Vida Inteligente

Un escrito mayor de edad (la ciencia como cenicienta)

Por J. R. Albaine Pons

Este trabajo fue presentado en nuestra prensa escrita hace ya 18 años. Es por lo tanto mayor de edad, pero me parece que aún puede leerse y pensarse.

Recordemos, primero que todo, que un artículo científico es el resultado de hacer ciencia. Si no hay artículo científico es como si nada se hubiese hecho, aunque en congresos nacionales e internacionales se ofrezcan las generalidades de los resultados parciales de un trabajo científico, es el artículo científico el que termina una investigación. Y ahora, mi artículo mayor de edad.

En una búsqueda de información sobre artículos científicos escritos acerca de la República Dominicana en los anos 1990-2000 encontramos 450 trabajos científicos distribuidos en varias ciencias y todos publicados por revistas científicas internacionales con la excepción de Moscosoa del Jardín Botánico Nacional que aparece como la única revista dominicana considerada en las bases de datos buscados, que fueron BIOSIS y Current Contents.

Lo arriba expresado de ninguna manera significa que solamente se publicaron 450 artículos científicos en el citado período, ya que en el país tenemos varias revistas que califican como tal, aunque no son consideradas por las grandes bases de datos y es posible que algunos trabajos hayan aparecido en revistas especializadas extranjeras que tampoco sean consideradas, pero con todo, estos artículos nos permiten hacer ciertas consideraciones sobre la producción científica del país y sobre los problemas que han llamado la atención a científicos extranjeros.

La mayoría de los trabajos aparecen en revistas estadounidenses con algunos en revistas alemanas, noruegas, danesas y canadienses principalmente.

Casi un 54% de los trabajos representan el gran campo de las ciencias biológicas con la zoología en primer lugar con 95 artículos, seguido por estudios sobre fósiles en ámbar (lo que también sería casi todo, zoología, lo separamos aquí solo para mostrar su impacto) con 43, estudios ambientales y de conservación con 35 y agricultura con 21. Se destacan los trabajos sobre insectos en el área de la zoología por su elevado número. En medicina, no considerado en el % antes indicado aparecen 81 trabajos.

Siguen en orden trabajos sociológicos con 30, política con 28, cultura general (antropología, educación, etc.) con 25, historia con 21, geología 20 y economía 19.

Algunos de los trabajos estudiados no necesariamente estarían en los campos presentados, ya que muchos artículos en sociología e historia no son artículos científicos propiamente dicho, sino presentaciones y recensiones de libros, algunos de geología pudieran considerarse en zoología y muchos de medicina son trabajos de epidemiología que pudieran ser sociológicos. Con estas consideraciones pendientes podemos decir algunas cosas sobre nuestra producción científica.

Lo primero que hay que observar es la ausencia de ciertas ciencias como la química y la física y además sobre matemática y estudios literarios, aunque estos últimos probablemente deberíamos buscarlos en otras bases de datos. Es notable la casi ausencia de trabajos sobre educación y ciencias administrativas, dado el hecho de la cantidad de maestrías en estas áreas realizadas en el país.

El segundo punto por enfocar es la gran cantidad de autores, o sea científicos, extranjeros y la poca cantidad de dominicanos, aunque esto está supeditado a los nombres por nosotros conocidos y a los apellidos en otra lengua, lo que por supuesto ofrece un gran margen de error. Con todo, son muy pocos los trabajos encontrados con autoría exclusiva de dominicanos. La gran mayoría de los artículos en que aparecen dominicanos, estos están como coautores.

¿Qué es una autoría intelectual?

De acuerdo con las normas comunes de publicación científica se encuentra bien definido lo que constituye una autoría científica.

La Sociedad para la Neurociencia, por ejemplo, ha publicado su “Conducta Responsable Respecto a la Comunicación Científica” (traducido y publicado por Ciencia y Sociedad, la revista del INTEC, en el volumen XXIV, no. 4, oct-dic. 1999) donde nos dice algunas consideraciones al respecto.

En los acápites sobre autoría el documento de la Sociedad para las Neurociencias (U.S.A.) dice:

“ 1.3. La autoría debe basarse en una contribución intelectual sustancial”.

“1.3.1. La Sociedad para la Neurociencia cree que la autoría debe ser reservada para aquellos individuos que reúnan cada una de las siguientes condiciones: a- realizar una contribución significativa a la concepción y diseño o al análisis e interpretación de los datos. b- participar en el escrito del borrador del artículo o revisarlo y/o revisar su contenido intelectual y c- aprobar la visión final del manuscrito.”

“1.4- La “autoría honoraria” es inconsistente con la definición de autoría. Un autor honorario es cualquier individuo en una lista de autores que no ha realizado una contribución sustantiva al trabajo, tal como se define en 1.3.1… Pueden ser considerados autores honorarios los que participan solamente buscando fondos para la investigación, aquellos que son directores de departamentos, divisiones o grupos de investigación y que no desarrollan un papel significativo en el planteamiento, la conducción y la revisión de la investigación, o aquellos que meramente supervisaron la recolección de datos”.

En nuestra lista encontramos un mínimo de 124 autores dominicanos, debemos recordar que por lo general varios autores pertenecen a un solo trabajo científico; a veces mas de seis personas. Aunque aceptamos como autores válidos los antes mencionados, es sabido por todos que a veces con enviar un organismo internacional un autor extranjero, ayudarle en diligencias durante su estadía en el país o acompañarle al campo es suficiente para que quienes así ayudan al investigador extranjero sean incluidos en artículos ¡que son leídos por estos “autores honorarios” luego de ya publicados! Con todo, una lista de 124 científicos probados en la República Dominicana, en solo los últimos 10 años es suficiente para que la ciencia y la subvención estatal y privada a ella sea considerada en el país.

Al respecto y como simple comparación podemos decir que en México en 1971 el CONACYT, organismo estatal para apoyo científico financió 13 proyectos en solo 6 áreas y en 1998 recibieron 2,099 proyectos de los cuales 1029 (49%) fueron aprobados y financiados…y esto solo por esta vía, que México tiene otras.

Todo la antes expuesto nos permite expresar que es ya hora de que el país tenga financiamiento a la actividad científica de una manera formal y normal, por proyectos competitivos y en varias instancias. Las secretarias de estado deberían presentar un % de su presupuesto para proyectos de investigación, y el estado y el CONES deberían exigir lo mismo a las distintas universidades. Ya hay en el país suficiente número de científicos para que República Dominicana también en este campo tenga una representación tanto digna como beneficiosa por sus alcances a corto, mediano y largo plazo.

Hasta ahí mi pasado artículo.

Hoy sabemos que el ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología ofrece estipendios de investigación por concursos en varias áreas y que algunas universidades también lo hacen. Y que instancias como el Banco Central premian investigaciones y tesis destacadas. Pero ¿y las investigaciones en las otras universidades, y en los ministerios de agricultura, ambiente, salud, educación? ¿Y qué de revistas profesionales, serias y académicas, ya sea para reportar resultados de investigación o de alta divulgación científica o cultural en universidades e instituciones oficiales? Creo que nos falta, nos falta, y pensarlo nos acerca más y más a lo que debe de ser.

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