Trazos del pensar

Estado, control y comunicación en el siglo XXI

Por Odalís G. Pérez

¿Qué nos ofrece el mapa estratégico de control político en la era de las massmediaciones políticas y comunicativas? La “obertura” socio-política de estos malos comienzos del siglo XXI, compuesta para desconcentrar y desconcertar capitales y conciencias, nos presenta lo que quiere el Estado de hoy y lo que él quiere “hacer” con el sujeto público y privado de nuestros días.

El control, la evaluación, la reclusión, la exclusión y la organización administrativa de la desesperanza, se encuentra hoy en la violencia de los símbolos y signos, en el lenguaje y el contexto político actuales. Los avances de las tecnologías que inciden en la productividad social, le permiten al tecnócrata del sector público y del sector privado estrechar sus lazos y relaciones allá donde los nuevos totalitarismos han mejorado y afinado sus herramientas de trabajo.

¿Qué nos dicen las estadísticas, los archivos, las historias políticas e instruccionales del Estado post-o-trans-moderno, mediante la visión de los nuevos proyectos y prognosis económicas? Se trata, como podemos leer en las tramas y relatos de alteridades, de un lenguaje-control cuya base de comunicación e instrucción se expresa en el dato real, el dato ficticio y su puesta en “valor”.

La construcción de un ecosistema jurídico-político, progresa en el “modernariato”, en el rutario del “post-modernariato” a favor de un neototalitarismo propio de los nuevos dispositivos políticos en cuya “ejecutoria” podemos advertir las imágenes cada vez más borrosas de los llamados vínculos políticos y estatales con el sujeto alienado por las mismas redes sociales, los apoyos de la internet y la publicidad misionera del poder establecido.

En efecto, las imágenes que ofrece la República Dominicana, en , y, desde esta narrativa impactada por el discurso electoral, utilizado como fuerza emergente aun “viva”, requiere de preguntas y respuestas orbitales y por lo mismo necesitadas de sobriedad y contexto socio-comunicativo instruccional.

Las deficiencias de un supuesto discurso intelectual y político dominicano, las encontramos en la clausura de lo democrático y la democracia, constituida como un mecanismo reductivo de la llamada conciencia colectiva, de lo borroso y epilético del concepto, de su condición y determinación. Entre lo mismo, lo único y lo real según Baudrillad, abrazamos la fábula impuesta por el mismo dispositivo de la imposición y disfunción del mito de los poderes en el marco de la descomposición, del “desarreglo”, el descentramiento, la contaminación del progreso y la falsa prosperidad.

El sujeto dependiente de una economía de servicio, de consumo y de irracionalidad productiva, moviliza su propia alienación a favor de un mapa de la pérdida cuyo mayor y más eficiente aliado es la sustitución del derecho establecido por un derecho a la sustitución.

Así las cosas, pensamos la aventura dominicana en estos tiempos de construida “prosperidad”, al momento de leer nuestro “crecimiento” político y económico, pero sobre todo aquella tonadilla, aquel despegue definitivo de la economía dominicana “esplendorosa” en su llamado creciente desarrollo. La misma registra un avance asombroso en sus escalas y ejes numéricos (“entre 7.1% y 7.6”, el año pasado; 7.9 en el 2016 y por su supuesto que en este mágico año 2016 crecerá el 5% o el 6.5% según esta “racional” prognosis).

Desde luego, el desarrollo en la República Dominicana depende más de la ficción que de la realidad; del cinismo estatal que de las determinaciones reales de la vida social. El simulacro económico y político es hoy la verdadera política de la interpretación estatal. Evidentemente que este crecimiento “arreglado” y amueblado por una semántica interna de la llamada comprensión de los símbolos y signos políticos de la reclusión, administrada y organizada por los nuevos empresarios del progreso, constituyen hoy una sintomatología de la alteridad y el síndrome de la compensación y la apariencia.

La verdadera pelea entre la verdad y la mentira se puede encontrar en el cuerpo del Estado y sus controles, en la descarnada lucha entre lo real, lo posible y lo visible

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