impronta, cual sello que se pone de membretes a las páginas de una compañía. Es el comportamiento que calibramos en nuestro interés de sopesar e interpretar la conducta social, ética y política de una persona. Si las narraciones juzgan con malas intenciones al sujeto, entonces nos distanciamos de una apreciación objetiva e imparcial del mismo, perdemos la perspectiva de su trayectoria, que pudiera transformar el accionar de su existencia, como en efecto ha pasado con algunos personajes en la historia y fuera de ella, si hablamos de gentes comunes.
Si repasamos un tanto algunos personajes del acontecer dominicano, vemos que a un personaje que participando en la muerte del tirano Trujillo, posteriormente aparece en la Guerra de Abril del lado de la Intervención Americana y hostiles a los constitucionalistas; de igual modo,  Francisco Alberto Caamaño, venido de los Cascos Blancos y los hechos de Palma Sola, termina glorificando su nombre liderando la Guerra Patria del 1965. El trayecto de los hombres se mueve en forma zigzagueante, como la vida misma, porque ha de saberse que los hechos, las circunstancias, la coyuntura impone un peso social, político y económico muy dramático al sujeto, del que no puede escapar, dado a que la individualidad hasta cierto punto se disuelve en su laberinto social e histórico. A veces la condición educativa, el ambiente social, comunitario, familiar y ético suele compelir al hombre o mujer a incorporarse protagónicamente en el quehacer de eventos que no eran partes de su agenda.
En materia social es obvio que en toda la historia humana, los hombres son el sujeto de la misma, dado a que no hay historia sin sujetos; y no, porque la filosofía de la historia en los textos marxianos así los hayan proclamado. Son los hombres cargados de circunstancias sociales, políticas, culturales y económicas los responsables de cuajar los caminos complejos de la historia; y en ocasiones se producen reacciones aparentemente individuales que trastornan los eventos hacia determinadas consecuencias que no teníamos ideas se produjeran. Asi tenemos el ejemplo del constitucionalista Mario Peña Taveras reaccionando ante la ignominia y haciendo preso a Marcos Rivera Caminero, quien a la sazón era Jefe de las Fuerzas Armadas. Lo mismo sucedió en la Guerra de Independencia cuando el Genetal Pedro Santana desconoce los resultados de la Asamblea Constituyente de San Cristobal e impone su voluntad política-militar, pasando de primera espada durante la Guerra de Separación a ejecutador de los trinitarios.
Los sentimientos patrióticos, revolucionarios, éticos o sociales no necesariamente derivan de la vinculación clasista de los sujetos; los hombres son eso y mas que eso, porque los resabios personales, la dignidad y el orgullo individual se expresa en conductas  que llevan a los sujetos a actuar en un sentido u otro. El soldado que compuso y dio música al himno de la Marsellesa en la Francia revolucionaria, aunque no estuvo presente en la ceremonia glamorosa, sin embargo por su obra paso a la historia, absolutamente nadie podía ignorarlo y hoy lo conocemos con su identidad de Rouget de L' Isle, quie compuso el canto más hermoso con tanto frenesí, pero cuenta Stefan Sweig que no fue invitado y apenas se conformó con escuchar su canto a distancia, aunque las puertas de la historia le estaban reservadas.
Si nos ponemos a valorar la entrada de los personajes por la puerta de la historia, nos encontraremos con una constelación de actores, que no tenían en carpetas actuar del modo en que lo registra la historia, sea en bien de su pueblo, o en detrimento ignominioso de los intereses nacionales; cambiaron sus principios primarios éticos para sorpresa de sus congéneres, que no llegan a entender su proceder en el tablero socio-político. Juzgue usted a los incumbentes de la política nacional y especialmente a los altos funcionarios del Gobierno, sitúelos en el papel que les corresponde en función de su proceder. Posiblemente optarían escurridizo despacharse por la puerta trasera, espacio por donde escapan los traidores, los desleales o usurpadores del patrimonio público, tal como lo registra la historia.