Paralelo 49

Estampa de un plagiario

Por Néstor E. Rodríguez

En su columna de Acentodel 8 de diciembre de 2015, el dominicano Gabriel del Gotto anunció la primicia de un libro de su autoría titulado Sambá, publicado bajo el sello editorial de Cielonaranja y que un par de meses antes había empezado a circular a través del portal de Amazon.

Del Gotto realizó una intensa campaña publicitaria para su ópera prima a través de las redes sociales; la misma incluyó la creación de una página de Facebook que al día de hoy cuenta con 495 seguidores y en la cual sus admiradores publicaron imágenes de ejemplares de Sambá con amenas leyendas. Cielonaranja incluso realizó un breve video promocional en el que una voz en off dimensiona el alcance de esta "revelación" en la literatura dominicana reciente.

Sorprendentemente, al poco tiempo de haber echado a andar esta campaña de mercadeo, Sambádesapareció de la red de distribución de Amazon. Pero para la mala suerte de Gabriel del Gotto algunos ejemplares sí llegaron a su destino y uno de ellos alcanzó las manos de este hipócrita lector. La razón detrás de la repentina retirada del mercado de este libro tiene que ver con el que tal vez sea el caso de plagio más descarado que se ha visto en la historia literaria de República Dominicana.

No poca fue mi sorpresa al percatarme de que a los personajes de Sambá le pasan las mismas cosas que a los de Plástico cruel (1992) de José Sbarra, incluso en varios segmentos se utilizan las mismas palabras que emplean los personajes del conocido narrador argentino. Veamos algunos ejemplos de las peripecias de Gabriel del Gotto.

En la novela de Sbarra el protagonista se reúne con poetas en el baño de la Estación Central de Buenos Aires. En la de Gabriel del Gotto el protagonista hace lo mismo, pero en el baño de Plaza Naco. Axel, el personaje de Sbarra, explica a Linda lo que es un baño público en los siguientes términos: "es un sitio generalmente amplio y sucio, donde culmina el ciclo de la digestión". Mientras que el héroe urbano de del Gotto exclama: "un baño es un baño, Pepe, ese sitio donde acaba la digestión".

Por si esto fuera poco, pare la abuela. En el texto de del Gotto la China le pide a Jochy que le preste su casa "por una hora" para acostarse con un guionista extranjero. Jochy le contesta "—¿Cómo qué (sic) te preste mi casa por una hora? ¿Hace cuanto (sic) tú y yo no hablamos?" Esta escena aparece punto por punto en la novela de Sbarra cuando el personaje de Axel le pide prestado su sótano a Bombón para acostarse con alguien, a lo que este último inquiere: "Bombón, ¿cuánto hace que no nos vemos?"

En ambos cuentos, en el de Sbarra y en el plagio realizado por del Gotto, el personaje que presta le dice al que pide prestado que no hay cucarachas en el apartamento, pero sí ratas. En ambos cuentos quien pide prestado explica que lo hace porque tiene una prima de catorce años que le quita los machos. Del Gotto incluso plagia la edad de la prima. El intercambio entre los personajes es virtualmente idéntico.

Hay más. Sbarra pone en boca de Axel y Linda el siguiente diálogo: "–¿Sabés que están haciendo ahora la mitad de la ciudad? –¿Qué? –Está cojiendo con la otra mitad. Si se atrevieran a gritar la felicidad de sus orgasmos caerían los vidrios de todos los edificios. Gritá, Plástico cruel, gritá". Del Gotto, por su parte, decide ejecutar otra burda apropiación del texto ajeno con esta alhaja: "—China ¿Tú sabe lo que ta haciendo la mitad de este país? —¿Qué?

—Rapando con la otra mitad. —¿Y eso que tiene que ver con nosotros?

—Que si este no fuese un país tan hipócrita gritarían lo que tienen que gritar y eso rompería to los cristales de la guagua en la que vamos pa allá y no podríamos ir pa parte".

Otro segmento del libro de Sbarra calcado sin el más mínimo escrúpulo es el singular diálogo entre Axel y Linda sobre el "existencialismo genital": "–En mi libro voy a incluir una tesis sobre el existencialismo genital. –¿En qué consiste? –Se trata de una doctrina filosófica como cualquier otra. –¿Quién la invento? –Algún libre pensador. –Por casualidad, ¿conocido como Axel, el cerdo? –Efectivamente. Espero que eso no la invalide".

Al apropiarse del diálogo de la novela del argentino, del Gotto cambia el término existencialismo por "nihilismo" en un intento patético por ocultar el saqueo de la novela de Sbarra: "—Sobre la doctrina del nihilismo genital. —¿Y de donde salió esa doctrina? —De la mente de algún libre pensador. —Que se llama Jochy. —Exacto".

Llegados a este punto, este lector intuyó que la charlatanería no podía pasar a niveles más amplios, pero asombrosamente solo comenzaba. En Plástico cruel Axel y Linda dialogan sobre la fiesta del Trespa, quien celebra la muerte de su abuela y un viaje que hará a Francfort para llevar sus cenizas. El viaje y las cenizas resultan ser un cuento para disimular el que Trespa en realidad servirá de mula para contrabandear cocaína. En la novela del dominicano se da un diálogo similar, la misma, exacta anécdota de la abuela muerta, solo que del Gotto cambia Francfort por Italia y la cocaína por heroína.

Algunos lectores, y no dudo que el mismo autor, podrían verse tentados a recurrir a la excusa de que se trata de un “homenaje” o de un recurso de “intertextualidad”. El problema con esa primera salida es que para hacer un homenaje hace falta mencionar el nombre del homenajeado, y el nombre de José Sbarra y Plástico cruel no aparecen por ninguna parte de Sambá, ni siquiera en la mancheta.

El problema con la segunda salida es que la intertextualidad se ejecuta como un pequeño y breve guiño tomado de una fuente ajena e insertado en un cuerpo de factura original cuya autoría queda fuera de toda disputa. En el caso de Sambá, del Gotto trabaja con la guagua en reversa: roba, casi verbatim, los cuentos de Sbarra, y procura entonces insertar en ellos bocaditos, arreglitos y modificaciones de su autoría para hacerlos pasar como suyos. Para muestra un botón. He aquí, íntegro, el cuento de del Gotto titulado “China, Lope y Pepe”.

— Se suicidó.

— Perdimos a Ángel, señores.

— Na ma e la gente buena que se muere.

— Sí. La gente buena y Ángel.

— ¿Qué fue que habló?

— Lope que ta conmigo en speaker, Pepe ta en la otra línea. Pero ¿cómo que lo perdimos? ¿Cómo así? ¿Se fue de viaje? ¿Jochy lo cambió por cinco gramos? ¡¿Qué pasó?!

— ¿Yo? Ni que fuera tan amigo mío.

— Ni Ángel daba cinco gramos por Ángel.

— Ya te dije. Suicidándose . Se tiró del puente de La Bicicleta.

— Qué forma tan anti estética de matarse. ¿Porque de esa forma tan fea? Dique tirarse del puente de La Bicicleta…

— Yo supongo que porque no le era muy posible matarse tirándose de la cera.

— Eso hay que reconocérselo. Ángel era un tipo coherente.

— Se mató porque nadie supo quererlo.

— No. Se mató porque él no supo quererse él mismo.

— ¿ A dónde e que ustedes quieren llegar hablando así? Era un ser humano.

— Bueno… un ser humano. Era sanjuanero ¿Eh?

— Para no sentir culpa, China, que se yo.

— ¿Entonces qué? ¿Sentimos culpa?

— A mí me da un poquito de pena, la verdad.

— ¿Nadie va llorar?

— Y ¿dónde va ser el velorio?

— Sigue tirado al lado de la calle.

— No me sorprende, a Ángel siempre le gustó llamar mucho la atención.

— No, no, no es eso. Ya han mandado como tres ambulancias pa allá. La primera se quedó dique por gasolina, a la segunda la hicieron devolverse para meterse dique que en un mitin del partido y después mandaron otra y esa ta en un tapón en la Máximo Gomez.

— ¿Pero Ángel no trabajaba para el gobierno?

— Y ni así van hacer na.

— ¿Y quien no trabaja para el gobierno?

— Trabajaba. Pretérito imperfecto. Tú lo dijiste: este gobierno es tan tacaño que la ambulancia no llegado todavía y de seguro que ya hasta lo sacaron de la nómina en la que estaba.

— En serio ¿nadie va llorar?

He aquí el cuento original de Sbarra, “Axel-Bombón-Frula-Linda”:

–Perdimos a La Malco.

–¿Qué quiere decir que la perdimos? ¿Qué se fue de viaje o que la canjeaste por 10 gramos de cocaína?

–Eso es imposible. Nadie daría 10 gramos por La Malco.

–Se suicidó. Se tiró bajo las ruedas de un tren.

–¿Por qué de esa manera tan horrible...? Bajo las ruedas del tren...

–Supongo que porque no es posible matarse tirándose sobre el techo del tren.

–En eso, hay que reconocerlo, fue sensata.

–Se mató porque nadie supo quererla.

–No, se mató porque ella no supo quererse.

–¿A dónde quieren llegar con estos comentarios desubicados?

–A no sentir culpa.

–¿Sentimos culpa?

–A mí me da pena.

–¿Nadie va a llorar?

–¿Dónde está el cadáver?

–Sigue tirado al costado de las vías.

–No me sorprende, La Malco siempre fue negligente.

–No es eso. Las ambulancias de la morgue están en huelga.

–¿Nadie va a llorar?

Y así por el estilo; algunos más, algunos menos, pero prácticamente todos los cuentos de Sambá han sido plagiados de Plástico cruel de José Sbarra, desde la anécdota central hasta el orden de los intercambios, pasando por los giros de frase, complicaciones y detalles.

Del Gotto apenas respetó el léxico de los parlamentos y, obviamente, sus personajes han sido también arrebatados de la obra del magistral escritor argentino. Siendo esto así, habría que sospechar si los cuentos que no son un plagio evidente de Sbarra lo son de algún otro autor, reconocido o no.

Es triste que en República Dominicana, donde hasta la literatura recorre los senderos del bulto, la hipérbole y el mercadeo vacuo, existan personajes a los que no les tiembla la mano a la hora de apropiarse de las vivencias de otro, las experiencias de otro, el aprendizaje de otro, de su voz y su talento, para hacerlos pasar como suyos y adelantar un prestigio inmerecido. Éste es, a mi parecer, el colmo de la cultura de la corrupción: que no solo haya una claque robándose lo material, sino que quiera emerger otra dispuesta a robarse incluso lo intangible.

Es triste, sí, pero la tristeza se convierte en patetismo si tenemos presente que para que un plagiario pueda llegar a embaucarnos primero tiene que embaucar a su editor. En el video promocional, la voz en off de Cielonaranja afirma que Gabriel del Gotto “logra, con un bisturí muy mágico, diseccionar lo que son las noches, las angustias, los miedos, las alegrías, esas vacilaciones permanentes, esa inseguridad, ese estar precisando el paisaje con dos o tres palabras”, sin imaginar que, atolondradamente, reseñaba logros literarios pertenecientes a José Sbarra, sustraídos por del Gotto.

Al comparar Plástico cruel con Sambá es imposible dejar de levantar el trasero de la silla ante esos diálogos que en la novela de del Gotto siguen las mismas pautas, pausas, cadencias y respuestas que los que se encuentran en la obra del argentino. La desfachatez del embaucador alcanza visos de infamia cuando escribe en la dedicatoria "A todos los que he robado", lo cual acaso confirma que no ha sido Sbarra la única víctima de esta “revelación” de las letras dominicanas.

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