Con reiterada frecuencia nos sublevamos por los escándalos de todo tipo – desde agregarle arena al azúcar  para rendirla hasta jueces que venden sentencias –  que surgen en nuestro país oficialmente libre y soberano  a partir del 1844 pero que según el humanista Pedro Henríquez Ureña sería mejor fechar en el 1873 año en que el frustrado anexionista  Buenaventura Báez fue desterrado y con el de forma definitiva toda idea de anexión a un país extraño.  Señala que ahí se estrenó  la conciencia de nuestra nacionalidad.

Del extranjero nos llegan a menudo desfachateces dignas de figurar en la “Historia universal de la infamia”  de Jorge Luís Borges como es el caso del amaño de la Volkswagen para burlar el control de los gases contaminantes del medio ambiente; el yerno de un ex-rey convertido en un traficante de influencias;  la soberbia inglesa – el Brexit – propugnando el abandono de la Unión Europea y los regímenes populistas de Suramérica en caída libre con Brasil en capilla ardiente.

Ahora bien, dentro del listado de desvergüenzas de importación que nos llegan mediante los diferentes medios de comunicación debemos destacar la ocurrida recientemente en los dominios de las Bellas Artes, específicamente de la Pintura, donde el magnate financiero norteamericano de 47 años Ken Griffin – nada que ver con el pelotero Ken Griffey Jr. –ha pagado la astronómica suma de 500 millones de dólares (unos 450 millones de euros) por dos cuadros: uno de Willem de Kooning (1904-1997), otro de Jackson Pollock (1912-1956) también estadounidenses.

Willem de Kooning. Interchanged-1955

Este desembolso es la culminación de una demencial competencia entre especuladores de obras artísticas donde podemos citar en orden ascendente los 158 millones de euros pagados por “Desnudo acostado” de Modigliani; 169 millones de euros por  “Las mujeres de Argel” de Picasso; 191 millones de euros “Los jugadores de cartas “de Paul Cézanne y los 264 millones de euros por “Nafea faaa ipoipo” de  Paul Gauguin, la obra de arte más cara en términos absolutos.

No resultaría aventurando indicar que estas desorbitadas sumas no reflejan por lo general la calidad, valor y belleza de los cuadros aludidos, y para quienes en verdad aprecian la pintura clásica es decepcionante observar que esos precios son la consecuencia de enconadas rivalidades entre los nuevos millonarios rusos, chinos y árabes y los capitalistas occidentales norteamericanos, alemanes, ingleses y franceses.  Es como una ostentación de poder, incluso en el mundo del arte.

Aunque los cuadros no fueron adquiridos por Mr. Griffin en una subasta, en una celebrada a finales de enero en Sotheby’s, Londres,  activistas antisistema haciéndose pasar por postores dentro de la sala desplegaron pancartas donde traducido al español se leía “Esta es una orgía de ricos”  y otra rezaba “Su lujo es nuestra miseria” .  ambas leyendas son demostrativas de la percepción generalizada de que el arte se ha convertido en una real commodity – una compra y venta-.

Se podrá argumentar que las personas acaudaladas pueden hacer con su dinero lo que le venga en ganas, pero es una patente revelación de insensibilidad o indiferencia ante las penurias que castigan a más de las tres cuartas partes de la población mundial,  invertir cuantiosos recursos monetarios  sólo con la egoísta finalidad de ser triunfador en una puja, salir victorioso de una disputa donde lo logrado únicamente interesa por su potencial valor de cambio.

500 millones de dólares representan en la República Dominicana la respetable cantidad de casi 25,000 millones de pesos que con creces supera los presupuestos de los ministerios de Miedo Ambiente, Deportes, de la Mujer, de la Juventud y Cultura juntos desde su creación hasta quizás el 2040.  Hoy 25 de febrero leo en la prensa que según el presidente de Inter Energy Holdings Sr. Rolando González Bunster con esa suma se resolverá por siempre el problema energético nacional.

Si mis lectores tuvieran la oportunidad de conocer uno de los cuadros comprados por los 500 millones de dólares – adjunto una copia del de Kooning titulado “Interchange” – observarán que aunque jamás hayan tomado un pincel o carboncillo serían capaces de pintarlo al cerciorarse  no existir  dificultad ninguna de hacerlo.  En vista de que el valor de algo reposa en buena medida en lo laborioso de alcanzarlo, notará que este lienzo no merece la fortuna pagada por él.

Lo inconcebible de esta transacción económica no reside solo en la impresionante cuantía de dólares involucrada sino en el género  de pinturas implicadas, al constituir la producción de éstos dos artistas expresionistas ya fallecidos – de Kooning y Pollock – lo que mi particular estética conceptúa como antipintura, antiarte al ser necesario invocar motivaciones extrapictóricas, extrartísticas para poder juzgarlas.

Como las obras de los pintores clásicos cuelgan ya de manera definitiva en las paredes de los grandes museos europeos y norteamericanos, las altas cotizaciones serán por obligación para los cuadros pertenecientes al arte moderno , contemporáneo y si por casualidad un dudoso cuadro renacentista en subastado en Sotheby´s o Christie´s, no sería sorprendente que un Roberto Matta o un Wilfredo Lam logren una mayor valoración monetaria.

Decía hace unos días Jorge Pérez un coleccionista y filántropo multimillonario nacido en Argentina, de padres cubanos, criado en Colombia y domiciliado desde su juventud en Miami, que en las actuales licitaciones un Damien Hirst – artista inglés célebre por sus “pinturas al contado” conservadas en formaldehído – cuesta más que un Rubens.  Reconoció empero que la gente con casas modernas y con mucho dinero no les cuadra tener en sus salas un Velázquez, un maestro antiguo;  prefieren algo de la época.

Al subastarse los bienes artísticos que el modisto francés Yves Saint- Laurent tenía en su casa, el mundo se explicó por qué apenas salía de la misma: estaba rodeado de obras maestras de pintores venecianos, holandeses e impresionistas entre otros.  Esto no podrá ocurrir con los adquirientes actuales o futuros de los dos lienzos comprados por 500 millones de dólares, al creer sus dueños que los garabatos, los graffitis geométricos representados son filtraciones en las paredes, huellas de lagartijas domésticas o grietas de un posible terremoto.  Al contrario de Saint – Laurent preferirán estar por esas calles de Dios en lugar de  una casa que se le puede caer encima por su aparente deterioro.

Lo que está sucediendo en todos las órdenes de la vida – incluso en el arte – está desbordando la facultad de comprensión de los que aun vivimos, y esta galopante evolución de los precios en el mercado pictórico, donde cualquier insoportable mamarracho es vendido mediante increíbles golpes de chequera, nos conducirá lamentablemente a la creencia de que el valor de todo es el precio que pueda tener en el mercado.  Cuando a Trotsky se le dijo que todo tenía su precio contestó: pero no todo está en venta.   Esta ingenuidad del líder bolchevique hoy sería  desmentida por lo que estamos viendo.