Hablar del Estado y el Desarrollo en relación a los Estados Unidos de América  es tratar de interpretar de qué manera la gestión del Estado  en  ese país contribuye al Desarrollo Humano.

Estados Unidos es en su extensión territorial el cuarto país más grande del mundo y con sus más de 326 millones de habitantes es el tercero en población. Desde el siglo XIX es líder mundial en investigación e innovación, así como el principal país industrial. En relación al Producto Interno Bruto- PIB- es la primera economía del mundo, aunque ya de acuerdo a la Paridad del Poder Adquisitivo-PPA-  China lo ha desplazado.

Lo anterior explica  la trascendencia del país sobre el cual tratamos; pero… ¡sorpresa!  Se encuentra en el décimo  lugar en el mundo en Desarrollo Humano. Es decir que aún con sus grandes condiciones la gestión del Estado no se corresponde con el debido efecto en la prosperidad de sus habitantes. Y aun así el actual presidente Trump se propone revertir el legado de Obama  eliminando la  cobertura  de salud a más de 30 millones de personas.

El que los  Estados Unidos  no ocupen en el mundo  el primer lugar en Desarrollo Humano se explica, entre otros, por  sus extraordinarios gastos militares, las dos quintas partes del gasto militar mundial;  asociados a sus históricas intervenciones en la vida interna de otros Estados que en la República Dominicana significó en el siglo pasado dos traumáticas intervenciones militares. Intervenciones directas o indirectas en todo el mundo que han tenido muy negativas repercusiones por las que sólo en Vietnam   murieron millones de habitantes de ese país y  más de 60 mil soldados estadounidenses.

Una política militar aun  fuerte pero eminentemente defensiva, es decir no intervencionista, trabajando  desde la Organización de las Naciones Unidas- ONU- de forma proactiva por la paz y el desarrollo mundial, podría significar un nuevo giro al desarrollo no sólo de los Estados Unidos sino de la humanidad toda.

Eso así pues aún con los desvaríos del presidente Trump en su loca carrera de revertir importantes avances en la superación de errores históricos, se destaca  la  fuerte relación entre el Estado, la economía y la sociedad que  conserva  un dinamismo tal  que lleva a los EEUU a  ocupar un respetable tercer lugar en el mundo en cuanto al Índice Global Competitividad, definido como la capacidad de los Estados para procurar prosperidad a sus habitantes.

Estados Unidos tiene las condiciones para ocupar el primer lugar y no el décimo en  Desarrollo Humano; pero requiere reorientar las prioridades del Estado  y cambiar el rumbo. ¿Será posible?